Disputa central
La crisis del Banco Central atravesó a los tres poderes que gobiernan la Argentina y se instaló en la agenda de un verano en el que el mar parece revuelto.
Con el decreto de Cristina Kirchner que destituyó a Martín Redrado en la mira, la oposición mostró su endeble equilibrio y dejó el camino abierto al oficialismo para seguir con su testaruda posición de confrontar por capricho.
Es que la estrategia del Gobierno parece ser ir al choque por el mero gusto de salirse con la suya. No hay decisión de un juez o del Congreso que lo devuelva a su función ejecutiva, como si la última palabra le diera el poder que sus mismas políticas le restaron en las urnas.
El cruce permanente con declaraciones, las embestidas cotidianas contra los medios de comunicación y la referenciación continua a viejas antinomias son las armas elegidas por la Presidenta para cada una de sus presentaciones públicas.
Esta semana en un acto, un niño le preguntó a Cristina si vivía ?en la tele?. Esa es la imagen que dejan días y días de exposición, con discursos de alto talante que no dan cabida a la conciliación.
En el centro de los enfrentamientos mediáticos quedan preguntas básicas sin respuestas. No se conocen a ciencia cierta las ventajas de crear el Fondo del Bicentenario o de hacerle frente a los compromisos con los acreedores externos.
Sí duele ver que el país camina por una delgada línea imaginaria en la que se van escapando las oportunidades de salir adelante. Lastima que una Argentina rica en recursos no logre salir a flote por la mezquindad de unos pocos, esos mismos en quienes todos delegamos el poder.
A esta altura, el debate no se sostiene por el destino de las reservas, la conducción del organismo monetario o el embargo de la cuenta en Estados Unidos. El miedo a salir herido en otra batalla con la oposición late fuerte en esta disputa central.
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