El 101 aniversario de Magdalena Zuasnábar
Lo primero que cuenta es que si llegó a esta edad es ?porque el trabajo no mata a nadie?. Desde muy chica, en sus pagos, Rauch, trabajó en las chacras junto a sus padres, en el tambo, levantándose a las cuatro de la mañana. Asegura que desde niña tuvo una vida de trabajo pero con buenos recuerdos y si bien ?Rauch no es la ciudad de hoy, con servicios y comodidades, nosotros la pasábamos dentro de todo bien, porque antes nadie tenía televisor no había computadoras, el que podía y tenía escuchaba la radio y se hacía más vida de familia?.
Cuando creció ?cuentan sus familiares mientras miramos fotos- Magdalena se convirtió en una hermosa jovencita que ?sin dejar las labores familiares- se daba tiempo para la diversión, concurriendo a cuanto baile había, disfrutando de sus años mozos. A los 21 se casó con Joaquín Aregay enseguida empezaron a llegar como una escalerita, los hijos. En total fueron siete, dos fallecieron siendo muy pequeños.
En esa época no había pañales ni mamaderas descartables, no obstante ella se daba tiempo para tenerles a sus chicos los pañales impecablemente blancos y los cambiaba para que siempre estuvieran lindos. Se le ilumina la cara cuando habla de aquellos tiempos porque claro, hubo otros que no fueron tan lindos ya que el dolor está presente en la vida de Magdalena, pero como ella dice: ?Es parte de la vida, y como estoy cumpliendo los 101 años he tenido pérdidas, pero también muchas alegrías, la llegada de los nietos (13), bisnietos (33) y tataranietos (5).
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En los ?60, toda la familia se vino a vivir a Tandil, cerca del hipódromo, en esa época su marido que antes trabajaba de carnicero en Rauch se dedicó a las labores del campo y jubilándose llegó un día a su casa diciendo a su mujer: ?Tomá, esta plata es para que comprés una casa, quiero que si en algún momento me pasara algo vos y nuestros hijos estén seguros. Pero ojo, no vayas a comprar en Villa Italia, que se viene todo Rauch?. Magdalena compró la casa desoyendo el consejo de su marido ?y bien felices que somos en esta casa de Dufau?.
Si bien tiene una señora que pasa los días con ella, asegura que le gustaría le dejaran hacer algunas cosas, ?pero los hijos y los nietos no quieren? de modo que cuando me despierto, cerca de las diez la señora me lleva el desayuno a la cama, después me levanto hago alguna cosita, me arreglo y siempre viene alguien para charlar?.
Magdalena no se siente sola y lo afirma con una gran sonrisa porque la familia que construyó ha sabido con creces devolverle el afecto que la mujer les ha brindado a través de todos estos años.
Entre el llanto y la risa
?Aunque a veces hay cosas que me hacen enojar?, dice ante la risa de la concurrencia al festejo, pero se me pasa enseguida. Para qué voy a estar enojada? la vida es tan corta ?dice la centenaria mujer que se lamenta un poco por no poder leer todo lo que le gustaría: ?Fui al oculista hace un tiempito y me dijo ´señora ya no puedo darle más aumento, este problema que usted tiene es cuestión de la edad´?. Se ríe con ganas porque dice que hace un par de años cuando fue a ver a un médico porque tenía un ?dolorcito? le dijo lo mismo. ?Insisten con la edad, ¿pero es que no hay personas de 99 años?? le preguntó aquella vez al doctor que respondió que sí ?pero no en su estado?. Es que Magdalena le imprime dinamismo a su existencia aunque ahora la rodillas le estén molestando un poco para salir a dar una vuelta por el barrio; sin embargo, a la hora de asistir a una fiesta es la primera en estar lista ?porque si hay algo que me gusta es bailar. Bailo de todo, valses, folclore, pasodobles. Hace unos días estuve en el cumpleaños de quince de una bisnieta y fuimos a las nueve de la noche y regresamos a las 8 de la mañana?.
Llegar entera
La mujer sigue contando aspectos de su vida y uno piensa que seguramente se cuida en las comidas: ?Al contrario ?afirma- como todo lo que me gusta y además no me privo de un buen vino y también de algún whisky?. Esta racinguista a la que encanta mirar deportes por televisión: ?Tenis, básquet, fútbol, y si juega Racing se para todo?, también sabe de turf y de vez en cuando se juega una boleta de la quiniela. En cuanto a los informativos por televisión no le atraen tanto ?porque siempre cuentan cosas tristes?.
Si hay algo que se lamenta, Magdalena ?a pesar de que desde los setenta no vota- es que en las pasadas elecciones sí iba a hacerlo porque su nieto Mario Zuasnábar estaba en una lista, pero ?lamentablemente me enfermé y no pude, qué lástima?.
Y la gente llena la casa, también se acercan los vecinos que vienen a saludar a Magdalena, una mujer con garra, templanza y una gran cuota de afecto que ha hecho que se la quiera tanto.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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