?El Eco ha sido un aula para mí, fue la escuela de la vida?
Durante mucho tiempo lo traté de usted. Como se debe venerar a un maestro. Luego, los años y la magia del compañerismo, me posibilitaron tutearlo.
Y este reencuentro de ahora resultó, a dos décadas de su retiro, un maravilloso volver a vivir. Para los dos, claro.
Con 84 inviernos a cuestas, fue un placer entrevistar a Ernesto en su domicilio de la calle 11 de Septiembre. Entero física y moralmente, sus dificultades en la visión no le han hecho perder su sempiterna vitalidad.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailENTRE VELA, RAUCH Y TANDIL
-¿Tandilense de pura cepa?
-Sí, aunque nací el 22 de julio de 1925 en Rauch, de donde eran mis padres. Luego ellos se instalaron en María Ignacia. Como en ese momento allí no había partera, volvieron a Rauch sólo para mi alumbramiento.
-¿Qué recordás de esa infancia en Vela? ¿A qué jugaban los pibes??
-A la pelota. Cuando aparecía alguna calesita juntábamos las monedas para subirnos. Nos alcanzaba para una sola vuelta, salvo que sacáramos la sortija. Los domingos íbamos a escuchar la Banda de Música, ya que mi padre era uno de los integrantes.
-¿La escuela la hiciste íntegramente en Tandil?
-Sí, porque nos vinimos en febrero de 1933. Fui al Colegio San José. Nos instalamos en 9 de Julio 410, donde ahora está Naldo Lombardi. Tenía salida por el zaguán, a Belgrano 690. Al lado vivía don Pablo Forgue, que era colchonero y después se empleó como ordenanza del municipio y terminó con un bar en Colón y Garibaldi. Ahí vive actualmente su hijo, también llamado Pablo. Poco después nosotros nos trasladamos a 9 de Julio 355, a escasos metros de El Eco de Tandil, que estaba en el 369.
-¿Qué pasó con el colegio?
-Cuando empecé, era director el hermano Honorato. Realicé en el San José todo el primario y el ciclo Comercial, que incluía mecanografía. En sexto grado ya escribía 40 palabras por minuto, al tacto.
-¿Eran todos religiosos los maestros?
-Sí. En primer grado, tercero y cuarto tuve al hermano Constante. En primero superior a Efrén. En quinto a Aureliano, a quien le decían ?Agapito?. En sexto, donde se estudiaba álgebra, tuvimos a Marino y Emilio. También nos dieron clases de distintas especialidades Martiniano, Julián y Crisóstomo, el famoso cura que con su varita detectaba los sitios donde podía extraerse agua.
-¿Buena enseñanza?
-Muy buena. Sabían de todo. Pero enfatizaban la tarea docente en la enseñanza de Lengua, Aritmética, Historia, y Geografía. Los primeros cinco años fui premio de honor.
-¿La adolescencia?
-Bien. Estudiaba mucho. Iba poco a los bailes. Recuerdo que cuando ingresé al servicio militar no sabía dar un paso. Un compañero, Almaraz, me enseñó a dar algunos pasos de tango. Me gustaba más ir al hipódromo, aunque no jugaba casi nunca. Pero como espectáculo lo sentí siempre como algo emocionante.
También me acuerdo de las fiestas y actividades del Teatro Italiano, que era de la Sociedad Italiana. Fue una joya arquitectónica lamentablemente ya extinguida.
EL VICIO DEL DIARIO?
-¿Cómo fueron aquellos primeros pasos en El Eco?
-Como vivía a tan poquitos metros, empecé a ir al diario. Me puse a mirar las cajas donde estaban los tipos de imprenta y empecé a componer. Lo hacía con mucha facilidad. Preparaba avisos, por ejemplo. Además, concurría a la cancha los domingos. Iba aprendiendo una cosa y otra.
-¿Ya era director don Juan Calvo?
-Sí, y administrador Juan Carlos Pugliese. Luego el diario debió mudarse de aquella casa de la calle 9 de Julio y se instaló en la esquina de 4 de Abril y Las Heras, donde tenía la tienda el padre de los Saglul. Ahí empecé mensualizado, con 19 años, el 1º de septiembre de 1944. Tengo el carnet firmado por Pugliese. El fue quien me pagó el primer aguinaldo. Yo ganaba ochenta pesos de sueldo. Corría el año 1945, justo cuando Perón había decretado el pago del aguinaldo. Me correspondían ochenta pesos anuales, pero me pagaron cien, porque a fin de ese año viajé a Montevideo con la selección de fútbol. Esa diferencia de 20 pesos a mi favor fue en concepto de viático.
?UNA ANECDOTA QUE NO LA DEBE TENER NADIE??
-¿Te gustaba desempeñarte en las páginas deportivas en esos comienzos?
-Sí, estuve por espacio de 20 años en la sección Deportes del diario. Es decir, hasta 1964, en que empecé a desempeñarme en Locales. Como periodista deportivo tengo una anécdota que no la debe tener nadie.
-A ver? ¡qué suspenso! ¿Qué pasó?
-¡Fui retado a duelo!
-¡Epa! ¿Y eso??
-En un festival de boxeo hice la crónica, como siempre. Había un jurado que era teniente del Ejército. El fallo me pareció equivocado y lo escribí en el diario. El lunes se le apareció en la dirección a don Juan Calvo. Le dijo ?vengo a retar a duelo al periodista que me censuró como jurado de boxeo. Yo ya tengo los padrinos, así que dígale que él designe los suyos?.
-¿Y?
-Acepté, pero con la condición de que el duelo se lleve a cabo en el marco de una pelea con guantes de boxeo, en el Santamarina. Finalmente, quedó ahí nomás porque el teniente no aceptó mi propuesta. Y luego, supongo, se le habrá pasado el enojo.
-¡Qué bravo ser jurado de boxeo en la época, entonces?!
-Sí, pero además, a mí me alcanzaban las generales de la ley porque en los grandes combates el Gordo (Leonardo) De Gennaro, designaba a algunos periodistas como jurados. En una pelea muy brava de Alberto Daher, le dimos el triunfo, frente a un boxeador de Buenos Aires. Daher era un fenómeno y ganaba siempre. En una de esas se la dimos por costumbre, nomás. Fue polémico. Un colega, Federico ?Pochongo? Vistalli, nos dio con todo en el diario Tribuna. Usó la famosa frase del pintor griego Apeles: ?Zapatero a tus zapatos??. Que bien podía traducirse en ese contexto como ?periodistas, dedíquense a escribir??.
-Entre otros grandes del deporte de la época, estaban en el apogeo aquí en Tandil, los pelotaris Juan Carlos y Orolfo Faiella. De esas actuaciones habrán salido crónicas interesantes.
-Sí, claro, porque se trataba de grandes campeones. Para mí, resultaron los dos más importantes pelotaris que hubo en el país. Eran de Ayacucho, se instalaron en Tandil. Y lamentablemente fallecieron jóvenes los dos. Aquí consiguieron trabajo y se quedaron. Jugaban para el Club Hípico. Pero en los torneos nacionales representaban por ejemplo a Racing de Avellaneda, al Banco Nación de Buenos Aires, porque les pagaban un buen viático. Gracias a que contamos con esos jugadores en Tandil, vinieron aquí otros grandes campeones a nivel nacional y mundial como Navarra y Carrera.
-¿Alguna entrevista que recuerdes?
-La que le hice a Amadeo Carrizo, que días después fue publicada íntegramente por la revista River. Por entonces, el club había comprado a Gatti, le pregunté qué opinaba y me respondió ?tendrá que hacer banco hasta que yo me jubile?. Tengo el mejor recuerdo de Carrizo. Una bellísima persona. En una época realicé notas sobre los deportistas tandilenses ya veteranos, a modo de evocación, con el título ?Carta a los deportistas?. Las firmaba con el pseudónimo de ?Víctor Eneas Platezzone?. Si te fijás, son las mismas letras de Ernesto Vicente Palazzo.
AQUELLOS GRANDES EQUIPOS
DE FUTBOL DE 1958 Y 1960
-Supongo que entre otras, dos de las principales y emotivas coberturas habrán sido los Campeonatos Argentinos de 1959 y 1960.
-Sí, claro. En 1958 cuando Tandil realizó esa campaña tan espectacular, la multitud recibió al equipo en la plaza como si hubieran triunfado, luego de las recordadas finales frente a Tres Arroyos. Y en el sesenta, ni qué hablar, nada menos que frente a Mar del Plata, un clásico rival. Todavía recuerdo esos golazos de Caviglia, que era el sumun. No brillaba, pero cuando tenía la pelota, donde la recibía en el área, era medio gol. Se lo podía cantar. Fijate que de los cinco goles frente a Mar del Plata en los dos partidos finales, él hizo cuatro. En cambio el campeonato de 1964, con esas finales que le ganamos a Bahía Blanca, no lo cubrí porque justo ese año dejé las páginas deportivas.
-¿Por qué motivo fue el cambio? ¿Querías explorar otras cosas, otras actividades de la ciudad??
-Sí, me pareció que había hecho toda una carrera, al cabo de 20 años, en las páginas deportivas del diario. Además, era mucho desgaste ir permanentemente a la cancha con lluvia, con frío. No existían las comodidades de ahora.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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