Detectaron en La Plata chicos contaminados con plomo
Estos índices llevaron a la entidad a alertar a la población sobre los peligros de tener una alta concentración de plomo en el organismo, y al mismo tiempo iniciar una campaña informativa de prevención.
El plomo es un metal sumamente tóxico que daña prácticamente a todos los órganos y principalmente a los sistemas nerviosos central y periférico, los riñones y la sangre.
Según se explicó, los niños son especialmente susceptibles a sus efectos nocivos porque poseen menor masa corporal que los adultos, lo absorben con mayor facilidad y lo eliminan menos. Además, como su organismo se encuentra en desarrollo, aún bajas dosis del metal en sangre pueden disminuir el crecimiento y dañar el sistema nervioso.
En el estudio, realizado en 2006 pero conocido ahora, integrantes del IDIP encontraron altos niveles de plomo en la sangre de un grupo de chicos menores de 5 años, asistidos en el Hospital de Niños Sor María Ludovica de esta ciudad.
En más del 10 por ciento de ellos se superaban los 10 microgramos por decilitro, el valor máximo aceptable establecido por la Organización Mundial de la Salud, de acuerdo con lo señalado en la edición de la fecha del diario El Día de esta ciudad. La mayoría de estos pequeños provenía de familias de bajos recursos que hacían acopio de metales y desarme de chatarra en sus viviendas, según se señaló.
Como la contaminación con plomo puede causar trastornos de aprendizaje y disminución del coeficiente de inteligencia en los niños, en 2007 el grupo de investigadores del IDIP determinó los niveles de plomo en la sangre de 40 chicos de entre 5 y 13 años, que fueron asistidos en el Servicio de Psicopatología y Salud Mental, por trastornos globales de aprendizaje, y los compararon con los análisis de sangre de un grupo de 56 niños de edades y características socioculturales similares, que asistieron al Hospital para controles de salud.
Los investigadores encontraron que en ambos grupos había niños con concentraciones de plomo superiores a los 10 microgramos por decilitro, pero el porcentaje era más del doble en el grupo con trastornos de aprendizaje (22,2%) que en el grupo de control (10,7%).
El estudio fue subsidiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación y fue realizado por las bioquímicas Liliana Disalvo y Ana Varea; la licenciada en trabajo social Claudia Aab; las psicólogas Estela Sotiru y Graciela Beccia; la médica toxicóloga Ana Girardelli, y el grupo “Comunicar en Salud”, a cargo de Ana María Roche.
El mayor porcentaje de chicos con altos niveles de plomo en sangre provenía de los barrios de Los Hornos y Altos de San Lorenzo. Una encuesta del IDIP mostró que la mayoría de los padres de esas zonas tenían pocos conocimientos sobre el problema, por lo que se decidió lanzar una campaña de información.
“Las fuentes de contaminación -advirtió Liliana Disalvo- provienen de las industrias (fábricas de baterías, de pinturas, fundiciones de metales, etc.), pero también se encuentran en el hogar: suelos contaminados, tuberías de agua de plomo, vajilla de cerámica vidriada con plomo, pinturas con pigmento de plomo, algunos juguetes, plomadas, etc”.
Agregó que “los niños pequeños tienen mayores posibilidades de contaminarse porque gatean y tienden a llevarse a la boca las manos y objetos contaminados con polvo de plomo”. La especialista añadió que la mayoría de los chicos intoxicados no presentan síntomas, o que éstos pueden confundirse con los de otras enfermedades, como por ejemplo dolor de estómago, pérdida de apetito, hiperactividad o irritabilidad, mientras que el único diagnóstico certero es un análisis de sangre.
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