Día el Trabajador Gráfico: Un oficio con pasión y encanto que evolucionó junto a la imprenta

Carlos Lapano, Juan Carlos Alvarez, Héctor Lapano y Esneldo Vagnola dedicaron su vida a este oficio que los llenó de pasión, orgullo y amor. Así que lograron dar forma al Museo de Artes Gráficas de Tandil. También desde la Asociación Civil Jubilados y Pensionados Gráficos de Tandil adhirieron a la celebración y enviaron un saludo a los trabajadores en su día.

El Eco

Hoy se celebra el Día del Trabajador Gráfico Argentino y la conmemoración se remonta al primer convenio laboral que obtuvo el gremio en defensa de los derechos de estos trabajadores, hace 68 años. Fueron ellos quienes organizaron el primer sindicato en la historia del país: la Unión Tipográfica, creada en 1857.

Esneldo Vagnola, Juan Carlos Alvarez y Carlos y Héctor Lapano dedicaron su vida a esta actividad y aún hoy llevan impresa la pasión, el orgullo y el amor del oficio. Tanto es así que lograron dar forma, desde la Asociación Civil de Jubilados y Pensionados Gráficos, al Museo de Artes Gráficas de Tandil hace cuatro años y todavía con el mismo entusiasmo abren sus puertas, ponen las máquinas en marcha y cuentan su historia.

Todos fueron parte del diario El Eco en algún momento de su trayectoria y las anécdotas rondan la conversación evocando los mejores recuerdos, memorando días en que el trabajo era más manual que mecánico, más artesanal que tecnológico. Y ahí estaba el encanto.

Hay inventos que cambian la vida para siempre porque hacen al avance en el bienestar y el desarrollo intelectual de la humanidad. Uno de esos es el de la imprenta, ya que gracias a ella la difusión de la cultura alcanzó niveles hasta ese momento inimaginables, haciendo posible el acceso al conocimiento y la información a grandes masas de población.

En el museo se puede percibir el funcionamiento de cada una de las máquinas expuestas, su mecánica y hasta palpar las mínimas letras de acero que eran transferidas al papel tras varios pasos previos.

Estas rotativas no paran

El papá de los hermanos Lapano empezó de canillita en 1923, más adelante se pasó a la gráfica y también trabajó como tipógrafo en este Diario por muchos años. Sus hijos heredaron el oficio por propia elección allá por la década del ‘50. Carlos contó que copió el modelo del teclado de la linotipo en una madera para memorizarlo, lo tenía en su casa y así lo aprendió. Esa máquina de composición mecánica va a cumplir 100 años y fue una de las grandes revolucionarias de la industria gráfica. Es la vedette del museo.

Antes de ella lo que utilizaban era el llamado componedor tipográfico, que demandaba aún más trabajo, concentración y dedicación. A la hora de formar el texto, se utilizaba esta herramienta de metal donde se insertaba letra por letra, o tipo por tipo como las llaman, manualmente hasta formar

la línea entera, así, una tras otra. Eso se colocaba luego en la base denominada galera o rama y de ahí pasaba a impresión. En la exposición se puede percibir todo esto y además la gran cajonera con pequeños apartados donde se guardan las tipografías mínimas. Mayúsculas, minúsculas, cursivas, números y todas las opciones necesarias. Se imprimía, corregía y cada letra regresaba rápidamente a su cubículo para volver a ser usada.

Allí también se puede observar la impresora que se utilizaba, aunque habían de diferentes tamaños y capacidades. Esa data de 1880 aproximadamente, según indicó Esneldo que estuvo más de 70 años en la profesión y con sus 91 tiene en la memoria intactos recuerdos.

Por aquellos tiempos Vagnola, Alvares y los Lapano no solamente ejercían el oficio del arte gráfico, sino que también eran mecánicos, electricistas y lo que se necesitara, ya que si alguna máquina sufría un desperfecto se ocupaban con sus propias manos de repararlas.

Para ellos antes era mejor. Sus experiencias cuentan que los talleres estaban abiertos al público, la gente entraba y veía cómo se desempeñaban, querían enterarse de las novedades antes de la publicación y hasta compartían mates. También, al tener que trabajar durante toda la noche, podían agregar a último momento si surgía alguna información en ese período. Por ejemplo, cuando había elecciones o votaciones importantes tanto en el Congreso de la Nación como en el Concejo Deliberante local esperaban hasta que terminaran.

Cabe destacar una particularidad del oficio, primero que por convenio podían trabajar solamente seis horas aunque siempre hacían extras. Pero además los empleadores tenían la obligación por decreto de suministrar un litro de leche diario a todo trabajador abocado al bronceado, máquina aerograph industrial, estereotipia, fundición de metales, tipografía y linotipos, en defensa de la salud del obrero. Con humor, estos apasionados contaron que ellos preferían cambiarlo por un kilo de yerba para el mate. Y a la vista está que su salud no fue afectada, por el contrario.

Evolución imparable

La industria gráfica no para de crecer. Se trata de un rubro que sigue experimentando un crecimiento en términos de producción, inversiones, tecnología y productividad.

Desde la producción manual a la mecánica, hasta la llegada de la era digital, láser e informática. Estos métodos cambiaron la forma de desempeñarse del gráfico. Ni mejor ni peor. Distinto.

Algunos dicen que la tendencia es que la ola gigante de internet lleve al desvanecimiento del papel. Sin embargo, los diarios, libros, folletería, tapas de discos, panfletos, fotos, talonarios y hasta el dinero necesitarán siempre del trabajador gráfico.

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  • ElEcodeTandil

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