?Días contados?, está realizando sus últimas funciones
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn primer lugar le consultamos al arquitecto y hombre de las artes escénicas en qué consiste ser un director teatral: “Es como un director de orquesta, pero en lugar de dirigir y coordinar músicos, hace que todos los componentes del teatro suenen en armonía: actores, escenografía, luces, entre otras cuestiones. Como en un concierto, el director lee la partitura y los músicos la interpretan. El texto teatral es como la partitura, los actores lo interpretan con su cuerpo y su voz, el director unifica todo para que nada desafine y el público disfrute del conjunto. Claro que en teatro trabajamos con la sensibilidad de cada actor como herramienta principal, además de toda la conjunción de elementos que intervienen en la construcción de la imagen del espectáculo, nada más y nada menos. Es un área de lo más gratificante para mí porque tiene que ver con la construcción colectiva de un grupo de personas, aunque yo sea el que se hace cargo de las decisiones finales. Los actores son impresionantes a la hora de proponer creativamente sus personajes y mi tarea es la de acompañarlos en ese proceso para sacarles los mejores recursos que tienen para armar su criatura escénica. Por otra parte, soy arquitecto y la parte visual y sonora del espectáculo son cosas que tengo resueltas desde el inicio de la obra, pero con los actores me exijo una responsabilidad casi maniática, siempre agradezco su entrega”, comenzó relatando.
-¿Cuál fue la motivación de realizar “Días contados”? ¿Cómo llegó la obra a su intención?
-Creo que tiene que ver con esto de exorcizar mi pasada década de los 40-50 años, en los que la vida nos pone a prueba con situaciones difíciles de resolver. Leí la obra hace unos años y después de un tiempo -casi dos años- decidí montarla. Es un trabajo duro el de los actores en esta obra, sobre todo el papel de Ana, la protagonista, que está toda la obra en escena.
-¿Cómo piensa en los integrantes de sus elencos? ¿En función de cuáles condiciones se basa su búsqueda? ¿Podría caracterizar qué tipo de actuación les pide?
-A veces tengo el elenco o actores con los que quiero trabajar y busco la obra, en otros casos me enamora algún texto y voy armando el entramado de los actores, porque también hay que ver si unos se ven bien al lado de los otros; en este caso, por ejemplo, Betty Troiano parecería la madre de Gustavo Lazarte y de Marcela Juárez, en fin, hay un sinnúmero de variables a tener en cuenta para armar un elenco.
En cuanto a las actuaciones, tienen que ver con mi propuesta escénica, que como se dará cuenta depende de qué quiera decir con la obra, pero como soy muy ecléctico en ese sentido, seguramente mis búsquedas estéticas y el trabajo con los actores varían según las puestas en escena. No es lo mismo Gustavo Lazarte en “Stéfano” de Armando Discépolo, que en “Días contados”, o Betty Troiano en “La nona”, de Cossa o Pablo Moro en “Borges” de Rodrigo García que en esta puesta.
Y fue en un principio…
-Cuéntenos acerca de su génesis creativa. Usted es un director provocativo en cierto modo, ¿qué papel juega la provocación en sus obras, qué cosas la favorecen su creatividad, la integración grupal, por ejemplo?
-¿Qué es provocar?, me pregunto, yo quiero provocar en el público un cúmulo de sensaciones y que vivan una experiencia durante la función que sea única e irrepetible. Me parece que de eso se trata el armado de un espectáculo, y siempre, siempre, eso me desencadena una adrenalina creativa que me lleva a ser muy exigente con mi acto creativo y el del colectivo con el cual estoy trabajando. En el caso del grupo de “Días contados” fue un proceso por demás satisfactorio y relajado; creo mucho en el trabajo, nada es al azar…
-¿Podemos hablar de una poética en su carrera como director? ¿Qué elementos, temáticas, entre otros tópicos la compondrían?
–Podría decir que me interesan los textos que van a fondo en los conflictos humanos, pero para la forma y la manera de tratarlos -o de escribirlos en el escenario- soy bastante versátil. Se pueden abordar desde el humor, desde el grotesco, desde el realismo o con lenguajes emparentados en las estéticas contemporáneas. Creo que dentro de ese eclecticismo hay alguna idea rectora que se podría definir como una poética propia, pero eso es campo para los investigadores y críticos teatrales.
-Su primera profesión fue la arquitectura, ¿cómo confluye esto en su quehacer teatral? La escenografía y el diseño de sus espacios escénicos siempre ocupan un lugar preponderante en su obra. ¿Cómo piensa el lugar del público en sus puestas?
-Seguramente hay una razón “arquitectural” en todas mis puestas, es más, hace un tiempo un investigador de la Facultad de Arte, apuntaba este tema con más énfasis y me preguntaba si yo aplicaba procesos de la arquitectura para el teatro, y ahí me di cuenta de que estructuro el proceso de diseño de una puesta igual que un diseño arquitectónico. La arquitectura es una disciplina fantástica y al igual que el teatro sintetiza más de un orden, en arquitectura: la psicología (se construyen espacios para que la gente sea feliz), la física, la sociología, las artes visuales, entre otras, por su parte el teatro también sinteriza en una expresión otras disciplinas: la psicología, las artes visuales, la sociología, etc.
¡No se olviden del Cervantes!
-¿La recepción del público en sus puestas influye en sus decisiones como director?
–No…, aunque no puedo negar que todos queremos que nuestras puestas sean aplaudidas por el público, y que a la gente le guste nuestra propuesta y venga al teatro. El ritual teatral se completa y tiene sentido con el público, sin él no tendría sentido nuestra propuesta. Cuando elijo algún texto intuyo la recepción del público, pero la elijo por lo que me provoca o tengo ganas de decir, no por calcular el efecto en el público. He hecho desde textos clásicos, que tienen gran convocatoria como “Stéfano”, hasta dramaturgias contemporáneas como “Borges”, o en su época “Postales argentinas”, no tan pensadas para público mayoritario.
¿Qué le interesa que se lleve el público al asistir a “Días contados”?
–La sensación de que “Días contados” le tocó algún lugar muy íntimo, muy amado, y le ayude a llevar con mucho amor los vacíos que nos deja el tránsito por la vida entre los 40 y los 50 años. Me emociona mucho ver a la gente cuando sale de la función, el aplauso con que nos premian y esa mezcla de alegría y emoción que se llevan, eso es magnífico para nosotros.
-¿Cómo ves estos 20 años de trabajo de Cero Grupo Teatro?
-Han sido muy intensos y doy gracias a todos los que han hecho posible esta construcción colectiva que son los 20 años de un grupo teatral. En 20 años Tandil ha crecido muchísimo culturalmente y por supuesto la actividad teatral ha tenido un desarrollo magnífico, ojalá mi generación pueda transmitir la llama y la mística del teatro para las generaciones venideras… Ah, y otra cosa: ¡No nos olvidemos del Teatro Cervantes!
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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