El equipo del jardín Cocomiel encara el desarrollo global del niño de la mano de la psicomotricidad
En el corazón del barrio Las Tunitas, en Rosello 90, funciona el jardín maternal Cocomiel, que depende de la Secretaría de Desarrollo Social del Municipio. Cuenta con 40 alumnos de 45 días a 3 años, divididos en dos turnos.
La cercanía con las familias que llevan a sus chicos, la asistencia alimentaria, la familiaridad en el trato y el seguimiento singular de cada uno de los pequeños vuelven de por sí especial a esta institución, ubicada en una zona en la que las problemáticas sociales saltan a la vista.
Por otra parte, el Cocomiel cuenta con un equipo de trabajo que tira de la misma soga, que no baja los brazos ante la adversidad y que confía plenamente en que puede hacer algo para cambiar el futuro de los niños que pasan por sus aulas.
Así encontraron, con ayuda de la licenciada en psicomotricidad, especialista en atención temprana del desarrollo infantil y profesora de educación física Dina Bos, algunas herramientas para contribuir al desarrollo global de los chicos, partiendo de inquietudes que se evidenciaban en los juegos cotidianos.
La directora, Miriam Madeo, las docentes Karina March y Luciana Cejas, y la licenciada Dina Bos comparten la experiencia y los primeros resultados del proyecto ?Creciendo juntos?, netamente generado en Las Tunitas.
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?Nos acercamos a Dina porque los chicos en las salas, trabajando las docentes cada una en su turno, veían situaciones parecidas, en la relación, en el juego entre los chicos. Todo juego siempre algo dice, transfiere, comunica, es un llamado de alerta?, explicó la directora.
Las maestras jardineras están preparadas para la detección temprana de algunos problemas y la observación se acentúa aún más con la experiencia. ?Como profesionales, sabemos lo que debe ser y la realidad con la que nos encontramos. El trabajo está entre ese trayecto entre lo que es y lo que debiera ser, que es lo utópico?, precisó.
Concretamente, el equipo docente observaba en los alumnos carencias afectivas, sociales, falta de relación y de comunicación, además del aspecto económico. Buscando estrategias para resolver estas situaciones, pensaron en Dina Bos y el la psicomotricidad.
La comunicación,
base primordial
De acuerdo con Dina Bos, las maestras detectaron en los pequeños ?una forma diferente de comunicarse. Uno espera que a determinada edad, los nenes usen sobre todo la palabra para decir lo que les pasa, lo que piensan, pero la realidad es que por ahí van muy rápidamente al acto: a pegar, morder, sacar el objeto, a llorar rápidamente por todo. Un montón de manifestaciones que el docente las puede ver, pero las herramientas a veces quedan un poco cortas?.
La inquietud principal que se plantearon fue conocer por qué los chiquitos que provienen del barrio Las Tunitas ?no lograban acceder a niveles mayores de simbolización en la comunicación. A partir de ahí, empezamos a armar distintas estrategias para que ellos, despacito, encuentren otra manera de comunicarse?.
Desde la psicomotricidad y su atención temprana, el equipo se dio la posibilidad de ?buscar juntas otras maneras de ayudar a los chicos a que evolucionen la comunicación?.
?Libertad para
trabajar?
El jardín Cocomiel tiene dos salas integradas que reciben a bebés de 45 días a 3 años de edad. Pertenece a la Secretaría de Desarrollo Social del Municipio y está estructurado de la misma forma que el resto de los jardines maternales. Recibe becas para 35 alumnos, que las extiende para albergar una matrícula de 40. En cada sala trabaja una docente y por turno hay una auxiliar de sala, otra de cocina y una de limpieza.
?Vamos a la par de la educación formal en cuanto a la base curricular, a los contenidos, pero también tenemos el apoyo desde la Secretaría y la libertad de trabajar de otra manera o no tan estrictamente sobre los contenidos curriculares?, valoró Miriam Madeo.
La directora explicó que por la función de los jardines comunitarios, ?no sólo abarcamos lo que es la parte pedagógica sino que es una educación integral. Pertenecemos a un programa que se llama UDI ?Unidad de Desarrollo Infantil-, que es de la Provincia y por un convenio con la Municipalidad, funcionamos así?.
El proyecto Creciendo Juntos se generó pensando en forma conjunta el modo de mejorar ciertos aspectos e incluso la práctica docente, a partir de la psicomotricidad. Esto demandó un cambio en la mirada sobre el niño.
?Las carencias de las familias muchas veces son no conocer otra cosa, entonces desde el jardín intentamos brindarles a los chicos posibilidades que tal vez afuera no tienen. Esta posibilidad de juego, este tipo de juego, los materiales y demás, aunque sea poder brindarlos en el jardín, dar otra oportunidad?, explicó la docente Luciana Cejas.
Miriam agregó que les proporcionan ?otra mirada de cómo desenvolverse en la vida, porque acá se les dan herramientas para después aplicarlas en otros ámbitos?.
Dina Bos se mostró conforme por la respuesta del equipo, ya que cuando comenzaron las reuniones preliminares, en 2008, les planteó que ?para poder hacer algo diferente, para implementar todos los lineamientos de la atención temprana de la psicomotricidad, primero hay que entender de qué se trata y mirar al niño de otra manera: el nene es un ser en desarrollo, en crecimiento, todo lo que hace es porque le pasa algo, bueno o malo, entonces nos dice algo cuando está jugando y como hacemos para que el juego vaya evolucionando cada vez más, generamos espacios de expresión?.
Las docentes tuvieron que leer y estudiar teoría, lo que les permitió que la propuesta fuera tomando forma. También incluyeron a las auxiliares, que colaboran en muchas actividades importantes del jardín, como cuando les dan de comer o los cambian.
En la sala
Desde esta nueva perspectiva, las maestras llevan a cabo un encuentro semanal de juego con técnicas de psicomotricidad, aunque las pautas superan esa cita fija y se trasladan a la vida institucional en general.
Ese espacio ?tiene prácticas y momentos muy especiales. Una de esas cosas es que se juega descalzo, porque hay un tema que tiene que ver con el conocimiento del propio cuerpo, peso corporal, estimulaciones que entran por las plantas de los pies, hay todo un sentido de la construcción de sí mismo y del propio cuerpo que parte de nuestra base de sustentación que son los pies. Por eso es todo un ritual, desde que se saquen las zapatillas?, explicó Dina Bos.
Para estas actividades prepararon un dispositivo con materiales como mantas para hamacarse, balancearse y treparse; lugares para saltar a colchonetas, donde pueden rodar, rolar y girar; mesas, bancos y elementos para hacer casitas y meterse adentro; pañuelos, osos de peluche.
?Esta forma específica de motricidad tiene materiales especiales que son bloques de goma espuma de distintos colores, tamaños y formas que ahora hemos podido comprar?, dijo la licenciada, que había comenzado a implementar el proyecto a partir de los materiales que podía conseguir el jardín.
Los cambios
?A lo largo del año se han visto cambios, sobre todo cuando se apuntó la mirada a dos o tres chicos, en la manera de comunicarse, de relacionarse, en cómo ellos participan en las diferentes actividades. Sobre todo, en la relación con los compañeros, se ha logrado?, resumió Karina March.
Luciana Cejas describió que comenzaron a pedir ?permiso?, a recordar que ?no se empuja?, reglas que se refuerzan al ingresar al espacio de psicomotricidad y que van compartiendo entre sus pares.
-¿Se puede cuando los chicos vuelven a casa y tienen otra realidad, otros modos de relacionarse? ¿Cómo hace el jardín cuando el niño durante el resto del día está recibiendo otros estímulos afuera?
Miriam Madeo: -Tratamos de llegar por todos los medios posibles. Dina, puntualmente en dos o tres familias, nos ha ayudado a llegar a los padres o las madres, que son las que están con los bebés, y hemos tenido charlas a solas con dos mamás para involucrarlas, informarlas y transferirles lo que veíamos, carencias si había, y que desde la casa vayan ayudando. El bebé sin la mamá y nosotros sin los padres, no podemos hacer acá.
Karina March: -Es un acompañamiento que uno hace desde el jardín hacia la familia y que después la familia tenga confianza acá para contar lo que está pasando en el seno del hogar. Y Dina nos acompaña porque nos da estrategias para aplicar en la sala y estrategias a las mamás.
Las migraciones
Las docentes valoraron la posibilidad de que el proyecto se haya podido sostener en el tiempo y que ?en realidad, se va retroalimentando, porque el grupo que tienen las chicas ahora no es el mismo que tenían meses antes?, dijo Miriam Madeo.
En ese aspecto, señaló que ?tenemos altas y bajas todos los meses. Este jardín tiene radio, nació como jardín del barrio, para la zona. Si algún bebé se muda, no puede seguir viniendo?.
Si bien las migraciones no son predecibles, este año observaron más movimiento de las familias y ?todavía no logramos tener una matrícula estable todo el año; altas y bajas, una o dos por mes tenemos. Un chico que ingresa es una adaptación y las docentes lo han logrado sostener a pesar de los cambios?.
Los niños que transitan el segundo año avanzan con ventajas porque tienen las pautas incorporadas. Los nuevos necesitan un mes para integrarse al jardín, a la sala y al ambiente.
Otro dato central es que cada vez que entra un niño al jardín, también ingresa la familia, lo que demanda una tarea de un mes de acompañamiento y conocimiento mutuo. *
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