El día menos pensado
-Claudia, ¿recuerda el día de la muerte de Franco?
-Quiero recordarlo todo, porque un poco la vida es eso. No puedo olvidarme de ese día.
Mi corazón va a estar dividido por siempre, porque ese mismo día tengo que conmemorar la muerte de mi hijo y el cumpleaños del otro. Celebro que esté vivo, que cumpla años.
Lamento enormemente no tener a Franco y lo haré mientras viva, pero él amaba la vida y a su hermano. Entonces tengo que ser la mamá de los dos. Para mí es muy difícil ese día y todos los días de mi vida.
El Gordo (Franco) era un ser muy íntegro, con sus poquitos años había llegado a ser la persona que todos queremos ser. Era muy generoso, amaba la vida y creo que una manera de honrar su memoria es que siga celebrando la vida de mi otro hijo, aunque por siempre lamente la muerte de él.
-Adolfo, ¿cuál es su recuerdo de ese día?
-Yo estaba en Tandil, por acostarme para ver un partido de fútbol, cuando me llamó Facundo y me dijo que habían matado a Franco. Como ellos tenían almacén, pensé que habían sido asaltados y habían matado al nene.
En el viaje me fui enterando que habían ido al ciber, que entraron estos locos y que en un instante le quitaron la vida.
-Con una impunidad que asusta, porque a cualquiera le puede tocar…
-A cualquiera. Cuando se fueron de ahí ?y gracias al otro comerciante estos dos tipos están presos- le apuntaron a la cabeza a las nenas de la otra víctima: le martillaron el arma a una nena que tenía síndrome de Down. El padre se interpuso, sacó a Godoy afuera y lo redujo, pero Avallay desde la moto le dijo que lo matara y lograron huir.
Dio la casualidad que a Godoy lo detuvieron en Ituzaingó con un arma y dijo que podría aportar datos sobre la muerte de Franco. Lo llevaron a declarar a Fiscalía, donde estaba Carlos Constancio, el comerciante al que le había robado.
Luego dimos con Avallay; Godoy escapó del Hospital y lo agarraron.
Gracias a Dios estos dos malhechores están presos. Ojalá la familia y la Argentina tengamos tranquilidad.
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a la altura de Franco?
-¿Cómo sigue una mamá cuando llega a su casa y se encuentra que falta un hijo por estas circunstancias?
-Es muy difícil. Es como que uno por dentro siempre está gris, siempre está triste. Mi primer pensamiento cuando me levanto es Franco y es también el último cuando me acuesto. Lo nombro mucho porque es una manera de traerlo. Siempre está presente, pero es muy difícil y no le deseo a nadie que tenga que pasar por esto. Mi hijo era un ser excepcional y no tengo sentimientos de odio.
-¿Eso fue natural o lo tuvo que trabajar?
-Desde un primer momento me negué a tener sentimientos de revanchas o de odio hacia estas personas. Primero que nada porque me reduce a mí como ser humano y no estaría a la altura de ser la madre del hijo maravilloso que tuve. Franco fue mi ejemplo y es el que me da paz y fuerza. El era incapaz de tener sentimientos negativos hacia nadie.
Hay una anécdota que lo pinta de cuerpo entero. Adolfo le había mandado una campera un invierno porque hacía mucho frío y lo llevé al jardín muy abrigadito. Cuando lo voy a buscar no la tenía porque se la había regalado a otro nene que no tenía abrigo. Tenía cuatro años y ése era siempre su comportamiento.
Creo que él tenía muy claro lo que realmente hace falta y vale. Cuando junté sus cosas, todo lo de él está en una cajita minúscula: sus juguetes, su ropa, porque era de dar. Creo que él sabía lo poco que uno necesita para partir.
Odio lo que me han hecho, que me hayan quitado a mi hijo, pero no tengo sentimientos de odio ni contra ellos ni contra sus familiares. No estaría a la altura de mi hijo y estoy orgullosa de ser la madre de Franco y agradecida a Dios por los años que me lo regaló.
La vida de una mamá a la que le quitan un hijo es eso: seguir en la lucha y acompañar a otras.
Cuando te matan un hijo es como si te quitan el piso. No sabés adónde ir ni qué pensar. Si no nos acompañamos las que padecemos el mismo dolor se hace más difícil la lucha.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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