El árbol ajeno
Basado en su experiencia adquirida en Capital Federal, el ingeniero Carlos Anaya dijo que no observa una real conciencia ciudadana hacia el arbolado urbano.
?A la gente le gusta el árbol, pero el del vecino, no el propio. El propio le molesta, porque le tira hojas, flores, o frutos, por lo que tiene que barrer, limpiar los techos. Pero luego se queja cuando el vecino de enfrente saca el árbol?, ejemplificó.
Acotó que ?en general, en ciudades muy pobladas y donde el clima es bastante benévolo, no hay una gran valoración y conciencia de lo que cuesta hacer crecer un árbol?.*
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