El Cervantes está dando las últimas señales de vida
Hace un tiempo atrás le comentábamos a Manuel Martínez Martínez, presidente de la Sociedad Española, que cuando se formara, hace ya varios años, una comisión para poner en valor el Teatro, todo terminó mal. Sí, se colocó el techo, pero no hay que olvidar que hubo insumos que se desviaron y la comisión se deshizo entre gallos y medianoche.
?La primera sensación es la de un edificio muy noble, bien organizado como teatro a la vieja escuela. Estamos viendo que tiene la estructura original, y por supuesto el daño de un edificio sin mantenimiento, cerrado, con humedad, pero clara y ciertamente vemos la absoluta posibilidad y certeza total de que se puede recuperar y volver a tenerlo, a darle vida?. Esto lo decía Martín Boschet, asesor de Jefatura del Gabinete del Gobierno de la ciudad, con motivo de su visita al teatro Cervantes junto a técnicos del Teatro Colón, en octubre de 2009 cuando vinieron a evaluar el viejo edificio, el mismo día que le señalábamos a Manuel que a veces las alianzas no terminan bien o se quedan a mitad de camino.
Y eso es justamente lo que siente hoy el vicecónsul de España, que ?lo han dejado un poco solo, que los intentos hechos a nivel Concejo Deliberante local, Unicén, gobiernos provincial y nacional no han sido fructíferos?.
Martínez Martínez habla de la soledad y de que habrá que esperar al año que viene para volver a reclamar, pedir o rogar por el viejo teatro que está cansado de dar señales de no poder más, de percibir que la piqueta está cada vez más cerca, ya que hay que ser realista, el teatro se está cayendo a pedazos: Días atrás fue un viento fuerte que le tiró parte de la mampostería dejando a la vista la herida del tiempo, y aunque los técnicos del Colón se preguntaron aquel mediodía de hace ya más de un año: ?¿Cómo es posible que lo hayan dejado caer así??, al mismo tiempo no dudaron en asegurar que ?no era momento de darle la extremaunción sino enfrentar la realidad y poner manos a la obra?.
Como señalábamos recién, pasó más de un año y lo único que se hizo en el teatro fue reponer el vidrio que algún mal nacido rompió una madrugada. Sólo eso.
Marcelo Jaureguiberry, arquitecto y director de teatro, también en 2009, llamó joya arquitectónica al lugar, realizando un profundo análisis sobre el estado del mismo y comentando que ?todo el interior puede ser refaccionado y esto incluye sus dos pisos de hermosos balcones, dejándolo al modelo de teatro que se hizo en Azul en el Español?. Y también habló de poner manos a la obra.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEsplendor, decadencia y final
Cuando el año pasado se armó una movida cultural con bombos y platillos que concluyó sin una cañita al aire, cuando cesaron los discursos encendidos de un grupo de tandilenses, hasta el entonces comprador Armani se había quedado admirado de la reacción comprometida: ?¡Me quedé frío! Cuando pusieron a la venta la propiedad nunca pensé que podía ser algo que iba a tener este tipo de consecuencias, más allá de que ojalá se pueda reciclar y funcionar como teatro?, señalaba.
El hombre lo había adquirido con la finalidad de ponerlo en valor y ver si se lo podía alquilar: ?Si pudiéramos volver a hacerlo teatro ?que sería lo ideal- me contactaría con alguien que me dijera qué se puede hacer y qué es lo que se necesita. Es un edificio de más de cien años, habrá que hacer reformas serias y no solamente en la parte edilicia… pero ahora apareció todo esto y vamos a esperar entonces??.
Y si bien el Cervantes se salvó de la compra porque fue cambiado por el local donde funcionaba la Sociedad Española, pasado el tiempo y la efervescencia por el recupero, ¿quién puede decir con certeza cuál habría su suerte? Quizás en estos momentos no estaríamos escribiendo esta nota. Tal vez el viento no hubiera dejado sus heridas a la vista, quién sabe si no estaría poniéndose manos a la obra.
?Cada día que pase cerrado es un día más hacia el deterioro definitivo. Porque, seamos sinceros, mucho tiempo más en el estado en que se encuentra no puede esperar?, señalábamos también en 2009. Y ya pasó más de un año sin que siquiera se lo abra, como si tenerlo cerrado y a oscuras espantara a los fantasmas que deambulan por el lugar, soñando con épocas de gloria.
Ayer, cuando Martínez Martínez dijo que ?se sentía un poco solo? fue como anunciar el destino del teatro, no el que se merece, sino el del pico y la pala.
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