El agua no apagó el fuego del ruego
Las primeras gotas de lluvia empujaron la catarsis de un grupo de tandilenses que en el atardecer de ayer, en el veredón de la Municipalidad, se manifestó en reclamo de seguridad y justicia. Desde las 19, espontánea y tímidamente fueron acercándose a la Plaza Independencia para expresar una mezcla de dolor, bronca e impotencia por los hechos delictivos, con el homicidio de Luis Cano como una herida recién abierta.
?Me siento dolido porque ha venido muy poca gente. El Intendente tenía otro compromiso, pero me parece que la seguridad debería ser lo primordial para él, y no sólo en tiempos de campaña. Los políticos se olvidan… Quiero que nos juntemos el martes que viene y los que sean necesarios, para que se esclarezcan los hechos delictivos en Tandil. Soy comerciante y, en verdad, como están las cosas, era de esperar que pudiera pasar algo como lo que le pasó al señor Cano?. Juan Sosa, víctima de dos asaltos, rompió el hielo y le habló familiarmente a las alrededor de cien personas que tenían lo suyo para decir.
Inmediatamente, otras voces anónimas se hicieron oír en un tono conmovedor. Como la de una mujer que se dijo ?preocupada por la cuestión ciudadana. No podemos sólo pedir a los funcionarios y a la policía que hagan algo, si no les indicamos qué. Debemos indicarles, desde nuestra presencia acá, adónde está el problema?. ?Se trata de la vida?, la interrumpió otra mujer. ?Sí, de la vida, de la tranquilidad, de la paz, de no vivir con miedo?, cerró.
Un hombre, que se identificó como vecino de Luis Cano, relató su peregrinar por los despachos oficiales junto al comerciante asesinado, cuando éste emprendió una cruzada por mayor seguridad.
?Al principio, todo mejoró. Hubo más patrullajes y prevención, pero después de un tiempo, todo se olvida?, recordó acerca de lo sucedido en aquella oportunidad en el barrio parque El Calvario. Asimismo, no ahorró críticas hacia la intervención de la fiscalía en otro caso: ?Demoró en extender una orden de allanamiento y, cuando la dio, las cosas robadas ya no estaban?.
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El espontáneo cierre, bajo una intensa cortina de agua, encontró a Cristian, nieto de Margarita Herrera, la mujer asesinada en agosto del pasado año, pidiendo con énfasis y entre aplausos continuar la lucha, ?para no aflojar y volver a estar acá el martes (a las 20)?.
Poco antes, en diálogo con Multimedios El Eco, el joven sostuvo que ?me he acercado a acompañar a esta familia, que está pasando un momento duro, como lo pasamos nosotros. Uno se encuentra desolado, porque este fenómeno de la inseguridad crece cada día más en Tandil y no se sabe cómo combatirlo?.
Agregó que ?la situación de los que trabajan, de los que pretenden hacer las cosas bien, no es entendida por nadie. Hoy estamos golpeados anímicamente, tanto por nuestro caso, como por el de Cano. ¿Qué podemos hacer? ¿No nos queda otra que encerrarnos en nuestras casas, mientras los delincuentes andan libres por toda la ciudad?, se preguntó.
Asimismo, pidió ?más seguridad y mayores penas para los delincuentes, porque del modo en que vamos, todo quedará en la nada. Y esto no va a frenar, sino que va a suceder cada vez más si no nos ponemos los puntos claros como sociedad?, y lo ejemplificó al mencionar algunos casos de la extensa lista de crímenes acaecidos en Tandil en poco más de una década.
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