El día que la cinco dejó de ser protagonista
Cada día, el grupito de amigos detrás de la ruta se preparaba para salir a patear la redonda en la calle polvorienta de pozos como cráteres que no se asemeja en nada a una cancha de césped cortito como el de todo estadio que se precie; sin embargo los pibes a la misma hora todos los días pateaban con ganas al arco contrario imaginando que podía hacerse presente la mano de Dios, despuntando el vicio con un picadito que los hacía creerse, al menos por un rato, los mejores, los que lo lograron, los que llegaron, los destinatarios de aplausos y vivas, los mejores de River, de Boca?
Sin embargo, algo cambió en la barriada hace unos días y la polvorienta calle se transformó en una virtual cancha de polvo de ladrillos con una aún más ilusoria red y líneas de fondo demarcadas con lo que se encontró a mano. Fue el día en que Juan Martín ganó el Abierto de los Estados Unidos y los tandilenses agradecieron que el joven deportista que se emociona hasta las lágrimas cuando habla de su familia o de su ciudad, les devolviera la sonrisa a los gestos adustos haciendo hasta un poco más amable el frío de este invierno que no quiere despedirse. Ese día, o esa noche mejor dicho, los tandilenses se sintieron campeones de la vida mirándose en los ojos de un pibe de barrio que gracias al esfuerzo tremendo de sus padres y a su natural talento pudo cumplir su sueño.
Ese día, o mejor dicho esa noche, el grupo de amigos de una de las polvorientas calles de Villa Aguirre, de casas bajas y humildes detrás de la Ruta 226, entre camiones, camionetas y perros cansinos pensó ?porqué no nosotros? y decidieron poner sus sueños en marcha.
De alguna manera, Juan Martín, desde la tele les había mostrado ?tal vez sin saberlo-, que las oportunidades existen, en este caso la de divertirse y jugar un deporte que ?por folclore- tiene mucho de elitista, cosa que quedó desmentida ayer por la tarde cuando todo el pueblo, de ambos lados de la 226 se lanzó a la calle para darle una cálida bienvenida al pibe de Tandil.
Algo cambió ayer en la ciudad, se percibió en el aire y en el alma, en las lágrimas y en las risas, en las banderas ondeando con orgullo, en las caras de felicidad de estos pibes de Villa Aguirre que sintieron que pueden ser los grandes protagonistas de sus vidas si se les brindan oportunidades.
Y Juan Martín, un chico de barrio, por la tele, y en vivo y en directo, los hizo pensar y soñar. Que no es poco.
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