El desafío de no perder el idilio
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Miguel Angel Lunghi asumió por estas horas su tercer mandato cargando en su haber una buena sintonía con la mayoría del electorado, cimentado de su perfil hacedor, verticalista y/o paternalista, acompañado por gestión de obras acordes al paladar del vecino medio.
Esto, con millones de recursos dispuestos en infraestructura básica provenientes de una administración nacional con escaso espíritu federalista, como suele criticar el pediatra. Sin embargo, desde unilateralidad del manejo de los recursos se las supo ingeniar para hacer las obras que se creyó prioritarias y las otras que no lo son tanto, pero que resultan un golpe de efecto que comulga con el apetito tandilense. Y si no se pudo con Nación, siempre está el “amigo” Daniel Scioli para congraciarse en una alianza política que descolocó a la oposición durante los últimos años.
Sobre ese escenario, el pediatra se montará en el desafío de su tercer mandato, con compromisos asumidos en la campaña y que rezan en la plataforma que obligan a mantener el ritmo de carrera, despojándose del relajo que supieron concebir aquellos que se recostaron durante el último tiempo en la mera imagen del Intendente y las pocas sino nulas chances de la oposición para revertir la historia electoral que se pronosticaba.
Frente a ello, habrá un presupuesto acorde ya no sólo a los proyectos prometidos, sino para mantener una espectacular estructura administrativa, porque claro está, nadie se va en esta suerte de bolsa de trabajo que redunda la Municipalidad de Tandil. Esta voracidad lunghista hace que se sumen nuevos actores, y los que no sirvieron o cumplieron con las expectativas pasen a otras áreas. Raras, rarísimas excepciones confirman la regla.
Al menos como gesto, los trabajadores de la salud merecerían una respuesta al por qué no hay dinero para mejorar sus magros sueldos y sí para alimentar al elefante que a estas alturas configura el palacio de calle Belgrano.
Hasta aquí, la mayoría del electorado poco parece importarle semejante crecimiento en el costo político ni la tibia voluntad por hacer participar al vecino de a pie en las prioridades de un gobierno que ganó con contundencia en las urnas, pero que debe legitimarse a cada paso que da.
A no ser que se crea que con el sólo acto de sufragar alcanza. Y esté la convicción de que recibir un premio por la página de Internet es la muestra cabal de transparencia que un Estado moderno está obligado a ser.
El lunghismo logró cumplir con sus promesas y por eso el ciudadano respaldó con su voto. Se tendrá que redoblar el esfuerzo para seguir con esa idílica relación, de lo contrario comenzará a “verse” que la transparencia se va enturbiando y los que han ingresado como los que siguen estando en la administración son demasiados para lo que se ofrece.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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