El boxeo de Tandil, de luto
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Como dice la canción, cuando un amigo se va deja un espacio vacío. Y es una gran verdad, porque el sábado 2 de febrero se fue un gran amigo, en las buenas y en las malas: Alberto “Negro” Monge. Y se fue tan en silencio que no tuvimos tiempo de despedirnos.
El “Negro”, como lo llamábamos los amigos, nunca fue boxeador pero siempre estuvo en el ambiente pugilístico. Era amigo de todos los boxeadores, comenzó a frecuentar el ambiente desde comienzos de la década del ’60 en el club Ramón Santamarina, donde en ese entonces sonaban los nombres de destacados púgiles como Alberto Rotondo, Adolfo Pendás, Pedro Rimovsky, Graciano Pintore, Alfredo Cicopiedi, Hugo Hidalgo y Pascual García, entre otros.
Una vez un directivo del club aurinegro le propuso que organizara espectáculos de boxeo, luego del fallecimiento de don Leonardo De Genaro. Y Monge aceptó la oferta, eso fue a comienzos de los ’70.
Comenzaron a realizar festivales boxísticos a nivel profesional, junto a su amigo Rodolfo Yáñez.
Al poco tiempo, la comisión de boxeo de Santamarina contrató a un técnico de primer nivel, traído del Luna Park, Osvaldo Cavillón.
Más tarde, llegaron a Tandil los hermanos Giménez, de Bahía Blanca. Carlos, campeón argentino welter junior, y José, primero en el ranking nacional. Se presentaban y colmaban el gimnasio de calle Yrigoyen.
El “Negro” Monge era un hombre muy hábil para organizar boxeo. Colaboró mucho con el doctor Marcos Vistalli, cuando éste oficiaba de promotor.
También supo realizar torneos barriales con mucho éxito. El “Negro” era un tipo muy querible, no hablaba de más, sino lo justo. Era callado y respetuoso con todos. Después se retiró, cuando el querido club Santamarina cerró sus puertas por el mal manejo de algunos directivos, que se quedaron con el sueño de grandes forjadores que hicieron grande la institución aurinegra.
Un día se me ocurrió organizar un torneo de los barrios. Fue allá por 2001 y lo fui a ver al “Negro”, le comenté la idea y le propuse realizarlo juntos. Para mi satisfacción, aceptó, y comenzamos a trabajar con mucho tiempo de antelación.
El campeonato se llamó Pedro “Gitano” Rimovsky y fue todo un éxito. Casi 2.000 personas se daban cita en la Sociedad de Fomento Unión y Progreso. Participaron más de 200 chicos y por primera vez en la historia del pugilismo tandilense participaron mujeres.
El torneo fue televisado en diferido por la pantalla de Eco TV y al finalizar se hizo la entrega de premios, emitida en vivo por el mismo canal.
Era tan grande el entusiasmo que tenía el “Negro” que durante la entrega de premios me llamó y me dijo al oído “Gracias, Alfredo, por haberme elegido a mí”. Y le respondí: “¿Y a quién otro?”
Al rato me llamó otra vez y me susurró al oído: “Vamos a seguir trabajando para el boxeo”.
A los pocos días, me llamó diciéndome que tenía que hablar conmigo. Nos encontramos en su taller de tapicería y, con lágrimas en los ojos, me dijo: “Quiero mucho al boxeo”. Le respondí: “Ya sé, ‘Negro’, pero ¿qué pasa?”. Y me contestó que si seguía en esto se iba a tener que separar de su mujer, que iba a tener que elegir. Y fue lo último que hicimos juntos.
‘Negro’, ¿no me habrás mentido y te fuiste solo allá arriba a organizar boxeo? Estoy seguro de que sí, porque fue tu pasión. Chau, ‘Negro’, hasta pronto, con vos aprendí mucho.
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