El cambio climático… marciano

Por Diego Bagú – @bagudiego Director de Gestión Planetario Ciudad de La Plata

Si hay un planeta que nos ha cautivado a lo largo de la historia, ese es Marte. Su clásico color rojizo, muy similar a su archirrival, la estrella Antares (ubicada en el “corazón” del Escorpión), fue señal divina para muchas batallas en al antigüedad. Más acá en el tiempo, y ya en pleno siglo XIX, las observaciones y sus correspondientes mapas del astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli, iniciaron una carrera sin fin por el estudio y la conquista del planeta rojo.

Dicho trabajo fue tomado en muy en cuenta por el estadounidense Percival Lowell, quien en 1894 y desde su propio observatorio en Flagstaff, Arizona (EE.UU.), desarrolló una extensa actividad observacional la cual lo llevó a escribir libros y confeccionar cartas de la superficie marciana. Lowell fue un defensor acérrimo de la existencias de canales artificiales en Marte, lo que implicaba sin duda alguna la existencia no sólo de alguna forma de vida sino, además, inteligente. Sin duda alguna, la carrera espacial entre EE.UU. y Rusia iniciada oficialmente con el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957, tenía en Marte un claro objetivo. Fueron los Mariner y los Viking norteamericanos los primeros navíos que en los ʼ60 y ʼ70 llegaron con éxito.

Estos increíbles e inolvidables mensajeros terrestres nos permitieron recibir las primeras imágenes in situ de nuestro vecino. A partir de estos invaluables registros, la existencia de un Marte con extensos canales artificiales se esfumó de inmediato. Aún así, Marte comenzaba a brindarnos una sorpresa tras otra. Eran notables las marcas, las cicatrices en el terreno rojizo provocadas por corrientes de agua en tiempo pasado. Y lo más interesante: esto ocurría en distintas zonas del planeta. Estaba claro que el Marte actual presentaba (presenta) una fisonomía absolutamente distinta respecto de aquella que alguna vez tuvo.

Lo que debió ser un planeta cálido y húmedo, hoy es un lugar árido, seco, e incluso mucho más frío. ¿Cuál fue el motivo que originó semejante metamorfosis? La respuesta se encuentra en los cambios que sufrió la atmósfera marciana. Es sabido que nos resulta más fácil (necesitamos menos temperatura) hervir agua en la montaña que a nivel del mar o cercano al mismo. ¿El motivo? En la montaña tenemos menos aire y por ende, menor presión atmosférica. A menor presión, más fácil resulta el proceso de ebullición y la pérdida consecuente del agua en estado líquido. Este proceso físico ha sido el que jugó un rol protagónico en la historia evolutiva de Marte, quien tuvo en su momento una atmósfera mucho más densa que la actual, lo cual posibilitó una presión atmosférica capaz de permitir la existencia de agua en estado líquido y, a su vez, mantener un clima mucho más cálido que el existente en la actualidad.

Hoy ese agua líquida no existe, o al menos no en la cantidad que sí la hubo en el pasado. Marte ha ido perdiendo significativamente su atmósfera, y a medida que lo hacía, la presión atmosférica fue disminuyendo. Y como hemos descripto, a menor presión, mayor facilidad para que el agua se evapore, lo cual nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cómo es que Marte fue perdiendo su atmósfera, o en todo caso, que se haya extinguido gran parte de la misma? La solución a este interrogante quizás pueda hallarse en una serie de estudios que fueron publicados a partir de datos aportados por la sonda espacial Maven, una nave de la NASA en órbita marciana desde fines de 2014 cuyo propósito es analizar la atmósfera del planeta. Pues bien, lo que ha encontrado Maven es que el viento solar está “barriendo” con el gas que se encuentra en sus capas más altas. Marte está perdiendo su atmósfera a un ritmo de unos 100 gramos por segundo.

 

¿Qué es el viento solar?

Se trata de un flujo de partículas cargadas eléctricamente (básicamente, electrones y protones) que el Sol desparrama hacia todos lados como consecuencia de su actividad nuclear. Ahora bien, ¿cuál es el motivo (o los motivos) por el cual el viento solar afecta de esta manera a Marte y no así a la atmósfera terrestre? De hecho, la Tierra se encuentra más cerca del Sol y por ende recibe un viento solar más intenso. Sin embargo, nuestro planeta no pierde parte de su atmósfera como consecuencia de la actividad solar. La respuesta (o gran parte de ella) reside en el hecho que la Tierra posee un importante campo magnético, el cual representa un escudo contra estas corrientes de partículas. Exactamente en donde las líneas del campo magnético terrestre se unen (los polos magnéticos; muy cerca de los polos geográficos) es donde el viento solar interactúa con nuestra atmósfera, provocando las hermosas auroras australes y boreales.

En el caso de la Tierra, su campo magnético evita que el viento solar barra con los gases que se encuentran en las capas superiores de la atmósfera. Marte no tiene campo magnético alguno (¡no podríamos usar brújulas magnéticas en Marte!).

El viento solar “pega de lleno” sobre su atmósfera la cual a su vez es mucho menos efectiva respecto a la terrestre en lo que respecta a la filtración de radiación ultravioleta. Los rayos UV en Marte producen un importante proceso de esterilización en su terreno. Existe otro factor fundamental en toda esta historia. Marte es más pequeño que la Tierra, y siendo un planeta rocoso similar al nuestro, resulta que su gravedad es la sexta de la terrestre. En otras palabras, una persona que acuse unos 60 kilogramos en la balanza de la farmacia, en Marte pesaría tan sólo 10. Al tener una menor gravedad, a los gases les resulta más fácil escapar de la atmósfera marciana en comparación a la de un planeta con mayor gravedad.

Los resultados obtenidos a partir de la sonda Maven muestran que Marte comenzó a perder su atmósfera hace ya unos 3.700 millones de años, o sea, a poco de haberse formado el sistema solar (“poco tiempo” en términos astronómicos/geológicos). Esto nos lleva a otra importante conjetura. Pudiendo Marte contar por poco tiempo con una atmósfera lo suficientemente densa como para albergar algo de calor y contar con agua líquida recorriendo su terreno, es poco probable que la vida haya podido evolucionar, al menos tal cual la conocemos en la Tierra.

De todas maneras, algo de agua líquida podría estar bajo la superficie. En los últimos años, ¡y meses!, hemos recibido de Marte grandes noticias. Debemos seguir explorando este mundo vecino, no sólo para seguir  obteniendo grandes sorpresas si no también, y fundamentalmente, para comprender cada vez más el nuestro.

Los cambios climáticos existen. La Tierra los ha tenido. Marte también. Y en ambos casos, estos cambios han sido decisivos para el origen y evolución de la vida.

Nota proporcionada por :

Deja tu comentario