El arte, a la vuelta de la esquina
Lleva el dripping en la piel y la pintura en el alma. Para el primero de los casos (el dripping, una técnica que básicamente consiste en pintar valiéndose de lo que el pincel chorrea o salpica), dos horas bajo la ducha, cepillo y jabón bastan. Para lo otro, no hay remedio.
Jessica Ferraiuolo parece extremadamente tímida. Probablemente lo sea. Sus palabras -meditadas hasta convertirse en frases- son mínimas. Piensa cada respuesta y por lo general antecede un no sé, un creo, un me parece… Hay cierto relativismo en la manera de expresarse verbalmente en esta artista plástica, que contrasta notablemente con su obra, de una contundencia certera. No hay un mínimo espacio en sus cuadros que no abunden en algo: en color, en líneas, en pinceladas. Y hay, en su diálogo, pequeños océanos de silencios y frases inconclusas.
Parece tímida y probablemente lo sea. Sin embargo, su obra (esto es, la voluntaria expresión de lo que un artista lleva dentro) es vista a diario por cientos de personas. Por miles.
Es la autora de siete murales ubicados en distintos puntos de Tandil. Dos en Villa Italia, uno en el barrio 25 de Mayo, en la plazita del Tango, en Paz y Maipú… Y también tiene otros tres en Vela.
Fue convocada por la Municipalidad, a través de la Dirección de Cultura, en el marco de la política de embellecimiento de lugares públicos.
Por estas horas, está restaurando el mural de El Quijote, que ella misma pintó hace ya cuatro años.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPollock o la voladura de cabeza
Atrás quedó una jornada de trabajo y el regreso a casa es el máximo deseo a punto de cumplirse. ?A veces termino muy cansada física y mentalmente y me doy cuenta de que ese es el momento de parar. Porque si no, uno lo que hace es llenar espacios?, se autoconvence.
El mural de El Quijote, de Paz y Maipú, la convoca casi diariamente en la tarea de restauración solicitada por la Municipalidad. Pero como se aburre ?de hacer siempre lo mismo?, decidió encarar la tarea con otra técnica.
?Pensé en algo no improvisado, pero tampoco tan atado a la figuración, con formas más abiertas, la técnica se llama dripping (chorreado)? y es la culpable de que Jessica llegue a su casa hecha ella misma, prácticamente un mural caminando.
?Soy un desastre, me pinto toda, el pelo, la cara, los ojos… A veces me da vergüenza de que la gente me vea así?, confiesa, afirmando su condición de tímida.
Dice que le ?voló la cabeza? la película Pollock (basada en la vida del pintor norteamericano muerto en 1956 y uno de los íconos del expresionismo abstracto). En el film, interpretado por Ed Harris, el protagonista pinta un cuadro utilizando la técnica del dripping.
No fue fácil adaptarlo a un mural, ya que en una pared ?el chorreado se hace incontrolable y en algún sentido hay que mantener el tema y la figuración. Obvio, la idea es que las figuras pierdan los contornos, que sea más sugerente, no tan explícito todo. Lo estaba haciendo en cuadros acá en mi casa, pero es la primera vez que lo llevo a un muro?.
?En un cuadro -explica- se puede controlar más, porque en realidad se hace sobre el piso. Se utiliza sintético bien espeso, de manera tal de poder manejarlo como un hilo. Uno juega con la línea y se puede modelar mejor. En la pared, sale lo que la pared quiere. Eso te condiciona. No manejo tanto el resultado, no tengo seguro lo que quiero hacer. Lo voy viendo sobre la marcha; algunos chorreados me sirven los aprovecho, a otros los tengo que tapar porque molestan a la vista. Pero en definitiva, la obra se va formando con lo que va saliendo?.
Para la restauración del mural de El Quijote utilizó seis chapas que fueron hechas en su casa e integradas al muro. ?En un principio la diferencia entre ambos era evidente, pero de a poco fui integrándolos?, agrega.
El arte empieza por casa
-¿Creés que la gente de Tandil está preparada para ver un mural con esta técnica?
-La que no estoy preparada para responder esa pregunta soy yo. Ahora que estoy trabajando, la gente viene y me pide explicaciones. Y la verdad cada vez tengo menos ganas de explicar lo que hago. Porque no hay un porqué. Me preguntan si va a seguir siendo la misma temática de El Quijote o dónde quedaron las figuras que estaban. En realidad, lo que cambia es la técnica, pero se respetaron todas las figuras.
Fundamentando el cambio de técnica a la hora de restauración de su propia obra, Jessica considera que ?restaurarlo tal cual estaba no tenía sentido. Además, las imágenes me parecen muy de ilustración, muy duras. No quiero delimitar tanto la figura, el fondo, me gustaría que fuera un espacio de continua competencia entre la figura y el fondo?.
-¿Cómo surge tu relación con el Municipio?
-Se dio con el primer mural, en el barrio 25 de Mayo, frente a la parroquia de San Cayetano. Es un mural con escenas circenses: un elefante, unos acróbatas, unos monos. Como justo estaba con la temática del circo, se hizo una muestra en la capilla, entonces me invitó (la directora del Museo) Indiana Gnochini. Surgió de ella si me interesaba hacer un mural con la temática de la muestra, sobre el circo.
Ahí comenzó el tema. Vieron la obra y surgió la posibilidad de armonizar los espacios públicos, la idea de los murales. Es básicamente eso.
-Y ahora te convocaron nuevamente para restaurar uno de esos murales.
-Como el mural era mío, era yo quien lo tenía que restaurar. Al principio costó un poco explicar lo que quería hacer, porque ni siquiera yo sabía bien lo que quería. Quería trabajar con chapa. Quería trabajar un poco en casa, para distenderme un poco más y ver qué elementos podía hacer acá que pudiera llevar al muro.
-¿Por qué trabajar en tu casa?
-No me gusta demasiado trabajar en la calle. En tu casa tenés el cuadro empezado y lo vas trabajando cuando tenés ganas, cuando tenés tiempo. En la calle sé que tengo que estar toda la mañana, pasar el mediodía, y eso es como que me ata un poco. Porque por ahí no tengo ganas de estar pintando durante seis horas. Además, no me puedo tomar un ?recreo?, porque después de hacer semejante despliegue de material no se puede desaprovechar el tiempo. Además, puede llover. En cambio si podés trabajar en tu casa, lo hacés más relajado, los resultados son otros. En la calle no me concentro demasiado…
Estética urbana
-¿Cuántos murales llevás hechos?
-En el barrio 25 de Mayo, dos en Villa Italia, el de El Quijote, el del tango, el del Tata Dios y el de El Principito. Siete en Tandil y tres en Vela.
Son pocos los que me gustan realmente. Me gustaron en su momento, ahora no.
-¿Esto es por una cuestión de evolución en tu carrera?
-Qué se yo… No sé si es una evolución para bien o para mal. Pero hay algunos que hasta me molestan cuando los veo ahí en la calle.
-Bueno, supongo que a todo artista le debe pasar de que no le gusten sus obras anteriores. Me imagino un cantante, por ejemplo.
-El tema es cuando el registro es fijo, cuando no lo podés cambiar. Realmente me hace mal, es molesto. Hay cosas que cambiaría ya.
-En general, se puede decir que la gente respeta tus murales, no los estropea…
-No. Por ahí, el típico aerosol o el liquid. El que está frente a la Escuela Técnica está lleno de liquid; es como si los chicos dejaran su sello. No me molesta. Con esta técnica no me molesta tanto que si fuera algo más delimitado. Por ejemplo, al del tango lo han rayado cantidad, pero como tiene tanto color y pincelada es como que la tachadura, los rayones, las marcas dejan su huella, como que se integran, siempre que no se haga con maldad. Existe como una interacción entre el que pasea, el que pasa por el lugar, los chicos que salen de la escuela…
Me dejó de molestar, al principio tal vez me dolía un poco. Pero una vez que se termina un mural ya no es tuyo, es de la calle. Estaría bueno hacer muros para eso, para que la gente, los chicos, dejen su impronta. Hay algunas cosas de una calidad artística muy buena. A veces veo las pegatinas de afiches que se dan espontáneamente y me encantan, es agradable, siempre que no sea con maldad. Hay cosas que son estéticas, no hacen mal a la vista. Están buenas siempre y cuando no dañen el paisaje urbano y aprovechando construcciones abandonadas. Crean una estética urbana interesante.
-¿Cuando vas a otras ciudades apreciás estas cosas?
-No viajo. No me muevo de Tandil.
-¿Por convicción?
-No, es que no tengo tiempo o no me lo tomo. El verano pasa rápido; después en el invierno están las actividades. No me tomo ese tiempo para distenderme y disfrutar. Y cuando lo hago, aprovecho para dibujar y pintar.
-¿Dibujar y pintar es lo mismo?
-Para mí, el dibujo es básico, fundamental. Es la estructura de cualquier cosa que quieras encarar: la pintura, la escultura, el grabado. Es el soporte. Es como un edificio. Si desde lo compositivo empezás mal, podés disimularlo desde el color, pero difícilmente lo logres. El dibujo es fundamental para que se sostenga la pintura. Me tomo ese tiempo para la composición. Además me encanta dibujar.
-O sea, que en el caso de los murales, hay un trabajo previo a la pintura propiamente dicha.
-Sí, siempre. En este caso, el diseño ya está armado. Lo disfruto por el tema del color. Pero cuando empiezo un mural tal vez me aburro un poco hasta lograr el diseño y empezar con el color. Pero el dibujo es fundamental.
Un cambio de actitud
-Estudiaste en el IPAT, ¿te sirvió la carrera?
-Sí.
-¿No renegás de lo que aprendiste o no aprendiste?
-Por ahí en un principio ves que te faltan cosas. Pero está en uno preocuparse ir incorporándolas. Todo profesor te ofrece algo y está en vos aprovecharlo o no. De todos podés extraer algo. Además, siempre trato de seguir aggiornandome.
-¿A quién admirás en lo tuyo?
-No… Qué se yo. La verdad que no. A nadie. ¿Nombres? Uno en su momento idealizó a determinadas personas. Ahora me aíslo bastante, no miro demasiadas obras.
-¿También por imposición?
-No. No sé por qué no voy a muestras ni miro demasiado… No sé qué explicación tiene. Ahora es tan amplio el abanico. Por ahí hay una camada de chicos jóvenes acá en Tandil, que me gusta porque se animan a mostrar. Hace que la obra circule. Eso es importante; es una forma de hacerse conocer.
A mí tal vez me falte eso. Pinto y dibujo como una necesidad interior. El tema de la calle es buena posibilidad que me dieron para que la gente vea mi obra. La idea es empezar a mandar a salones. Siempre me lo digo, pero el placer de pintar queda ahí y el otro trabajo, estar vinculada con la tecnología, contactarse con gente, no me gusta. Yo soy muy mala para esa parte. Sé que es necesario, pero soy ignorante en ese aspecto, nunca me interesó ni me preocupé. Entonces no tengo a nadie que me haga ese laburo, meterse en salones o ver cómo es el envío de las obras. Y siempre digo que me voy a poner a hacerlo. Pero pasa el tiempo, sigo pintando porque me hace bien pintar y no muestro lo que hago.
-O sea que en algún sentido, la obra queda incompleta porque le falta la mirada del otro.
-Uno pinta para que el otro vea lo que hacés. Más allá de que tenga una crítica positiva o negativa, que también es bueno. Ahora sí estoy más abierta a que me critiquen. En un principio a uno le parece que todo lo que hacés tiene que ser aceptable. Hay críticas que son con buenas intenciones y otras que son destructivas. Pero de todas podés sacar algo bueno. Cosas que me han dolido en su momento, ahora, tomando distancia, las relaciono con lo que hice y en realidad en algunos aspectos encuentro razones a lo que me criticaban.
-¿Qué era, básicamente?
-Por ahí no enfocarme tanto en la temática, en el mensaje, en lo narrativo y valorizar en cierta forma los aspectos formales de la pintura, el color, la composición la expresión. Lo que estoy haciendo ahora es desvincularme del tema de lo narrativo, también desvincularme de lo patético, de los males míos interiores, no reflejarlos en la tela, no hacer crítica social. Estoy tratando de pintar algo más alegre, que me haga bien.
Hubo un momento en que me empezó a molestar eso, las temáticas que eran dolorosas, de mucha crítica social.
Y decidí desvincularme más de la temática y disfrutar más de los valores que tiene la pintura. No contar tanto, prefiero sugerir y que el espectador complete la obra y no quede algo tan explicito representado.
El hecho de cargar tanto la obra tiene que ver con mi personalidad. Estoy todo el día buscando, buscando, tampoco sé lo que quiero hacer. Viste que no son superficies tranquilas, está todo lleno, es como que la pintura tiene mucho ruido… Y bueno, superficies calmas no voy a poder pintar. Nunca.
-¿Ese sería tu estilo?
-Sí, tiene que ver con el estilo pero más con la personalidad. Estoy en continua búsqueda y en la tela me pasa lo mismo.
Completar la obra con la mirada del otro
-¿Con qué soporte te sentís mejor?
-Me gusta el liencillo, los bastidores, las telas. Y si las superficies son grandes, si llegás a mandar a algún lado, tiene que tener buenas estructuras porque las telas pueden romperse. Entonces ahora trabajo con fibrofácil entelado. Pinto más cómoda, porque no se deforma y la textura sigue siendo el liencillo en un soporte más rígido.
Una tela que tenía guardada en un taller, me la agarró una rata y le hizo dos agujeros gigantes. La madera es noble.
También me gusta dibujar, es permanente, dibujo y pinto a la vez. Siempre hago un boceto, una idea. El dibujo es un ejercicio constante.
-Hablabas de una nueva generación que se está animando a mostrar lo que hace. ¿Cuáles son los circuitos acá en Tandil para mostrar una obra?
-Sí, es cierto. Nunca me puse a pensar. Por ahí, instituciones que no están vinculadas con lo artístico. Por ahí, algún café, una casa de decoración, o la AFIP, por ejemplo, que presta sus instalaciones. La Incubadora de Arte, en el Ferrocarril, el Taller de los Picapedreros; espacios alternativos.
Es un trabajo bastante solitario y si vos podés juntarte con gente que más o menos tiene los mismos intereses es más llevadero. Me han dicho que soy individualista. Pero me gusta trabajar sola. Y me lo han cuestionado. Pero es un poco mi historia, es lo que siento, lo que estoy haciendo en este momento Me cuesta mucho compartir una pared.
Tal vez no está bien, tendría que permitirme la experiencia de pintar con otras personas. Pero por el momento, prefiero hacerlo sola.
-¿La creación no es un acto individual?
-En realidad está bueno compartir. Me pasa que tampoco me siento cómoda con todo el mundo. No tiene que ver tanto con una cuestión de estilos, sino con respetarse cada uno lo que quiere expresar en ese momento. Hay gente que te da cierto temor de que opine sobre tu obra. Es un ambiente bravo, digamos, mucha competencia. Como todo.
En realidad, prefiero trabajar sola, mientras pueda sostenerlo…
-¿Cómo te ves de acá a cinco años?
-Uy, no sé. Nunca me puse a pensar.
-Bueno, ¿de acá a dos meses?
-No, en realidad, este es mi cable a tierra. Estaría bueno que la obra circule. Me propuse empezar este año y ver si puedo exponer en algún salón en Buenos Aires. En realidad es algo que me preocupa. Es el ritmo de vida que no te permite frenar y encima hay que invertir plata: el seguro, el traslado, todo demanda cierto dinero y a veces es difícil.
De pintar siempre tengo ganas, pero tengo que ponerme las pilas por eso lado: ¿pintaste? bueno, ahora la obra hay que mostrarla.
-La idea es llegar a Buenos Aires
-Por lo menos mandar una vez al año a algún salón. Ver qué grado de aceptación tiene la obra: si la aceptan, si la rechazan. No aspiro a ningún premio. Por ahora no espero nada más allá de ver cómo funciona en determinados salones mi nueva propuesta. Sé que es algo totalmente nuevo, otra técnica, otra historia. Me estoy desprendiendo de lo narrativo, más allá de que siempre se cuenta algo, dándole más importancia a otros valores.
-¿Estás preparada para las críticas?
-Sí. En la calle eso es continuo. Me piden explicaciones. Sobre todo la gente grande, se para a hablarme. Igual ahora es como que hablo poco y sigo trabajando porque si no me olvido; me quedo con el pincel en la mano y no sé dónde iba el color. En realidad, la gente es muy buena, realmente lo siento así. Por ahí me piden explicaciones constantemente y no sé si tengo muchas ganas de explicar, prefiero que hagan la lectura ellos.
Sobre todo la gente grande está más prendida a la figuración. Por ahí los pibes te dicen uy qué flashero o (como se dice ahora) alto mural. Pero la gente grande está esperando ver la figura, si voy a dejar El Quijote o el perro. Entonces, me pongo el cassette y explico.
El temor a las alturas
-¿Con el clima cómo te llevás?
-Bárbaro, está haciendo unos días espléndidos.
-La lluvia seguramente juega en contra.
-Sí, es imposible pintar con lluvia. A partir de esta época del año las paredes comienzan a despedir cierta humedad, así que de acá a un mes tendría que tener este trabajo listo. No conviene trabajar en invierno.
Me ha pasado, con el Tata Dios: se despegaba la película de pintura. Terminaba de pintar y sacaba los dibujos íntegros. Un día me fui llorando. Sabía que no tenía que ir, porque había mucha humedad. Pero iba de ansiosa que soy y empezaba a pintar… para nada.
Lo que pasa que a los tiempos no los manejo yo de cuando pintar. Pero ahora, como los murales están hechos y la superficie está fijada, no hay tanto riesgo. El problema es cuando hacen paredes para pintarlas y la superficie no está del todo asentada, ahí tenés problemas.
-¿Requieren de un tratamiento previo?
-Lijarlas, pasarles fijador y alguna base acrílica. Básicamente eso. Y que la pared sea vieja en lo posible, pero en buen estado. No conviene hacer paredes nuevas porque los materiales siguen trabajando con el tiempo y eso aflora en la superficie y te modifica un mural.
-Una vez que termines El Quijote, ¿seguís con otros?
-No, hay que mantenerlos, restaurar dos más. El Principito es uno de ellos. Pero no hay apuro. No me gusta que me pongan fechas. Aprendí a disfrutarlo. No quiero estar sacrificándome, por ahí antes estaba desde las siete y media de la mañana hasta las cinco de la tarde. Las últimas cinco horas hacés cualquier cosa. Empezás a cubrir espacios y no tenés una lectura crítica ni comprensiva de lo que estás haciendo. Entonces ahora paro, guardo todo y me voy. Es lo mejor. No hay apuro.
Ahora disfruto cuando lo hago. Antes era tortuoso. Me pasó en Vela, por ejemplo, porque no me podía venir. Empezaba a las 8 de la mañana y hasta las cinco y media de la tarde tenía que estar allá. Era terrible, porque no me gusta parar, no almuerzo, nada.
-¿Cuando vas por la calle decís acá podría ir un mural?
No, ya no quedan muchos espacios en la ciudad. Por ahí me alegraría que otra gente también pinte. Me hace bien que otros tengan la posibilidad de pintar. No me gusta ser sola en esto. Por eso, te digo que hay una movida interesante. Por ejemplo, Fermín Esponda ha hecho una reconstrucción del submarino de los Beatles muy buena, en calle 25 de Mayo. Y me gusta mucho verlo, me alegra, me hace bien que haya otra gente.
Tengo que agradecer que las paredes que me dieron están buenísimas. Son esquinas bárbaras.
No veo paredes grandes ahora. Están desapareciendo del centro; en los barrios hay más. Obvio que hay puntos estratégicos que te seducen mucho más.
-¿El murallón por ejemplo?
-Lo pensé. Pero no sé el tema de la humedad. Y debido a la inclinación; habría que poner andamios. Pero le tengo miedo a las alturas, no puedo subirme a un andamio.
-Pintás murales, a pesar de que no te gusta mucho trabajar en la calle y de que le tenés miedo a las alturas…
-Soy una contradicción. Pero bueno, hay aceptarlo, lo hago porque no me queda otra.
Hace dos años no podía subir más de cinco escalones. Las veces que me armaron andamios y ni siquiera pude subir. Lo que me consigo ahora son escaleras muy altas, pero no es lo ideal. Uso extensores con rodillos; no sé qué va a pasar cuando tenga que utilizar pinceles. Por lo pronto, busqué excusas que me permitiera usar el rodillo en las partes más altas. No quiero que pase esto. Quiero llegar a la parte superior tranquila. Es como que los andamios no son demasiado seguros queda mucho espacio vacío. También uno tiene que cuidarse.
Tengo un límite de altura que no lo pude superar todavía. Además el pánico te paraliza. En la parte más alta, en el último escalón, en la parte de arriba trato de no hacer figuras muy complejas. Hay cosas que la disfrutas y otras que la padecés. A la altura, la padezco.
-¿Cuando terminás te tomás tu tiempo para sentarte y ver tu obra concluida?
– No, me voy. Siempre digo lo mismo: el último día me siento y lo miro. Pero cuando llega el momento, junto los pinceles y me voy. Por ahí paso a la semana.
Señorita profesora
-¿Te gusta ejercer la docencia?
-No quiero mentir. Cómo puedo explicarlo… Hay determinadas materias que me interesan más que otras. Algunas están vinculadas a las disciplinas que más me interesan. Por ahí hay escuelas donde la enseñanza de las artes es más convencional y tampoco el perfil de la escuela es artístico. Peor hay lugares más emparentados con lo que me gusta hacer y veo que puedo ofrecer a los chicos más herramientas y ellos me ayudan a modificar distintos aspectos de lo que hago.
-¿Los pibes por lo general se enganchan con el arte?
-Para los más chicos, la hora de plástica está asociada más a la recreación, a la hora libre. Tratar de incluir teoría, historia del arte, más allá de que esté en un producto visual, cuesta. En la enseñanza de las artes hay cosas que son históricas, por eso cuesta un poco modificar algunos aspectos.
Digamos que me hubiera interesado enseñar en espacios abiertos, la idea de tener a los chicos encerrados no es muy buena (sí por una cuestión de disciplina y convencionalismos). Si se pudieran cambiar de ámbitos, con grupos más reducidos, sacarlos afuera, creo que sería mejor. En el salón se sienten encerrados, como nos sentimos todos. A mí me pasa lo mismo.
Gente de barrio
La tarea de pintar un mural no es sencilla. Y no sólo en lo que a la parte estrictamente artística se refiere; también está la logística. Tarros de pinturas, pinceles, lonas, escaleras. Una cantidad de objetos que es necesario llevar y traer todos los días.
Jessica sabe de esos contratiempos. Los padece.
Por eso, la aparición de almas sensibles es más que valorada.
En tal sentido, la artista no quiere dejar pasar por alto la oportunidad de agradecer y realzar el gesto de Osvaldo Metilli, un vecino de la zona de la Escuela Técnica que cuenta con unas cocheras sobre calle Maipú.
?El mismo se acercó y de manera totalmente desinteresada me ofreció guardarme las cosas en su propiedad. Es una persona muy cálida que me ayuda muchísimo. Lo de este hombre es admirable, porque hoy nadie hace nada sin algo a cambio?.
?Por suerte, todavía queda gente así, gente de barrio, buena..?.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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