Deme dos…
Nunca el boxeo argentino ha tenido no un fin de semana, sino un sábado como el que acaba de pasar. Dos boxeadores de nuestro país, con apenas algunas horas de diferencia estuvieron en un cuadrilátero disputando una corona mundial.
Marcos Maidana en Alemania, en busca del que posee Andrei Kotelnik. Una pelea tan pareja que pudo ser para cualquier lado. El hecho de que Kotelnik jugara como local no tuvo un rol tan importante como la apreciación de los jueces. Porque la clave de la pelea hay que buscarla en el octavo round. Tan parejo, que si se daba empate -cosa que no acostumbran los jueces mundialistas- la pelea era empate en 114. En cambio, dándoselo a Kotelnik ganaba 115-113, cosa que igualmente hubiera ocurrido con Maidana. Hizo un gran esfuerzo y casi ganó. Es de los últimos boxeadores argentinos que van por un título y nos dejan bien parados entre tanto papelones que ha protagonizado. Maidana fue a pelear sin experiencia previa importante. Demasiado mecanizado. Siempre usó las mismas combinaciones y no buscó alternativas para abrir la guardia del campeón. Peleó con los puños y se olvidó de hacerlo con la cabeza. Sus manos duelen y rompen, basta ver la cara del campeón, pero eso no significa ganar. Su tez blanca y una piel de rana pueden hacer que los magullones sean más palpables que una textura morocha y curtida como la del argentino. Un boxeador joven, al que con lo que tiene dentro de poco va a llegar, pero al que ojalá la experiencia le enseñe que no sólo se gana tirando golpes y confiando en la potencia.
En las antípodas de Alemania, en Puerto Madryn, Omar Narváez expuso su título con el que se creía que podía ser el rival más serio de su carrera. Rayonta Whitfield tiene el longilíneo físico de Sandy Saddler, pero nada más. La preparación del argentino fue excepcional. Su plan de combate también, de menor a mayor buscando entrarle al invicto norteamericano por el centro, y ambos laterales. Todo con una perfecta sincronización de piernas y manos ante un rival que mal parado no podía retroceder y que nunca acertó a tener ni a saber cómo se le pelea a un zurdo. No ganó el invicto un solo round. Todos fueron de Narváez con pasajes de tecnicismo exquisito que terminaron doblegando la moral de Rayonta y extenuando sus reservas. No hubo necesidad de recurrir a los jurados. Samuel ?Sammy? Viruet, hermano del ex campeón del mundo Edwin Viruet, detuvo acertadamente el combate. Brillante la demostración del campeón y un nuevo record para un boxeador argentino.
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