El enfermero
Conocimos a Mario López cuando se casó con Alberto Lhomy, el 5 de noviembre de 2010. Fue el segundo acto civil que se realizó en el marco de la Ley de Matrimonio Igualitario. Estuvimos luego en la casa de ambos charlando de las cosas de la vida y allí nos contó Mario su calvario que terminó no hace mucho, fue el día que volvió a entrar por la puerta grande del Hospital, con su cargo de supervisor y el recibimiento cariñoso de la gente.
-¿Cómo empezó el calvario del que habla?
-Me presento a trabajar y el supervisor general me informa que hubo una denuncia contra mi persona diciendo que le había dado a una paciente, sin fecha ni hora ni nada, clorhidrato de morfina, por lo tanto me invita a retirarme del Hospital para no entorpecer las investigaciones.
-¿Cuándo fue eso?
-El 28 de noviembre de 2009.
-¿Cuánto tiempo llevaba trabajando en el Hospital?
-21 años. Entré como enfermero, pasé por clínica de hombres, la antigua sala II, con mi jefa a la que adoro, Silvia Dix, hice guardia, cirugía, varios pisos, al mismo tiempo seguía estudiando, perfeccionándome. En febrero de 2009, comencé como supervisor, antes estuve como enfermero y jefe de Infectología durante cuatro años, a través de un concurso que gané, ya estaba entonces el doctor Jorge Gentile como jefe del sector.
-Continuemos con la denuncia.
-Como le decía fue radicada el 28 de noviembre de 2009. Cuatro días antes estaba de viaje y una supervisora me llama a Mar del Plata pidiéndome que le hiciera un cambio de turno, sin decirme lo que estaba sucediendo, se lo cambié, y cuando vuelvo a Tandil el supervisor general Jorge Pereyra me informa que existía una denuncia. Así empezó todo.
-¿Qué hizo?
-Me agarró un ataque de locura, fui a Dirección allí estaban los doctores Vito Mezzina y Pablo Díaz Cisneros. Entré llorando y comencé a contar lo que sucedía: “Ustedes me conocen desde hace años, saben de mi trabajo, cómo soy, la persona que soy. No me pueden hacer esto”.
-¿Qué dijeron?
-Que me quedara tranquilo. Salí de allí, lo llamé a Alberto y le dije que me había equivocado de turno ya que hacía unos momentos que me había llevado al Hospital. No podía decirle la verdad. Le pedí que me viniera a buscar y durante el camino le conté y comencé a llorar y no podía parar. Le dije que existía una denuncia pero que no era cierta, empezamos a buscar un abogado porque el supervisor general me dijo “Buscate uno bueno, porque podés perder el empleo e incluso ir preso”.
Los días en el infierno
Alberto buscó un abogado y encontraron al doctor Marcelo Argeri: “Le llevé la denuncia –relata Mario- y me aconsejó que me quedara tranquilo, que iba a ver de qué se trataba, lo que había que hacer.
Estábamos en casa, ya eran más de las once de la noche y me llama el doctor Claudio Castaño que estaba viniendo de Azul.
-¿Lo conocía al abogado?
-En realidad poco más que nada, él trabaja con Alberto en Las Estampas desde hace muchos años. Conozco más a Florencia, su esposa, porque atendí durante mucho tiempo a su papá que es diabético amputado y lo traté durante muchos años. Pero volviendo a la llamada del doctor Castaño, me dijo que venía viajando y escuchando la radio y que estaba a mi disposición. Fui al día siguiente y le dije que le había llevado la denuncia al doctor Argeri, y quedó en que hablaría con él, por lo que al otro día fuimos (con Castaño) a hablar con Claudio Morel, abogado del Hospital y así comenzó todo… yendo y viniendo y seguía esa radio diciendo cosas que sabía que no eran ciertas; sin embargo, debo agradecerles a los medios que nunca dieron mi nombre y apellido, hablaban del “enfermero” y me conocieron más que nada con el casamiento.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-En la ceremonia civil recibieron ambos mucho cariño y respeto, debemos confesar que allí también nos enteramos de su identidad relacionándola con la denuncia del Hospital. Recuerdo también que había en la ceremonia, médicos, enfermeras que hablaban con mucho cariño de usted, Mario.
-Fueron a la ceremonia, familiares, amigos y mucha gente del Hospital que no dudó nunca de mi inocencia.
-En noviembre de 2009 ya no pudo ingresar al Hospital a realizar su trabajo, ¿hasta cuándo?
-Estaba pactada para el 15 de mayo, pero dije: “Quiero mis vacaciones, porque hasta aquí mi vida fue un calvario”. Me dieron 28 días que tenía de años anteriores, por lo que volví el 21 de junio.
-Entre el 15 de mayo, y antes que usted reingresara, pasaron otros episodios de desaparición de medicamentos. ¿Qué nos dice?
-Sí, desaparecieron, pero yo no estaba. ¿De eso también me quieren culpar?
-Volviendo a aquellos funestos días, ¿qué sintió?
-La vida me dio un cachetazo. Fui enfermero toda mi vida, empecé de abajo y recuerden que tengo un brazo y medio. Cuando entré a los 22 años a la sala III había 17 camas -el servicio de Infectología no existía- te decían ésta es tu sala y había alcohólicos, neumonías, neumopatías, diarreas, y tenías que laburar y laburar, entregando la guardia con los pacientes bañados, impecables y hasta el piso limpio. Y lo hacía, a pesar del problema en el brazo. Nunca me quejé.
Seguí estudiando, me fui a Mar del Plata haciendo enfermería universitaria, ahora comienzo el mes que viene la licenciatura en Olavarría. El doctor Gentile me envió a Capital Federal a hacer perfeccionamiento, estuve en el Mater Dei, en el proyecto Validar, trabajé en investigaciones para Estados Unidos junto con el médico infectólogo en protocolos de investigaciones con distintos medicamentos, en una palabra: Me rompí el alma…
-Haciendo lo que le gusta.
-Sí, por eso no fue justo lo que me pasó -dice quebrándose.
-La pregunta está hecha desde el desconocimiento: ¿el lugar de donde desapareció la morfina es un mueble vitrina cerrado con llave?
-No. El clorhidrato de morfina está en todos los servicios en las estanterías con los demás medicamentos.
-¿Debiera estar en un lugar aparte y cerrado con llave?
-Sí, para control, que no existía, pero a partir de lo que pasó ahora se controla cada ampolla turno por turno.
-Pero insisto, volvieron a desaparecer durante su ausencia más medicamentos.
-Fue en la guardia, Fentanilox, clorhidrato de morfina, ampollas en sala II o clínica médica, y yo no estaba. ¿También me iban a culpar a mí?, insisto.
Alberto: -Viví con él como compañero esa época a la que podría llamar película de horror, o de los muertos vivientes, estuve un mes sin comer ni dormir, era un zombie y había que cuidarlo todo el tiempo.
-¿Qué pasaba por su cabeza, Mario?
-Era como una película también, y no podía creer lo que me estaba sucediendo, era demasiado doloroso, era sentarme acá en el parque de casa y decir “no, esto no puede estar pasando” y lloraba. Me arrodillaba frente a la Virgen, de la que soy devoto, y le pedía por favor que me ayudara porque sentía que no iba a poder salir adelante, me estaba volviendo loco. Pasé a vivir encerrado, cosa que no sabía que existía, puertas trabadas, candados en las puertas, no podía estar solo. Si Alberto salía, le pedía que volviera porque tenía miedo, sentía terror de que alguien viniera a hacerme algo. Y fue entonces donde entendí muchas patologías que jamás las había comprendido.
-¿Ataques de pánico, agorafobia, entre otras?
-Claro, si uno no fuera enfermero y no hubiera ayudado a contener alguna vez un paciente así, diría: “Son bol…”, pero uno está acostumbrado ¡a verlo en otros! Y es tremendo cuando te pasa y no sabés qué hacer.
-Más allá de los ataques de pánico, del miedo al miedo, ¿temía porque alguien se acercara a hacerle daño por lo que había sucedido en el Hospital?
-No, solamente tenía miedo.
-Mi pregunta venía porque si usted no fue el que cometió los delitos que le imputaban, el que lo hizo se debe haber sentido a salvo.
-No, nunca pasó nada.
-¿Cuándo recibe la copia de la denuncia que hizo?
-Alberto: -Yo lo acompañé a la Fiscalía a declarar, aunque no me habían citado, nosotros llevamos la causa a tribunales. Y nos dijeron ‘acá no hay nada, no hay denuncia’.
Mario: -La que me tomó la declaración es una abogada a la que le había atendido el padre. Cuando me vio dijo: ‘¿Por qué vos?’ Me tocó, le respondí, no lo sé. Ella habló con el fiscal Morey, que le corrigió la declaración y me fui, denuncié lo que me estaba pasando.
-¿Usted había atendido a la paciente que lo denunció?
-La había atendido en agosto, septiembre de 2008 por un intento de suicidio, se había inyectado aguarrás en las venas, por problemas familiares. Es una persona que conocía de antes, en esa oportunidad me la trajo el doctor Díaz Cisneros, la empecé a curar y en 20 días ya estaba bien.
-¿Hubo entrecruzamiento de llamadas para saber un poco su historia en cuanto al episodio donde se lo imputaba?
-Sí, y eso es muy feo porque es algo íntimo, privado, pero bueno, bajaron los mensajes y los leyeron en la comisaría. Y allí había un sms de ella del día 5 de noviembre donde decía que ella “denunciaba a una mujer por haberle dado morfina”.
-Mi cabeza ya no daba más. Le debo mucho al doctor Roberto Berkunsky, que fue quien me ayudó muchísimo. En las primeras sesiones no hablaba sino que lloraba. Un día me dijo: “Hablá o te tengo que internar”. Comenzó a medicarme, al principio fue una dosis de choque, pero no podía dormir tampoco, estaba tarado, babeaba y no dormía. Me agregó un antidepresivo y seguía igual, hasta que en un momento pude empezar a hablar con él y contarle lo que me estaba pasando, se ve que la medicación comenzó a hacer efecto, cuando me vio mejor me dijo: “Es tu cabeza no la mía, la dosis la vas a bajar vos”. Y así estuve durante meses, subía la dosis, la bajaba, hasta que un día la saqué totalmente. Hay días en que la necesito, porque quiero dormirme y no puedo, pero tampoco quiero una pastilla.
-En la actualidad es cada vez más frecuente que las personas tomen una pastilla para dormir, otra para estar despiertos, para la ansiedad; obviamente, hay un abuso de sustancias y cada vez es más común.
-Trabajo en la salud y me parece tremendo que la gente se automedique, pero es una realidad como usted lo señala, pero no quiero eso para mí.
Otra cosa que no sabía, no entendía, cómo tu cabeza domina tanto tu cuerpo: Hice una celulitis en el pie (es una infección). Tuve que verlo al doctore Gentile cuando ya no daba más, fui a Infectología. Me dijo: “Te interno y te corto”. Trabajaba con él de modo que sabía de lo que me estaba hablando, era cortarme sin anestesia porque no iba a tomar en la infección. Me quiso internar y pasarme antibióticos, pero le prometí que me cuidaría en casa, haría reposo y que tomaría lo que me dijera.
Así lo hice y con los días la infección desapareció. Terminé con ésa y me salió un bulto en la mama, las tumoraciones en las mamas, en hombres se da por un cáncer de testículo, hipófisis o hígado, o a veces lo desarrollan aquellos que se inyectan hormonas en los gimnasios. Jamás me había inyectado hormonas. El doctor Carlos Bustillo me dijo: “Lo estás desarrollando con tu cabeza”. Colesterol, triglicéridos al doble, por esto tuve que estar durante tres meses con un tratamiento específico para sacar la tumoración, felizmente desapareció.
-Somatizaba todo.
-Cuando ya no veía salida, nada, decía ‘esto no me puede estar pasando a mí, no le hice mal a nadie, por el contrario le hice bien a la gente, he ido de un lugar a otro sin cobrar un peso, no me pueden estar haciendo esto’.
-¿Entonces?
-Me tomé una caja entera de pastillas, quería morir. Alberto me ayudó a vomitar y tomé líquido hasta eliminar todo.
-En ese momento cuando lo ayudan a vomitar, ¿estuvo presente el instinto de supervivencia, quería vivir?
-No, no quería, deseaba morirme, no que me ayudaran a seguir viviendo el calvario.
-¿Y la segunda vez?
-Me fui al Dique, me senté en la baranda para tirarme y estaba por hacerlo cuando tuve mucho, pero mucho miedo –tal vez como decía usted el instinto de supervivencia-, pero en realidad quería morir, aunque tenía miedo.
-No, mi trabajo es recorrer piso por piso, ver que hace el personal, los pacientes y la medicación en caso de que sea necesaria o los enfermeros me pidan que les dé una mano, de lo contrario, no. O trabajo en la guardia y bajo y ayudo, pero no tenés tiempo a sacar, robar. No.
-¿Qué dijo el Fiscal?
-Cuando analizó las ampollas expresó que muchas de ellas no eran drogas sino sustancias oleosas (como la novalgina). Creo que esto lo estuvo planeando desde mucho antes.
-¿Por qué?
-No lo sé, tenía geriátricos, desconozco quiénes serían los médicos y que tuvo gente en su domicilio internada, que no sé quién le habrá dado habilitación, pero se lo clausuraron. Además la señora tiene denuncias por abandono de persona.
-Comenzó una nueva vida a partir del casamiento aun estando separado de su cargo, pero con la firme convicción de que iba a volver, ¿es así?
-Para mí, dentro de mí, sabía que iba a regresar.
-Cuéntenos ese día.
Alberto: ¡Cuando vi tanta gente, me volví!, me dio mucha alegría por él.
Mario: -Fue el 21, me tocaba turno de 14 a 22, ni bien bajo del auto se acercaron los remiseros, la kiosquera del Hospital… no se imagina la alegría por la vuelta. Entré y el primer abrazo fue del jefe de personal, Julio Ibarra, y la telefonista. Y es el día de hoy que me sigo encontrando con gente y me abrazan. Cuando entré a la Sala IV me aplaudieron todos, entonces me largué a llorar. Entro a supervisión, era como si nunca me hubiera ido, aunque pedí permiso y todos se rieron, pero lo hice por respeto y el supervisor general que ahora es Rubén Arce me dijo: “Tenés que conocer a tal y tal”, pero no podía en ese momento, era demasiada la emoción y comencé mis recorridas y fueron besos y abrazos, y llorar toda una tarde.
En una de esas recorridas me encontré con la doctora Sandra Fraiffer y me saludó con tanto cariño y me dijo “bienvenido”, me dio un beso. Y fue lindo, emocionante.
-¿Y cómo se siente ahora, después de todo ese calvario que pasó?
-Feliz, muy feliz, volví a mi trabajo que es lo que amo, a tratar con la gente. Otra cosa no sé hacer.
Alberto: -El tiene las puertas abiertas en otros lugares de Tandil y fuera de la ciudad, le ofrecieron trabajo en otros lados y muy importantes, pero quiere su Hospital, su gente. Hice una promesa a la Virgen de la que es devoto, que hasta que no regresara a su trabajo sólo me dedicaría a cuidarlo. Y lo cumplí.
-¿Cómo es su vida hoy?
-Feliz, junto a Alberto.
“Me dijeron que el hijo (de la persona que lo denunció) fue a retirar la denuncia cuando sucedió todo esto, pero ya era tarde”.
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