Dictan una pena condicional para un boquetero que intentó robar en el Banco Francés en 2008
El Tribunal Oral Criminal 1 encontró a Pablo Daniel Alvarez, oriundo de Chascomús, culpable del delito de “Robo agravado por perforación y escalamiento en grado de tentativa”, hecho cometido el 20 de enero de 2008 en perjuicio del Banco Francés, y lo condenó a dos años y seis meses de prisión de ejecución condicional.
Tras el debate, el juez Guillermo Arecha encontró acreditado que el imputado escaló una pared perimetral de cuatro metros de altura que separa el estacionamiento del Hotel Roma con la ex Escuela Polivalente, ubicada en Alem al 400. Luego logró acceder a un aula cuyas paredes limitan con la sucursal del Banco Francés, sita en Pinto 775.
Alvarez, utilizando herramientas, realizó un boquete que le permitió alcanzar el sector trasero de los cajeros automáticos. Una vez allí, anuló el sensor de movimiento ocultándolo con un cartón y cinta adhesiva, y el de humo, por medio de una bolsa plástica.
“En momentos en que Alvarez se aprestaba a violentar uno de los dos cajeros para tomar los dispensadores de dinero y así apoderarse ilegítimamente de su contenido, se activó la alarma por otros sensores, lo cual determinó que sin consumar el ilícito, se diera a la fuga”, relató el magistrado en la sentencia.
El apuro por escapar hizo que dejara en el lugar herramientas, máquinas y elementos específicos utilizados para cortar y vulnerar los cajeros.
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Volviendo al intento de robo al Banco Francés, relató que vino entre dos y tres veces a la ciudad para concretar “la inteligencia del caso” y reunir información para planificar el atraco. Aclaró que él se encargó de conocer los movimientos de la entidad bancaria y programó el boquete.
Otras dos personas oriundas de Chascomús arribaron desde Mar del Plata en colectivo para realizar el robo y se alojaron en un hotel cercano, aprovechando el fin de semana para ingresar al estacionamiento y al aula de Polivalente: “En este lugar es donde ‘boqueteamos’”, precisó.
Durante las noches de ese fin de semana de enero de 2008 avanzaron con el hueco, “trabajando” cuando podían. Cerca de las 2 de la madrugada, Alvarez entró al banco y tapó los sensores de la alarma. Estuvo un “ratito” en el lugar de los cajeros, ya que se disparó la alarma, vino la policía, y todos huyeron por la puerta principal de la escuela.
El imputado explicó que primero cortó tres líneas de teléfono, pensando que de ese modo desactivaba la alarma. Para manipular los elementos, dijo que llevaba guantes pero no recuerda si los utilizó.
En cuanto a la actual confesión, manifestó que no había declarado antes porque no conocía la causa, por eso pasaron tres años hasta el juicio. Agregó que al quedar preso en Santa Rosa, provincia de La Pampa, ahora “acá estoy”.
En la actualidad, se encuentra cumpliendo una condena firme dictada por el Tribunal 1 de esa provincia, en la Unidad Carcelaria 4 de Santa Rosa.
El doctor Arecha determinó que todas las circunstancias descriptas “permiten considerar que las manifestaciones de Pablo Daniel Alvarez constituyen una lisa y llana confesión, suficiente para justificar y tener por acreditada su participación responsable en el hecho”.
Por otro lado, citó la declaración del tesorero de la entidad, Daniel Jorge Fuentes, quien confirmó que tanto el tesoro como los cajeros no fueron violentados. También manifestó que cada una de las unidades tenía entre 150 y 200 mil pesos, ya que habían sido recargadas por el fin de semana.
Como otro “elemento de convicción”, el magistrado mencionó las huellas dactilares de Alvarez, que fueron halladas en la caja de cartón con cinta de embalar que usó para tapar el sensor de movimiento, y en el rollo de adhesivo abandonado y en las herramientas abandonados en el lugar.
“Considerando suficiente y bastante la confesión de Pablo Daniel Alvarez, corroborada adecuadamente por las restantes circunstancias referidas, adquiero sincera convicción sobre la exteriorización material del hecho descripto y de la participación que en el mismo reconoce el imputado”, concluyó el doctor Arecha.
arrepentimiento
Como agravantes, tuvo en cuenta la planificación del hecho y la disposición de medios y personas que el imputado proveyó para llevarlo a cabo, incluyendo su traslado desde Chascomús; el haber invadido y utilizado una institución escolar, dañando bienes públicos; el haber actuado en horarios en que circulaba poca gente y el haber delinquido estando sometido a proceso.
“No comparto la solicitud del fiscal de considerar el perjuicio económico como circunstancia agravante, por cuanto el delito no llegó a consumarse”, remató el doctor Guillermo Arecha.
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