Efecto Ruckauf
Con veintiocho votos del oficialismo y doce de la oposición, el pasado miércoles el Senado bonaerense aprobó el impuestazo trazado por el gobernador Daniel Scioli para sortear el grave problema de financiamiento que tiene el Ejecutivo provincial.
La reforma tributaria, que ya es ley y comienza a gravar a partir de octubre, dispone aumentos en los impuestos inmobiliarios urbano y rural, en el impuesto a los automotores, a la herencia y un adicional de ingresos brutos para la actividad portuaria, que permitirán el ingreso de 1330 millones de pesos a las arcas bonaerenses.
La centralización de recursos de origen provincial en la Nación y la consecuente dependencia financiera respecto de esta última, junto a la deficiente administración del gasto público y el temor del Gobernador para plantarse frente al matrimonio Kirchner, han derivado en una medida impopular y a la vez ineficaz para equilibrar las finanzas provinciales.
Tras el golpe recibido en las urnas, el mandatario bonaerense recurre a una medida asfixiante para afrontar la crisis económica, menos de noventa días antes del recambio legislativo. El 10 de diciembre asumirán quienes fueron electos en los comicios de junio, donde Scioli compitió como candidato a diputado y perdió junto a Néstor Kirchner. El Gobernador decidió implementar esta reforma impositiva en su intento por saldar las cuentas de una gestión que se consagra a la imagen pero ?hace agua? en la administración.
En 1999 quien ganó las elecciones para gobernar la provincia de Buenos Aires fue Carlos Ruckauf, entonces vicepresidente de Carlos Menem. Aquél año, Ruckauf hizo campaña junto a Eduardo Duhalde cuando éste perdió las presidenciales frente a Fernando de la Rúa y Carlos ?Chacho? Álvarez, candidatos de la Alianza UCR-Frepaso. Pese a la derrota nacional, Ruckauf ganó en territorio bonaerense.
Para acercarse a la sociedad y compensar su inexperiencia ejecutiva (había sido ministro de Trabajo de Isabel Perón en 1975, embajador en Italia y varias veces legislador nacional), el entonces Gobernador recurrió a las bondades de un marketing político vacío de gestión. Muchos recuerdan la polémica generada a partir de la distribución de zapatillas con la firma del propio mandatario.
Al año y medio de haber asumido, para paliar la enorme crisis financiera y económica que se produjo en la Argentina de 2001 y con una provincia desfinanciada, Ruckauf se vio empujado a emitir los popularizados ?patacones?, títulos públicos que como moneda paralela permitieron cubrir la ausencia de circulación monetaria, hacer frente a los compromisos salariales y pagar a los proveedores del Estado provincial.
Tras el estallido social de 2001, De la Rúa renunció a la Presidencia con una crisis económica y financiera sin precedentes en la Argentina, trance al que la Alianza no supo hacer frente. Trece días más tarde, el 3 de enero de 2002, Ruckauf también abandonaba el Gobierno bonaerense dejando quebrada la administración provincial.
Así como Ruckauf había llegado al Gobierno provincial asegurando ?mano dura? contra la delincuencia, desde sus primeros días como gobernador, Scioli prometió medidas voluntaristas para combatir la inseguridad diciendo que se ocuparía por devolver ?poder de fuego? a la policía. Otro tanto manifestó con la pobreza.
Vicepresidente de Kirchner, en 2007 Scioli también fue el elegido para recaudar votos en el distrito más populoso del país. Sin embargo, desde que asumió la Gobernación los resultados de su administración indican su reducción al sólo desarrollo de estrategias de marketing, vacías de una gestión eficiente. Un rojo fiscal nuevamente apremiante ilustra el escenario general.
En la actualidad es cada vez mayor la dependencia doble o mutua que existe entre la provincia de Buenos Aires y la Nación: la primera depende ?financieramente? de los recursos que gira la Nación, mientras que esta última obedece ?políticamente? a los votos y adhesiones que proceden desde territorio provincial.
No haber encarado reformas para amortiguar las desventajas para la autonomía provincial que surgen de esa trabazón, no haber asumido una clara actitud política que apunte a romper esa dependencia, reclamando lo que corresponde, demuestran un ?renunciamiento? simbólico del actual Ejecutivo provincial a la responsabilidad que comporta el manejo de los destinos públicos.
Días pasados se oyó postular a Daniel Scioli para una nueva contienda electoral en 2011. Divulgar tales pretensiones reeleccionistas, mientras su mismo ministro de Economía estima para fin de año un déficit primario rayano a los 6.000 millones de pesos, es una muestra preclara de que la actual gestión provincial no tiene rumbo.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios