Diálogo de una mitad con la otra mitad?
Dos hombres conversaban entre sí. Uno de ellos contaba entusiasmado que había ido a ver el partido de Huracán y Vélez. Describía los detalles de los disturbios y empujones que tuvo que soportar a la hora de comprar las entradas. Cuando terminó esta historia, siguió con el programa para esa noche: ?Vamos al cine con la bruja y después a cenar con unos amigos?, dijo.
El otro escuchó atento esperando que su interlocutor finalizara. Cuando finalmente lo hizo, le preguntó si no tenía miedo de contagiarse la gripe A, si no leía los diarios, donde aconsejaban quedarse un poco en casa, evitar aglomeraciones. Que sólo serían unos cuantos días para tratar de cortar la cadena de contagios y así, intentar salir de esta peste que nos tiene rodeados, cuanto antes.
-Nooo, no pasa nada, además viste que bajaron los casos, acá en Capital y Gran Buenos Aires ya hay como una meseta de la gripe, bah, no sé, no entiendo mucho de eso pero ya está, tampoco la paranoia?
El otro, que sí había decidido limitar las salidas con los chicos, que no estaban yendo al colegio justamente para cortar la cadena, perdiendo días de clase; que no iban al club a practicar el deporte que tanto les gusta, que habían suspendido el cumple de Ramiro en el pelotero del barrio y que él mismo, que con su mujer había decido abandonar por unos días el cine, las cenas afuera y que se había perdido el congreso en Tandil que tanto le interesaba, en nombre de la salud de la población; lo miró un rato en silencio, para decirle después lo que pensaba:
-Claro, claro, está bien. También leí que hay menos contagios, que se está rompiendo el círculo y eso pasa justamente, gracias a la otra mitad de la gente que sí decidió comportarse solidariamente y unirse al pedido de los médicos que están dando batallas sin cuartel, arriesgando en muchos casos hasta su propia vida metidos todo el día en un hospital. Gracias a la otra mitad que se comportó y comporta más responsablemente en esta emergencia sanitaria. Porque una cosa es la paranoia, pero otra es la displicencia, la omnipotencia y es tan peligrosa como la primera. Pero se ve que algo aprendiste y cumplís muy bien acerca de los cuidados.
-¿Qué aprendí?
-Lavarte las manos?
(Historia inspirada en el ingenio popular)
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