El diario La Nación destacó algunos de los atractivos turísticos de Tandil
La nota, firmada por la periodista Silvina Beccar Varela, apareció en el
suplemento de Turismo de este domingo, en la que se enfatizo que ?muy
cerca, Tandil es una ciudad rodeada de cerros bajitos donde se puede
caminar, escalar, andar a caballo y comer bien. Posee una tradición
gastronómica y lechera que se remonta a la primera escuela de educación
agraria creada en 1920, llamada Ramón Santamarina, que aún funciona?.
La publicación incluyó una nota central en la que hizo foco sobre las
características de un tradicional hostería, y destacó la posibilidad de
realizar actividades en la naturaleza y la gastronomía local, con
referencias y citas de distintos lugares.
Aquí se cita la nota que, en su versión completa, puede consultarse en
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1152126
A 360 km de Buenos Aires y a 10 minutos de Tandil, la hostería Ave María
de Tandil, en octubre próximo, cumplirá diez años de la mano de Asunti
Pereyra Iraola de Zubiaurre. Se trata de un lugar bellísimo para
descansar, atendido por sus dueños: un arbolado parque de 40 hectáreas es
el marco de una casa blanquinegra de estilo normando, con ocho
confortables habitaciones con baño privado y todos los detalles.
Las habitaciones parecen sacadas de cuentos de hadas, con todas las
comodidades y los amenities seleccionados especialmente por Asunti. En dos
de ellas -llamadas Alberto y Albertina en honor a sus hermanos-, el hogar
de leña permanece encendido para combatir el frío del invierno.
La estancia fue adquirida a Mercedes Santamarina en 1962 y en 1998 abrió
al turismo, con mucha dedicación. Tal vez por eso se logra la atención de
un hotel cinco estrellas en una casa de campo de cortinas y sábanas
bordadas a mano.
Muy cerca, Tandil es una ciudad rodeada de cerros bajitos donde se puede
caminar, escalar, andar a caballo y comer bien. Posee una tradición
gastronómica y lechera que se remonta a la primera escuela de educación
agraria creada en 1920, llamada Ramón Santamarina, que aún funciona.
Volviendo a Ave María, caminar por la avenida de las araucarias milenarias
o por los senderos separados por hileras de rosas de la huerta orgánica,
con sus verduras de invierno y las hierbas que luego perfuman los platos,
es adentrarse en la historia de un paraje mágico de cerros azulados,
canteras con historia y fiambres espectaculares.
Los ñoquis del 29…
La misma chef, Karina Molleker, desde los comienzos está detrás de las
ollas. Cocina para un comedor ampliado recientemente para los huéspedes y
para aquellos que sólo van a probar sus manjares. La atención está a cargo
de Lucas, Graciela, María José, Marisol, Micaela, Martín y Juan Carlos;
varios de ellos acompañan la propuesta desde su nacimiento.
Todos hacen dulces en ollas de hierro con las frutas que cosechan a pocos
metros; ensaladas y conservas, con las verduras de la huerta; carnes, con
los animales que se crían en la zona.
Uno de los clásicos de Karina son los ñoquis soufflé gratinados con crema
y queso: nadie puede irse de Ave María sin probarlos, previo paso por una
tabla de fiambres y quesos de la región. Para luego hacer una cabalgata
por la vieja cantera, un circuito en bicicleta a medida guiado por el
profesor de gimnasia Guillermo Gutiérrez o leer un libro frente a la
chimenea del living cuyos leños nunca dejan de crepitar.
A la vista, desde cualquier ventana de Ave María asoman las antiguas
sierras azuladas. Al recorrerlas, los pies se hunden en cientos de retamas
y arvejillas…, o cruzan arroyos.
También se puede ir sólo a tomar el té: no faltan los scons, los tostados,
los brownies, las magdalenas, alguna torta y el inolvidable budín de
mandarina.
Llegar a Ave María después de diez años y comprobar que todo sigue igual y
aun mejor es una experiencia recomendable para cualquier viajero:
encontrará el placer del verdadero descanso, arrullado por el canto de los
pájaros.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl Valle del Picapedrero
Una manera de conocer la historia de Tandil es realizando un trekking
didáctico por el Valle del Picapedrero, al sudoeste de la ciudad, en las
sierras de Tandilla.
La caminata transcurre por senderos que suben y rodean el cerro La Aurora,
descubriendo frentes de canteras (cavas), pircas y aun los restos de
viviendas que lucen en armonía con el medio, cubiertos de líquenes,
musgos, helechos y algunos arbustos y árboles introducidos por los
picapedreros que se adaptaron y diseminaron.
“Los corrales de piedra, las pircas, los caminos hacia las cumbres, los
postes de piedras, los montículos de escallas, las rocas de borde dentado
a pinchote, las ruinas de antiguas casas de piedra, los frentes
abandonados y actuales conviven y forman parte de nuestro paisaje serrano.
Pero devienen, sus raíces ignotas se hunden con distinta profundidad en el
pasado y nos invitan a conocerlas y respetarlas”, cuenta durante el
trayecto la profesora Ana María Meineri, licenciada en Geografía. Ella es
una de las encargadas de guiar las caminatas didácticas.
¿Pero cuándo llegaron los picapedreros? Con la gran inmigración del siglo
XIX aumenta la demanda de piedra para las obras de infraestructura y
viviendas. Así comienza, con antiguas técnicas, la explotación artesanal
de rocas en Tandil.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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