Destacada actuación de El Cielito en Entre Ríos
El premio Siete Colinas fue para el ballet infantil y el premio Paranay para el ballet mayor. Ambos conjuntos trabajan bajo la dirección del profesor Gustavo García y la dirección artística de Miguel Rouaux, quienes dialogaron con El Eco de Tandil sobre la experiencia.
Cabe destacar que el ballet infantil hacía su debut en el mundo de los festivales competitivos; y que ambos ballets obtuvieron el primer premio en Conjunto Tradicional y Malambo combinado e importantes actuaciones en pareja de danzas y solistas.
-¿Cómo se vivió el festival?
Miguel Rouaux: -Fue un encuentro con mucho regionalismo. En la parte técnica es muy precario comparado a lo que montamos en el Festival de la Sierra, pero es muy lindo e interesante. La mayor parte de los participantes son del Litoral y de otras provincias, muy pocos de Buenos Aires.
-¿Cómo se decidieron a participar?
Gustavo García: -Nos enviaron las bases del reglamento por email y ahí empezamos a trabajar para ir. Esto estaba planificado para julio pero coincidió con la emergencia sanitaria y lo pasaron para ahora.
M.R: -Llevamos 60 bailarines, 30 del ballet mayor y 30 infantiles. El menor tiene 8 años y el mayor 12. Los más grandes ya tenían experiencia en la competencia y son aquellos que alguna vez pertenecieron al ballet infantil y hoy están en el mayor. Nuestra institución se caracteriza porque los bailarines del ballet mayor han pasado por el infantil. Mantenemos la misma escuela, la misma técnica y nos nutrimos de la base.
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-Era el debut del ballet infantil…
G.G: -Sí, fue bárbaro, una alegría.
M.R: -Fue verlos por primera vez y con unos resultados bárbaros: lloraban, saltaban. Salieron mejor delegación.
-Se alzaron con varios premios…
M.R: -Sí, a través de esos premios a la mejor delegación en la categoría infantil y en la mayor. De manera que el año que viene tendríamos que viajar a revalidarla.
También fue muy lindo porque se eligió la pareja nacional de chamamé y nosotros presentamos una pareja que se vino preparando durante todo el año. Era un desafío ir a bailar chamamé allá, que es la cuna. Eran alrededor de treinta parejas. Fueron haciendo selecciones, quedaron diez, ocho y cuatro llegaron a la final; y entre esas estaba la nuestra junto a dos parejas de Entre Ríos y una de Corrientes, que ya eran campeonas nacionales. Fue un halago muy grande, tuvimos el reconocimiento del jurado y del locutor porque no es común que vayan de otras provincias e interpreten el chamamé tal cual es, sin ridiculizarlo.
M.R: -El chamamé es más rápido o más lento dependiendo de cómo corre el río en la zona que viven. Está muy relacionado con la naturaleza. Se ve mucho cómo cuidan el regionalismo y por la calle no escuchás otra cosa que chamamé. ¡Qué lindo es cómo cuidan su música! Y con el baile pasa lo mismo. Ves las parejas de infantiles y bailan el chamamé con una frescura que no la podés creer. Mientras están en el festival y hay música ambiental, vos ves que las parejitas están bailando por todos lados, son fanáticos y de eso trajimos una buena experiencia, de cómo en otros lugares del país se cultiva la tradición y defienden su raíz. Acá en la provincia de Buenos Aires estamos muy influenciados por lo de afuera.
G.G: -Se vive a otro ritmo social, tienen esa tranquilidad de que el barrio es barrio, el pueblo es pueblo.
M.R: -Nacen mamando la música, se crían con ella. Allá todo el mundo baila. Acá es como que hay que inculcarlo.
Conclusiones
-Esto les dio una inyección de fuerza…
M.R: -Nosotros contamos con otra posibilidad técnica. Acá nuestros bailarines tienen base de clásico, contemporáneo. Técnicamente son superiores a los bailarines del norte, que bailan tradicional muy auténtico. En cuanto a folclore estilizado y malambo se ve una diferencia a favor nuestro. Ellos tienen mucho regionalismo y son muy auténticos en lo que hacen.
G.G: -Siempre es bueno ver otro sistema de trabajo. Para nuestros chicos es de destacar el trabajo previo que han hecho, sobre todo con el ballet infantil, que era su primer salida. Una cosa es bailar en la peña y otra, hacerlo junto a otras delegaciones que van por el mismo objetivo, frente a alguien que los está viendo para marcar sus errores.
Tenemos que reconocer el trabajo de todos los que ayudaron para que esto pudiera concretarse, la delegación de padres que apoyó, la gente de la peña. Pablo, Ana y Julia de la peña ayudaron con la comida, el hospedaje, estuvieron en todo lo que es logística.
M.R: -Fue una experiencia muy linda, un festival muy autóctono que carece quizá del aspecto técnico con el que contamos en el Festival de la Sierra, donde hay una cantidad de luces, un sonido. Allá es un poco precario, pero muy auténtico, de la gente de pueblo. Es un festival de ocho años. Cuando vienen para acá se maravillan… aquí tenemos 27 años de festival. Igual es de destacar el respeto que tienen hacia nuestra institución, porque, se quiera o no, cuando supieron que íbamos a ir nosotros se pusieron muy contentos. Tanto los chicos como los directores de los grupos son muy respetuosos, muy humildes. En otros festivales se ve rivalidad, cada uno tira para su lado y aquí había mucho compañerismo, todos aplaudían a todos; lo que necesitaras, estaban a tu disposición. Es un poco como es la gente del interior: más sencilla, más humilde y abierta que en la provincia de Buenos Aires.
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