El botín de la ESMA superaría los 70 millones de dólares, aseguró Gasparini en el juicio
“Me preguntaban mucho por cuestiones financieras: David Graiver y las inversiones de los Montoneros en Cuba; también me interrogaban por unos supuestos doctores Paz y doctor Peñaloa que según ellos iban a retirar dinero a las oficinas de Graiver”, aseguró Gasparini, a quien los militares sindicaban como integrante de la rama financiera de la organización peronista.
Sin embargo, al declarar hoy en el juicio que lleva adelante el Tribunal Oral Federal 5, Gasparini negó esa pertenencia y aseguró que ante el interrogatorio en la sala de torturas él respondió que él no sabía “nada de eso”, y que “sólo conocía lo que se decía en la militancia, que los montoneros tenían un acuerdo con la CGE” cuyo presidente José Ber Gerbard “que estaba exiliado en los Estados Unidos”.
Gasparini fue secuestrado el 10 de enero de 1977, tres meses antes que los integrantes de la familia del banquero Graiver, presuntamente para la cesión de sus bienes, entre ellos las acciones de la empresa Papel Prensa.
Asimismo, afirmó que el “botín” por la venta de propiedades y demás bienes de los casi 5.000 detenidos desaparecidos en la ESMA superaría los 70 millones de dólares.
Al declarar en el juicio por los crímenes cometidos en la dependencia de la Armada, Gasparini incluyó en ese cálculo la venta de numerosos inmuebles en operaciones con civiles “cómplices” que actuaban al servicio de los militares y agregó a aquella suma la venta de ropa y de electrodoméstico de las víctimas.
Para ese cifra también tuvo en cuenta la venta de la empresa Serro Largo SA, que incluía las Chacras de Coria, en Mendoza, propiedad de la familia Cerrutti: fue uno de los casos más resonantes de apropiación de bienes de empresarios, en la que aparece involucrado el ex jefe de la armada Eduardo Emilio Massera, valuadas por entonces en 22 millones de dólares.
En ese sentido, reclamó el enjuiciamiento de los civiles “cuya complicidad ha quedado impune”.
“Habría que determina la complicidad de los civiles con la reventa”, enfatizó el periodista, autor de varios libros -entre ellos “La Pista Suiza”- quien advirtió que los miembros del Grupo de Tareas GT3.3.2 “además de torturar y secuestrar se encargaban de vender los bienes”.
Al respecto, explicó que al ingresar a la ESMA los secuestrados que poseían propiedades debían firmar “en blanco los papeles para su posterior venta”, amenazados de ser investigados por sistemas que ellos poseían para localizar esos inmuebles.
Gasparini señaló como responsable en esas maniobras “inmobiliarias” a uno de los acusados, Jorge Radice, -según dijo- “se encargaba del reciclado blanqueo y la reventa de las propiedades de los secuestrados”.
Para ellos se creaban inmobiliarias o se buscaba la complicidad “de civiles que no tenían vínculo directo con la represión”, denunció el periodista.
Por otra parte, también comprometió a dos de los acusados: el ex capitán Juan Carlos Rolón, a quien sindicó como el jefe del operativo en el que fue asesinada su mujer, Mónica Jauregui, y a Julio Coronel, quien en la audiencia anterior había asegurado que en ese período se encontraba internado en un hospital militar.
Gasparini mencionó a Coronel como uno de los militares que lo acompañó en un viaje a Uruguay en un avión de linea oriental, echando por tierra los argumentos del ex marino, quien asegura que se encuentra en el banquillo de los acusados por un error de nombres.
Respecto de ese viaje, recordó que había sido llevado también por el acusado y ex marino Raúl Scheller para entrevistarse con dos secuestrados de la organización Montoneros, el pianista Miguel Ángel Estrella y el dirigente Rubén Dry para tratar de sacarles información acerca de las finanzas del grupo subversivo.
Al respecto pintó un cuadro dantesco acerca del lugar donde entrevistó a ambos, lo que aparentaba ser un hangar “de techos altos donde los prisiones permanecían colgados, desnudos y maniatados, como una forma de tortura permanente porque no tocaban el piso”.
En el lugar fue recibido por un oficial que “aparentaba ser el jefe de la represión en Uruguay y que se identificó como Nino Gavazzo”, quien hizo traer a Estrella y Dry, ambos trasladados luego a la ESMA.
Dry fue uno de los dos únicos secuestrados en el campo de concentración que pudo fugar.
Al respecto, sostuvo que la entrevista fue breve ya que los dos detenidos “no respondieron nada”; que pasó la noche en un hotel de Montevideo, junto a Scheller y Coronel, para regresar al día siguiente a la ESMA.
En su extensa y pormenorizada declaración, el testigo aseguró que vio con vida en la ESMA a una de las dos monjas francesas, Alice Domón, secuestrada junto con el grupo de la iglesia de la Santa Cruz en diciembre de 1977, en tanto exhibió un antifaz que le habían colocado sus captores, al que definió como “tabique”, que conserva desde entonces.
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