Delincuentes asaltaron en una estancia y se alzaron con cuantioso botín
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Cuatro delincuentes armados y encapuchados asaltaron este lunes, minutos antes de las 21, el establecimiento rural La Felicidad, en la zona del Desvío Aguirre. En el interior de la estancia, redujeron en principio a la dueña y a su pareja y, minutos más tarde, a su madre y tía, quienes regresaban de viaje. Tras dar con la llave de la caja fuerte, se alzaron con una importante suma de dinero -en moneda extranjera y pesos-, y varias armas largas y cortas de colección. Rápidamente se dieron a la fuga tras dejar a las víctimas maniatadas. Dos de los sospechosos fueron capturados por la policía.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTras lo sucedido, la propietaria del establecimiento y su novio -quienes prefirieron no dar a conocer su identidad- accedieron a una entrevista con El Eco de Tandil.
Según relataron, el atraco se registró cerca de las 20.45, cuando ellos salieron por la parte trasera de la casa a encerrar a los animales. Al regresar, entrando a la cocina, fueron sorprendidos por “varias personas” con sus rostros cubiertos.
La damnificada admitió que en ese momento pensó que era su primo, quien contó que “suele jugar”, es más, su novio agregó que tampoco ingresaron diciendo: “Esto es un robo”, sino que lo hicieron de una manera “muy de entre casa”.
Sin lograr aún caer en lo que realmente estaba sucediendo fueron reducidos por los tres delincuentes. Dos de ellos, la sostuvieron a ella contra el piso, mientras otro lo tiró al novio, apuntándolo con un arma en su cabeza.
“Ellos entraron con nosotros, pero no nos dimos cuenta. Cuando nos dimos vuelta, estaban adentro. Pensé que era mi primo, entonces me le fui para adelante. En ese instante, forcejeamos y las dos personas que me atacaron cayeron conmigo y ahí me golpeé la cabeza”, recordó la mujer.
Cuando ella cayó, detalló su pareja, él se dio cuenta que ella no reaccionaba. “Y ahí me dijeron que me quedara tranquilo, que respiraba, pero se había desmayado por el golpe en la cabeza”, relató.
Al volver en sí, la mujer escuchó que entraba su madre y su tía, quienes regresaban de viaje. “Las escuché hablar, entonces reaccioné, creo que le pegué una patada al hombre y después lo tenía encima. A mi mamá la sentí gritar, no veía nada porque estaba en el piso, arriba de mi novio. Yo boca abajo con ellos encima y debajo de mí estaba él. Estábamos en la cocina, así que no podíamos ver”, describió.
Afirmó que lo único que sintió fue a su madre y a su tía gritar y, en ese instante, lo que ambos les pedían era que no les hicieran nada. “Lo único que los dos vimos es que eran tres encapuchados”, indicó la mujer.
“Es más -advirtió su novio- minutos antes a que ellos entraran, habíamos hablado con la madre y la tía de ella, y nos habían dicho que estaban a quince kilómetros de acá. Por eso les aclaramos que iban a venir dos personas, que no les hicieran nada, que son dos personas mayores”.
“Tenían el dato justo”
La damnificada remarcó que “las personas tenían el dato justo porque hablaban de `la burra´, que no sabía qué era y después ellos me dijeron que era la caja fuerte. En mi cartera había plata y no la tomaron. Iban a algo preciso, querían las llaves de la caja fuerte”.
En todo momento aclararon que “uno de ellos estaba re calmado, que era el que se quedó con nosotros. Ese nos hablaba en tercera persona. Nos decían que ellos sólo querían la plata y no nos iban a hacer nada”.
Ambos estimaron que a la madre de ella la ingresaron por la ventana al interior de la propiedad, aunque no pudieron precisarlo porque no podían ver lo que pasaba, ya que estuvieron en todo momento con sus rostros mirando al piso.
Rápidamente las sentaron y maniataron, pero aclararon que si bien las agarraron “fuerte”, no intentaron golpearlas. “Hubo forcejeos para poder sentarlas y atarlas, para sacarle un anillo que no le salía se lo arrancaron”, manifestó el hombre.
Las amenazas constantes
Si bien advirtieron que los asaltantes no ejercieron mayor violencia física, contaron que en todo momento fueron amenazados de muerte y hasta con prender fuego la casa. “Nos decían: `te pincho´; `te rompo´; `te paso sida´; uno alardeaba que tenía sida y otras cosas”, recordaron.
Finalmente, “tras revolver toda la casa”, los delincuentes encontraron la llave de la caja fuerte. “Nos ataron y se fueron”, relató. Detallaron que se alzaron con distintas armas que el padre de la damnificada coleccionaba y, por eso estaban guardadas. “Eran reliquias”, describieron.
“Revolvieron toda la casa, ahí encontraron la llave y la abrieron. Se llevaron euros, pesos y dólares”, lamentó la mujer.
Previo a eso, ella les había dicho que la plata estaba en su casa. “Les di mi dirección porque quería que se fueran y después encontraron la plata acá. Les di las llaves de mi casa y todo”, confesó ella -dato que sirvió para que la policía luego lograra dar con dos de los sospechosos en la zona de Villa Aguirre.
El aviso a la policía
Finalmente, cuando los delincuentes se estaban dando a la fuga por el mismo lugar por el que habían entrado, la mujer logró liberarse y soltar a sus familiares.
“Ahí me libera a mí -contó su novio-, que me habían atado con alambre porque no era que estaban preparados. Si bien tenían cosas de profesionales, por otro lado, te encontrabas con que no tenían cosas con qué atarnos. Entonces agarraron desde el cable de la tostadora, hasta una sábana, una remera, la correa del perro. Hasta un delantal de cocina… Me soltó a mí, intenté ayudarla y enseguida ella fue a buscar la forma de comunicarse con la policía”.
Rápidamente los damnificados llamaron al 911 porque explicaron que los teléfonos tienen memoria de emergencia de ese número. “Nos atendió un hombre que era de Necochea y nos preguntó de dónde hablábamos y nos trató mal”, remarcaron.
Por lo tanto aconsejaron a la población que en caso de sufrir algún hecho similar se contacten directamente al Servicio 101, que atienden “mucho mejor y te contienen mejor, en el 911 te tratan muy mal”.
Finalmente, la policía arribó al lugar y realizó las actuaciones correspondientes. La pareja coincidió en resaltar la labor de los efectivos.
El operativo policial
Luego de conversar con la propietaria, personal policial se dirigió a Darragueira al 400, ya que se estableció que los autores del atraco podían ir allí para sustraer más dinero. Custodiado el domicilio, según se detalló en el parte oficial, se observó una camioneta marca Ford, modelo F-100, color rojo, en la que se reconoció a uno de los ocupantes con un frondoso prontuario, por lo que se inició una persecución con un móvil de la Unidad de Policía de Prevención Local, DDI Tandil, logrando -sobre la esquina de Falucho y Nicaragua- interceptar el vehículo.
En ese momento, quien había sido reconocido previamente por personal policial se bajó de la camioneta y se dio a la fuga corriendo, mientras que se logró aprehender a Fabián Cabrera, de 40 años, domiciliado en Uspallata 368; y a José Arregui, de 50 años, domiciliado en Pasaje Sosa 1639.
Cabrera llevaba un reloj pulsera color violeta, similar al que había sido denunciado por la víctima del atraco. Posteriormente, se realizó una inspección del interior del rodado, dispuesta por el fiscal Marcos Eguzquiza. Allí, se encontraron 500 dólares; 100 mil pesos; dos revólveres calibre 38 y 22; una pistola Bersa 9 milímetros; una escopeta a trombón 12/70 recortada, todas propiedad de víctima.
Ambos aprehendidos fueron capturados y llevados a la Seccional Primera. Fueron imputados con la figura de “Robo agravado por el uso de arma en despoblado y en banda”. Interviene en la causa la UFI 16, del Departamento Judicial de Azul, con sede en Tandil
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