El día en que el palacio fue un set de filmación
Tarde noche bien otoñal, húmeda y fría, cruzamos la Plaza Independencia, charlando con el reportero gráfico respecto a lo que nos encontraremos al llegar al Municipio. El edificio de estilo neo clásico luce espléndido como siempre, pero mucho más iluminado. Gente que entra y sale y Carlos Montani, director de Tránsito, a los pies de la escalinata que va al Concejo y al Salón Blanco, parece dirigir a los cientos de personas que suben y bajan apresuradamente solicitando tal o cual cosa, tomándose un momento para degustar del catering o pidiendo en voz alta que todo el mundo haga silencio porque van a repetir una escena ?y no tenemos toda la noche?. La voz un poco intimidatoria sale del formal recinto concejalicio y por un momento hasta pareciera que los ediles estuvieran inmersos en un apasionado debate político emulando a los hombres del Bicentenario. Pero no, no y no. Se trata de un cambio de frases altisonantes entre un camarógrafo y la directora de fotografía, que al ver al reportero gráfico de El Eco de Tandil tomando algunas imágenes comienza a caminar hacia él, pero en la mitad del trayecto, alguien la para de urgencia y termina olvidándolo.
En fin, nosotros vinimos porque alguien nos pasó el dato y es nuestra obligación. ?Nada de hablar con la prensa?, comenta una persona que no alcanzo a ver y me repliego contra la pared mientras digo ?a mí me convocaron?. Y no miento. Ya tenemos las fotos y la nota: la productora del comercial se negó a hablar con la prensa en medio de la confusión de cables, filmadoras, celulares, pantallas y extras.
Bajando las escalinatas nos encontramos nuevamente con Montani que estaba poniendo al tanto de todo al pediatra que trabaja de intendente, prometiéndole que el edificio estaría a buen resguardo, pero que de ninguna manera se podía hacer responsable por los chocolates que se comieran los concejales. Por todos lados y por ninguno andaba Juan Manaritti, ?el hombre que todo lo consigue?, que es un decir, porque a pesar de todos los intentos no nos pudo lograr una nota con el director ejecutivo de la producción. Pero que lo intentó, lo intentó.
En fin, la publicidad, según nos contaron algunos extras que trabajaban como ediles, era algo así como que un super huevo de chocolate caía en la frontera entre dos ciudades vecinas y el Deliberativo debía decidir a quien pertenecía.
Probablemente la publicidad pueda verse dentro de un tiempo en la tele, obviamente después del Mundial, porque mientras dure el campeonato lo único que se verá en las pantallas chicas serán argentinos hiper ansiosos envueltos en banderas, llorando de emoción por los goles patrios.
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