El Escudero del PJ
La semana de la asunción de Roberto Tassara en la Unicén, de la mediación del Intendente en el dilatado conflicto en Loimar, y de la investigación por el homicidio del comerciante Luis Cano como vedettes noticiosas del escenario mediático local, Raúl Escudero se hizo un lugar en la marquesina con su rimbombante llegada a la presidencia del PJ.
El concejal, natural de Azucena, volvió a imponerse al aparato partidario, esta vez bastante más desgastado que en otras ocasiones. En rigor, Rubén Sentís quedó prácticamente solo, aferrado a apoyos que apenas rozaron lo testimonial.
Tan cierto como que la elección, números a la vista, dejó en evidencia el desánimo de una militancia inmovilizada a fuerza de derrotas y desilusiones.
Pero eso, y las acusaciones cruzadas entre los protagonistas tras el paso por las urnas, deberían ser historia antigua.
El viernes, Escudero presentó en sociedad a sus compañeros de ruta, y hasta se ufanó de integrar al consejo directivo partidario a los miembros de la lista derrotada, como lo indica la carta orgánica.
En su dialéctica futbolera se proclamó DT de ?un equipo de primera?, y en su arenga hizo un fuerte llamado a la siempre aludida y nunca lograda unidad. Para empezar, algunas presencias y adhesiones se convirtieron en gestos recíprocos.
La K pasada a retiro del frente de la sede y un prometedor ?Peronismo para todos? como máxima de esta etapa terminaron por definir el perfil que se intentará darle al Partido. Si algo faltaba, la marcha volvió a atronar, como nunca en los últimos tiempos, en la búsqueda frenética de la mística perdida.
Menuda tarea tiene por delante el Escudero del PJ. Reagrupar por fin a la tropa, devolverle la confianza y el protagonismo en la construcción, casi desde la nada, de un proyecto tan seductor como superador de lo establecido. Y, fundamentalmente, no sucumbir en esa auténtica hoguera de las vanidades en que suelen caer sus dirigentes.
Enfrente, lo espera un oficialismo que no piensa alterar su receta. Más bien cómodo desde su andar rítmico y su manejo monopólico del poder. Usufructuando por igual los aciertos propios y las debilidades y ausencias ajenas.
Menuda tarea le espera a Escudero, se ha escrito. De cumplirla, estará para Caballero.
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