Efímero
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Creo que todo empezó con el sachet de leche. Más que novedad, fue una revolución, el ingreso al primer mundo. Y un buen día hubo que decirle al lechero, que desde siempre pasaba por la puerta de casa y cambiaba las dos botellas vacías por dos llenas, que no viniera más.
Le siguió el Criket, el encendedor descartable, con su promocionado slogan de "el fósforo a gas". Se nos venía inexorablemente la era de lo descartable. Y por añadidura, su versión más peligrosa: la cultura de lo efímero.
Hubo algún conato de resistencia por parte de señoras mayores que se resistían a tirar los sachets usados y confeccionaban con ellos pavorosos bolsos para hacer mandados. Lo que vendría a ser la vanguardia de los actuales movimientos ecologistas que hoy confeccionan calzoncillos con cámaras de autos y otras bellezas.
Con los encendedores, durante algunos años funcionó un mercado negro de recarga. El método consistía en colocarles una válvula para cargarles el gas; el secreto era reponer la piedra sin que volara por el aire impulsada por el resorte. Y se sabe que encontrar una piedra en el piso es imposible.
Pero después comenzaron a salir las versiones más baratas de encendedores descartables que por su costo no convenía mandar a recargar. Son los actuales, transparentes, que salen un par de monedas y tienen la característica de que cuando se les termina el gas todavía le queda piedra y viceversa. Nunca terminan parejo.
La novedad se fue apoderando de otros objetos: desde pañuelos hasta anteojos, de pelotas de fútbol hasta autos.
La moda también hizo su aporte, extendiéndose de la ropa a casi todo lo posible. Cada vez más acelerada, más vertiginosa.
Hasta las camisetas de fútbol tienen fecha de vencimiento. Durante los últimos 5 años he visto más modelos de camisetas de Boca que en mis primeros 45.
Quien se compraba un Falcon lo hacía con el íntimo convencimiento que le iba a durar toda la vida, aunque a los tres años lo cambiara. Porque si la ventura económica no lo acompañaba, certeramente iba a tener auto para siempre. Ahí andan todavía algunos rodando airosos su medio siglo de vida. Hoy a nadie se le ocurriría comprar un auto para toda la vida. Tanto por afán de progreso propio como por durabilidad propia del vehículo.
Celulares que se rompen o se tornan obsoletos antes de terminar de entender todas sus funciones; computadoras que quedan chicas en el trayecto que va del comercio a casa; dvds, blue rays, mp3, mp4, mp5, i-pads, i-phone, cámaras, gps, tablets… maravillosos objetos que tienen menos vigencia que los folletos que los promocionan.
Así han de funcionar las sociedades industrializadas. Beneficio: el consumo como generador de empleo. Perjuicio: el consumo como generador de necesidades inexistentes.
Hasta que de buenas a primeras, alguien aparece con la última novedad: nada mejor que el disco de vinilo para apreciar la calidad de la música. Y no te preocupés si los que tenías los regalaste, los perdiste, los olvidaste en alguna mudanza, ¡ahora los podés comprar! Son carísimos, pero los mejores.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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