Del Potro, un modelo para imitar
Señor Director:
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailApenas adolescente. Juan Martín del Potro, dejó su apacible Tandil querido, su familia, sus afectos, y echó a rodar por el mundo, impulsado por sus sueños, de labrar su propio surco y grabar su propio nombre, en el competitivo mundo del tenis. Su sencillez provinciana, nutrida con un perfil familiar no acorde con la dimensión de su estatura, se alojaba en sus magras alforjas, saturadas de un enfervorizado bagaje de fe y de confianza.
Se sometió a la rígida disciplina de los entrenamientos, las dietas, los esfuerzos, los viajes extenuantes. Y con su formación, de sólidos cimientos, desalentó la fácil atracción juvenil, por los desbordes tentadores y los excesos trasnochados. El tenis colmó las expectativas de su vida sana. Ayer, como en los cuentos de hadas, ganó el preciado trofeo con el que tanto había soñado. La repercusión clamorosa del éxito, ni la ovación de un estadio majestuoso, en un escenario de leyenda, cambiaron la sobriedad de su tradición modesta y su formación austera, similar a la de su tocayo, también hombre de campo, el legendario Martín Fierro de J. Hernández.
Alguna lágrima cuajada y reprimida, suspendida vacilante de sus pestañas por la emoción, en la evocación de los suyos lejanos, cayó al fin, licuada, desbordando el cauce de los ojos humedecidos. Y rodó por sus mejillas confundida con las gotas de su traspiración. Martín lloró, contagiándome a mi, cuarteado y sensible por los kilómetros de la vida. Porque los hombres también lloran, y las lágrimas sentidas, los enaltecen.
Mas que el US Open, Del Potro le ganó a la vida, forjando, solo, asistido por la humildad, la convicción, el esfuerzo y la disciplina, el éxito de su propio destino. Un mensaje y un modelo para la juventud, para emular en frívolas épocas de imágenes soberbias, orfandad de ejemplos e indigencia de conductas.
Dr. Carlos Augusto Bottino
bottino.carlos@gmail.com
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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