El epílogo menos deseado
Ochenta y siete minutos a puro fútbol y el resto de locura. Todo era normal hasta que Jorge Ocaño interpretó como intencional una mano de Ariel Paredes, quien quiso rechazar la pelota y de ninguna manera buscó cometer la infracción.
Después, el clima dejaba entrever que las cosas no terminarían bien. El ?10? se fue expulsado poco después y tuvieron que sujetarlo entre varios compañeros.
Pero lo peor estaba por venir. Ya en el descuento y estando ocho contra diez, Lecuona golpeó sin pelota a Esteban Ocaño, a la postre presa de la furia albiverde. Pablo Calvo le tiró un puntapié a la pasada y varios de sus compañeros lo siguieron buscando.
Enseguida llegó el final y la intervención policial resultó insuficiente para contener el descontrol. Varios intentaron aplacar los ánimos, pero volaron manotazos y patadas entre futbolistas visitantes y policías.
Ajenos a esto, los futbolistas locales celebraban la conquista, al tiempo que las cosas fueron calmándose. A propósito, ¿hay algo más lindo para un hincha de fútbol que disfrutar la vuelta olímpica de su equipo? Algunos imbéciles vestidos con los colores de Atlético/Defensores se perdieron la suya, por estar cruzando insultos con los jugadores de Excursionistas que marchaban rumbo a vestuarios.
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