El arte los cría, el teatro los junta
Es jueves. Faltan poco más de 24 horas para el estreno de ?Gringo Golondro?. Hay una atmósfera especial en El Club del Teatro: una mezcla de expectativa, nervios, ansiedad y gritos. Se abre una puerta y aparece Sergio Saltapé, director de la obra. Saluda, efusivo, contento y desaparece. Pasará otro par de minutos para que emerja desde el otro extremo del pasillo y diga ahora sí, pasen por acá.
Se lo presume nervioso y no es para menos. Está a un día de poner en escena la segunda obra elaborada en esta suerte de sociedad que han sellado con Javier Lester Abalsamo (a propósito, Javier todavía no llegó y lo hace llamar por teléfono).
Esta vez, los roles se invierten. En ?Encantado de conocerme?, Sergio subió a escena en la piel de un clown que, cuando las luces se apagan, los aplausos se silencian y las voces expiran, vuelve a la soledad de su vida.
Una obra que logró una notable respuesta del público y que dejó muy satisfechos a sus creadores, el propio Sergio y su amigo Javier, en el rol de director.
Ahora director y actor invierten roles para reflejar la historia de un inmigrante italiano en ?Gringo golondro?, la segunda obra del dúo, que se estrenó el viernes. Apenas 24 horas después de esta charla que estamos a punto de iniciar.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDel barrio no me voy
Casi no fue necesaria la pregunta. Sergio arranca con su infancia en el barrio de la Estación, con su padre ferroviario, con la Escuela 37. Media hora más tarde, se daría un tiempo para respirar e interrumpir un caudal de anécdotas, historias y razonamientos acera de su pasión: el teatro. En el medio, entró dos o tres veces Luciano (el escenógrafo e iluminador), llegó Javier, Catalina Landívar (del ?elenco estable? de El Club) abrió la puerta, pidió perdón por la interrupción y la cerró…
Se lo ve tan contento que parece que no estuviera nervioso. Tal vez no lo esté, pero el cronista no va a dejar de usufructuar del preconcepto que habla de los nervios del pre-estreno.
?Soy hijo de ferroviario ?arranca-, pero recién llegué al barrio a los 4 ó 5 años. Nos fuimos a vivir a una casa de Arana entre Montiel y 11 de Septiembre, a una cuadra de la Estación y a tres de La Confraternidad, donde actué y fue realmente muy bueno, saber que ese lugar cuenta con una historia especial de toda una movida cultural de los trabajadores del tren?.
El primario fue en la Escuela 37 y el secundario lo empezó más allá de la ruta, en Villa Alduncin. ?Pero después dejé y seguí a la noche?, aclara y se ríe.
Contextualiza su historia social y familiar como producto de ?clase media trabajadora, que sufrió los menesteres del menemismo. Mi viejo quedó en la calle y fue bravo, porque era en la época en que si tenías 50 años no te tomaba nadie?.
?No soy de esos tipos que de pibe ya sabían que iban a ser actor?, aclara y busca un ejemplo ?quizás no el mejor-: ?como Mirtha Legrand?.
Por eso, cuando terminó el secundario no sabía si ser abogado, ingeniero o qué. Sí sabía que el teatro le permitiría hacer ?un montón de cosas?, por eso se anotó en un taller de El Club del Teatro. Fue hace casi doce años y ese lugar se ha convertido casi en su hogar.
Entre sus compañeros del taller estaba Marcos Casanova; las clases estaban a cargo de Alejandra Casanova y Marcela Juárez. ?En ese primer año, la obra final que hicimos fue Tartufo, y como faltaba un personaje lo invitaron a participar a Nacho Claret?.
?Pegamos buena onda?, sintetiza. Tanta que al segundo años, junto a Casanova, formarían Correveydile. Era el año 2000 y aquel incipiente grupo independiente compuso su primera muestra: ?una barrabasada. Una cosa muy bizarra, que cuando Marcela (Juárez) la vio, nos dijo que era una guarangada?.
Corre, ve y actúa
Poco más tarde decidió ingresar a la Facultad de Teatro, pero en calidad de ?no residente?. Iba todos ?o casi todos- los sábados. Sólo hizo las prácticas. Recién al año siguiente -2002- se decidiría a ingresar formalmente a la Universidad. Allí conocería a Javier Lester.
En los primeros pasos de Correveydile, Pepo Sanzano les dio una gran ayuda. ?A pesar de que él estaba trabajando con `Los Cuatro` ?cuenta Sergio- nos ayudó y guió mucho. Hicimos el primer estreno y recuerdo que nos fue a ver Daniel Mutti. Cuando terminó la obra nos dijo `ustedes tendrían que ponerle música en vivo. Yo toco el teclado`. Y así fue que se sumó. Para el próximo espectáculo ya formaba parte del grupo. ?Con Dani armamos una cosa más musical?.
La actividad artística de Saltapé era intensa. Además de la facultad, continuaba en El Club del Teatro, seguía con Correveydile y participaba de obras en la Universidad. Paralelamente comenzó a capacitarse en zancos y malabares. Fueron tres o cuatro años intensos y cuando ?llegó un poco el afloje? de Correveydile, se enganchó con ?Los Tri-tri?, otro grupo independiente.
?Empecé de onda, dando una mano. La cosa fue creciendo de la mano de Mario Valiente como director. Cuando empezó a dirigirnos Pepo había una necesidad técnica más importante, porque la propuesta planteaba nuevos desafíos. De hacer la parte técnica pasé a estar atrás del escenario, ayudando a los chicos. Al final, en ese espectáculo terminé apareciendo cinco segundos. Era ?Tricircus?. Lo llevamos a varios lados; ganamos el Provincial (de Teatro) y representando a la provincia participamos del Nacional en La Rioja?.
En el segundo espectáculo con El Trío, y siempre de la mano de Pepo, la participación de Saltapé creció y ya en el tercero ?éramos cinco arriba del escenario: una banda?.
Paralelamente nacía en Sergio la necesidad de hacer algo solo. Comenzó una búsqueda que pasó por el stand up, por los textos de autor ?por pedirle a alguien que me escriba o ponerme a escribir yo ?relata-. En 2007 hice un taller de clown que me confirmó que verdaderamente me gustaba. Ahí decidí hacerlo en clave de clown?. No sabía el qué, pero sí el cómo?.
El viaje
Fue en el verano de 2007 cuando la sociedad Saltapé-Lester iba a dar un primer gran paso. Sergio relata que ?un día apareció Javier y me dijo `me voy de viaje al norte, mi hermano no quiere ir, ¿venís vos?`. Y la verdad yo me debía un viaje, siempre había querido salir de mochilero, pero por cuestiones de laburo me colgaba. Así que le dije que sí?.
En ese viaje lo pone al tanto a Javier de sus ganas de hacer algo solo, le cuenta lo que venía haciendo y le propone dirigirlo. ?No?, fue la respuesta de Lester, que nunca había dirigido. ?Bueno, pero entonces, aunque sea vení a ver lo que estoy haciendo?.
La opinión de Javier después de la primera vez que lo vio, fue contundente: ?No, así no. Ese sos vos, buscá por otro lado?. Al encuentro siguiente, le dijo que la cosa iba mejorando y al tercero, se convenció: ?Está bien, te voy a dirigir?.
Sergio cuenta que la experiencia ?fue buenísima. Porque cuando uno actúa solo, necesita confiar en alguien. Y con Javier compartimos cuestiones artísticas, estéticas, nos tenemos confianza, vemos el teatro de la misma manera?.
Aquella primera obra ??Encantado de conocerme?- dio sus frutos no sólo en cuanto a éxito y aprobación de público: ?Encontramos una poética. Dijimos todo lo que queríamos contar, que al principio nos parecía que no lo íbamos a lograr. Además, la gente nos devolvía su aceptación. En lo personal fue un aprendizaje y las ganas de seguir haciendo cosas?, confiesa Sergio.
De esas ganas nació ?Gringo Golondro?.
La primera es gratis
Sergio se toma un respiro en la charla. Para este entonces, Javier Lester ya había llegado. Lo hizo en silencio, prácticamente deslizándose para pasar inadvertido. A diferencia de Sergio ?un vendaval de palabras y gestos- Javier impacta con su serenidad y sus frases cortas.
?Empecé en La Red ?recuerda-, con María Molina y Mary Boggio. Yo tampoco sabía que quería ser actor; me metí porque las primeras clases en todos los lugares culturales y en los clubes son gratis. Fue a los 15 ó 16. Estuve cuatro años ahí y después me anoté en la Facultad?.
Cuenta que estuvo viviendo un año en la Capital. Y fue allá donde se dio cuenta que ?la cosa pasa por adentro de uno. Te dicen que en Capital está todo, las herramientas, los lugares, las personas. Bueno, sí, puede ser. Pero la cuestión principalmente pasa por lo que uno quiere contar, por hacer en el arte. No por una cuestión económica o de fama. Uno quiere hacer y allá en Capital podés hacer una producción por año y acá tranquilamente hacés cuatro o cinco. Entonces preferí volverme?.
Sintético, de aquel paso por Buenos Aires, salta al viaje hacia el norte con Sergio y a este presente.
Cuestión de familia
-¿Cuál fue la reacción en tu familia cuando les dijiste que ibas a hacer teatro?
Sergio: -Siempre fue la mejor. Obviamente, me miraron con cara de que me voy a c… de hambre. Igual, yo tengo la costumbre de no preguntar, sino de dar el aviso. Entonces no me quedé esperando una respuesta. Pero ellos me vieron que empezó como hobby, pero después se fue profesionalizado. Son cosas que están viendo. No es que vivo tirado en mi cama, esperando que me toque la varita mágica o convertirme en John Lennon. Uno la rema, la sufre… Y ellos me hacen el aguante.
Javier: -En mi caso, nunca me dijeron `dedicate al teatro`. Mi viejo (Julio, el Colorado) venía de las obras pero no se hablaba mucho de eso. Yo lo tomaba como una actividad más. Y él nunca me dijo que estudiara teatro, de hecho nunca me dio mucha pelota, no me fue a ver hasta que fui a la Facultad. Después se empezó a dar cuenta que el teatro me gustaba, que me iba a dedicar a esto. Se puso contento con el tema del título que te da la facultad, que no solo es algo artístico sino también pedagógico, que puedas enseñar.
-¿Y cómo te sentís enseñando?
Javier: -Bien, es un buen complemento. Dirigir, actuar y enseñar es un lindo triángulo. Además, los chiquitos te devuelven mucho, son muy crudos, te dicen `esto no me gusta profesor` y tenés que aprender o aprender. A mí me gustan mucho; no tienen filtro, te dicen la posta.
Aptos para todo público
-¿El público de Tandil es siempre el mismo o ha ido variando?
Javier: -Ha crecido mucho en estos últimos años respecto a la actividad cultural. Hace cuatro o cinco años que está comenzando a venir mucha gente al teatro. Antes hacías una función y la mantenías cuatro fines de semana; hoy te podés mantener todo un año. No digo a sala llena, pero sí sabiendo que hay cuarenta personas por fin de semana. Por ejemplo, Marcos Casanova lo demostró.
Sergio: -No obstante, todavía queda gente que me dice `hasta que no me regalan la entrada no voy`. Y yo les digo, dejá de comprar en el supermercado hasta que no te regalen un carrito. O decile al electricista, hasta que no me hagas la instalación no te contrato.
Pero es cierto, hay más público que hace unos años. Fijate, que cuando vienen elencos de Capital siempre andan bien. Y ahora hay casi todos los fines de semana.
-¿Y este tipo de teatro atenta contra las obras de ustedes?
Javier: -En parte. Son públicos diferentes. Nosotros sabemos que cada vez que presentamos un espectáculo hay un público de unas 300 personas que van a ir a lo largo de las distintas presentaciones. Si es bueno, pueden ser más.
En cambio los que van a ver el teatro porteño son una 500 personas.
Sergio: -Sería como una suerte de teatro under y comercial como hubo en una época en Buenos Aires.
Javier: -En Tandil hay mucha variedad. Está el Club del Teatro, La Fábrica. Obviamente, la gente que va a La Fábrica no va a ir a ver una obra de revista, en términos generales. Porque el teatro de la Facultad es o se lo llama más intelectual, más raro para cierta gente.
Sergio: -Igual, la gente siempre tiene miedo al desengaño. Uno cuando pone algo nuevo lo sabe. Y es normal. La gente no se quiere desengañar. Siempre tiene miedo y por ahí por eso mismo miedo pierde alguna oportunidad. Acá ha venido gente por primera vez y se ha mostrado sorprendida y arrepentida por lo que se ha venido perdiendo.
Lo que pasa es que no podemos pretender que el teatro sea popular, porque no lo es. Se necesita un tiempo de adaptarse a creer que es lo que pasa ahí arriba. De creer lo que hacen los actores, de esta energía que es fuerte.
No va a ser popular. Pero tampoco uno tiene que dejar de hacer lo que quiere y lo que le gusta.
-Y a la hora de pensar en una nueva obra, ¿tienen en cuenta el ?aquí y el ahora? (el gusto de la gente) o verdaderamente hacen lo que les viene en gana?
Javier: -Uno está condicionado un poco. A partir de estar con él hemos tratado de hacer siempre lo que queremos. En ?Encantado…? es la historia de un artista que se queda solo, después de los aplausos, de las luces, de la gente, llega a su casa y come solo, se acuesta solo. Tiene algo de soledad la vida del artista en general.
A medida que vas haciendo la estética vas cambiando, vas diciendo esto va a quedar mejor para este lado que para el otro.
Sergio: -En el caso de ?Gringo…?, es una temática universal, la del inmigrante que en mayor o menor medida, nos identifica a todos.
Hay algo que nos moviliza adentro, más allá de que uno piense que vaya a funcionar. No es que uno quiera hacer un éxito para uno solo y que no vaya a nadie. Pero sí es verdad que al final, nos pasa que lo sentimos, que lo hacemos por amor. Que lo que contamos nos moviliza interiormente.
-¿Y qué es lo que viene?
Javier: -La idea es poder viajar. Llevar nuestras tres obras a distintos lugares. Por sus características, lo permiten. Son obras que ?entran en dos valijas?. Además de ?Encantado…? y ?Gringo…? tenemos otra obra (?Picadita circo?) que es más ?de batalla?, para presentar en la calle y en cualquier lado.
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