El dilema de las especies invasoras: cuando la erradicación puede ser contraproducente para el ecosistema
Un análisis científico cuestiona la eliminación sistemática de plantas como la chumbera, advirtiendo que su rol en el medio ambiente podría ser beneficioso en tiempos de cambio climático.
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La desaparición de una especie invasora de un ecosistema suele celebrarse como un triunfo para la conservación, bajo la premisa de que su ausencia garantiza la supervivencia de otras especies. Sin embargo, un reciente estudio plantea un interrogante complejo: ¿qué sucede cuando la flora local ha integrado a esa especie foránea como un elemento funcional durante décadas o incluso siglos?
El caso de las chumberas, conocidas como tuneras en Canarias o nopales en América, ilustra esta problemática. Introducidas en territorios españoles hace siglos, estas suculentas del género Opuntia fueron fundamentales para la alimentación, el forraje y la industria del carmín mediante la cría de la cochinilla Dactylopius coccus. A pesar de figurar en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, su presencia ha quedado arraigada en la cultura y el paisaje, tal como retrató el pintor Manuel García Jiménez.
Impacto de la erradicación
La introducción de la cochinilla D. opuntiae en Murcia en 2007 provocó el desplome de las poblaciones de chumberas en gran parte de la Península. Lejos de ser un éxito ambiental, la prensa local reportó pérdidas económicas significativas y problemas de erosión en terrenos donde estas plantas ayudaban a estabilizar el suelo.
Los investigadores subrayan que la flora y la fauna no responden a nacionalidades, sino a funciones ecológicas. En Nueva Tabarca, Alicante, se descubrió que el escarabajo Asida ricoi cobosi depende exclusivamente de las chumberas para alimentarse y refugiarse. Su eliminación podría desestabilizar la red trófica local.
Hacia una gestión flexible
En Sicilia, se observó que las plantaciones abandonadas de Opuntia ficus-indica facilitan la regeneración de especies leñosas mediterráneas, actuando como aliadas contra la desertificación. Asimismo, en Canarias, se estudia cómo estas plantas interactúan con especies endémicas como el lagarto tizón.
Ante este escenario, un equipo de especialistas publicó un trabajo en Discover Ecology donde propone evaluar cómo cada población invasora afecta realmente a su entorno antes de proceder con su erradicación. La clasificación uniforme como invasora, advierten, dificulta una gestión ambiental que debería ser más flexible y adaptada a cada caso particular.
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