Ecos de una jornada democrática
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Absoluta incomodidad
Autoridades de mesa, fiscales y hasta integrantes de las Fuerzas Armadas habrían rubricado ayer actas en las que reiterarían el pedido formulado en las Primarias para modificar la ubicación de las mesas 126 a 129 inclusive.
En ambas oportunidades tales urnas funcionaron en la Escuela Municipal de Artes Visuales de 9 de Julio 292, pero la vieja casona de Juan Fugl carece de las comodidades necesarias.
En los días previos, tanto autoridades de mesa como responsables del edificio rogaban que los pronósticos de inestabilidad climática no se cumplieran, ya que los votantes deben hacer cola en la vereda porque no hay espacio en el interior del edifico.
Tres de los cuartos electorales están distribuidos en oficinas de planta baja y el restante implica ascender una incómoda escalera de madera.
En tanto, en el hall –“y apretados como sardinas”, según un fiscal- estaban las cuatro mesas receptoras de votos.
A los gritos, iban convocando a los votantes para que de a uno fueran ingresando a cumplir con la democracia.
Bocas de urna
Otra de las características de la jornada fue la presencia de jóvenes que prestaban servicios para empresas encuestadoras.
En los establecimientos con mayor cantidad de mesas, con suma amabilidad invitaba a quienes ya habían emitido su voto a participar de una encuesta de boca de urna, como en la Escuela Normal.
Con celo profesional, evitaron que la prensa pudiera acceder a los datos reunidos y sólo se observaba claramente el nombre de la encuestadora.
“Cualquier consulta, hablen con Oscar Nigro, que tiene su bunker en el hotel Plaza” fue la respuesta con la que evitaban la filtración de cualquier dato.
El encuestador habría determinado horarios de corte para procesar datos, uno de los cuales fue el mediodía y otro una hora antes del cierre de los comicios.
Sin dudas, eso fue lo que alentó al Intendente a decir, minutos antes de las 19, que estaban seguros de que habían ganado.
A la caza
No sólo había encuestadoras a la caza de los votantes sino que también se observaba la presencia de efectivos policiales en determinados establecimientos que no sólo cumplían la función de auxiliares de las autoridades electorales, sino que también estaban “a la caza” de determinado “personaje”.
El tema se manejó con suma discreción y se evitó dar a conocer todo dato que permitiera identificar al buscado y a la causa con la que se lo involucraría.
En mal estado
Con mucha celeridad y una cierta dosis de nerviosismo, los policías informaron a las autoridades de mesa designadas en forma oficial que debían abstenerse de consumir los sándwich que formaban parte de las viandas que les habían enviado.
Es que se determinó que los alimentos estaban en mal estado y rápidamente se corrió la voz entre las mesas y de allí, vía mensaje de texto, salieron los pedidos de “reabastecimiento” a familiares y amigos.
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