Demanda creciente y respuestas acotadas
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“Entre 2003 y 2007 hubo siete movilizaciones al Municipio y entre diciembre de 2010 y mediados de mayo, quince”, dijo Julio Elichiribehety recientemente elegido por el radicalismo para presidir el comité. El dato aportado por el avezado radical, adepto a las estadísticas y sondeos de opinión para interpretar la realidad no es menor y forma parte del clima que reina en el pago, como correlato a los malos humores que se respiran desde Nación y Provincia y comienzan a bajar a los municipios para colisionar frente a una gestión que va por su tercer mandato, aunque el propio lunghismo se imponga el desafío de definirlo como el primero de una segunda etapa de gobierno.
Se dijo, la inestabilidad económica y la tensión política resultan el denominador común por estos días, y aquellas demandas crecientes de sectores diversos no son más que el botón de la muestra.
Seguramente varias de los reclamos traducidos en manifestaciones callejeras que desembocan en el palacio comunal no tienen relación directa con la capacidad de respuesta de una comuna, pero como el propio Elichiribehety profesa: el Estado municipal es la mano que toca a la gente y frente a ese contacto cercano también termina siendo la mejilla en la que recaen los sopapos.
Hasta ayer, la bonanza económica permitió sucumbir las presiones con respuestas concretas, no sólo por la capacidad de gestión local, sino por la relación directa e indispensable de una administración provincial que hasta aquí mantuvo una notable sintonía.
Si ayer nomás no dejó de sorprender el anuncio provincial acerca de la restitución del servicio ferroviario Tandil-Buenos Aires, cuando se conocen los números en rojo de las arcas bonaerenses.
En buena hora se restablece un servicio de transporte vital cuya calidad promoverá una interesante demanda. Vital para una ciudad que ostenta la pretensión de ser un destino turístico, con la particularidad de que buena parte de sus vías de acceso no son las mejores o directamente no las tiene.
Se aguarda aún por la reparación de la Ruta Provincial 74 y la vía aérea sigue siendo una deuda pendiente. Cabe reseñar que fue el mismo Scioli el que arribó a la Sexta Brigada para inaugurar una línea de transporte aéreo que duró lo que la estadía del mandatario en suelo tandilense. Ojalá que con el tren no suceda lo mismo…
Y hablando de demandas, ahí están los frustrados adjudicatarios del Falucho 53, como otros tantos vecinos que sufren el caro costo que representa vivir en Tandil a la hora de obtener un techo propio, paradójicamente uno de los derechos esenciales, básicos de la ley suprema, la Constitución.
Apenas ratificar los millones de pesos ya comprometidos para la treintena de casas fue lo que pudo anunciar la autoridad del Instituto de la Vivienda, y con eso conformarse hasta el año que viene. No hay plata, así de sencillo, así de ingrato.
Los escasos recursos, entonces, también empujan a la administración lunghista a dejar de lado algunas cuestiones que hasta ayer era un sello de la gestión en pos del Tandil soñado. El servicio de recolección se ve resentido frente al no pago de horas extras y ya no hay plata para la pirotecnia de los cañonazos para celebrar la Revolución de Mayo.
No hay margen para ostentaciones, se están contando las monedas para pagar sueldos y surfear la ola. Es necesario fortalecer el proyecto político y por eso la vuelta (“Nunca me fui, siempre estoy volviendo”, Pedersoli dixit) de Elichiribehey al ruedo, sólo con más espalda política se podrá sobrellevar el chubasco.
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