El espíritu, de recreo, disfruta en Tandil
Un recreo. Eso fue lo que locales y turistas vivieron y se brindaron este fin de semana largo en Tandil. ?Lo bueno dura poco?, dicen, pero vaya que sirve si además se aprovecha a fondo, disfrutando de cada uno de los espacios; disfrutando de cada una de las horas de sol que la naturaleza aunque castigada, fue piadosa y se reservó para tantas almas necesitadas, tres días espléndidos para reconfortarlas ante tanto bombardeo de noticias desalentadoras.
Es que viene vapuleado el espíritu y hay que ser muy valiente, para sobrevivir y mantener firme la sonrisa y el ánimo, cuando tantas cosas nos pasan cerca. Cosas, asuntos sobre los cuales tenemos hoy por hoy, más dudas que certezas.
Así, y aunque mirando al mosquito de reojo pero sin palmeta y sin barbijo, familias enteras salieron a disfrutar de la naturaleza y el aire libre. Ni el fantasma del dengue los ahuyentó de los parques, de los paseos, y la zona del Dique fue nuevamente una de las elegidas para pasar un buen rato. Desde el murallón, convertido en tribuna, podía verse el partido que se jugaba allá abajo, en los juegos, en la senda, en el parque. El partido de la revancha. La revancha a una semana en la que nada, nada, nos daba un solo atisbo de esperanza de que esto pronto va a aflojar, esta seguidilla de malas nuevas.
Pero poco importó este fin de semana si el lomo del mosquito venía a rayas o a cuadros. Un poco de repelente y chau. El espíritu se tomó un recreo y lo hizo en Tandil. Ni la gripe porcina, ni los 13 casos que se estudian en el país, el virus que preocupa y mantiene alertas a los gobiernos y a sus pueblos, pudo este fin de semana aguar la fiesta. Tampoco los discursos fatalistas que hablan de un futuro ciertamente incierto que nos promete un ex presidente en funciones, ni las dudas más dudosas, que hoy acechan la imagen de quien prometió que la seguridad se hace pero que hoy debe demostrar que la ruta de la efedrina nunca la transitó. Dudas, más dudas. Campañas que ya se vislumbran por estos días, con estocadas a fondo, dejándonos a la deriva y semi sumergidos en un mar revuelto, a la hora de decidir.
Pero hoy será otro día. Y ayer comenzó el lento regreso a casa. Algunos temprano, otros más remolones pero todos pensando en positivo, con la mente despejada y las pilas cargadas para enfrentar otra semana, otro mes, el futuro. Lo que nos espere a la vuelta de la esquina.
Pero este fin de semana, la gente dijo basta: ¡Basta por un día, basta por dos días! ¡Déjennos mirar a nuestros hijos jugar! ¡Déjennos disfrutar del calor del sol y respirar el aire puro de las sierras de Tandil!
Y así, los hijos jugaron, ajenos a los pensamientos atribulados de mamá y papá que intentaron al menos por un par de días, descansar el alma, el espíritu en compañía de los suyos. De la familia, de los amigos, con un buen mate, disfrutando un picnic sobre un mantel a cuadros. De una caminata, tirados en el pasto y de mil maneras más.
Otra vez, Tandil fue la elegida para premiar la vida y sacudirse por un rato la ?mala onda? que sobrevuela el futuro que, ojalá, quienes tengan responsabilidades de hacer y que cumplir, las asuman y hagan todo lo posible junto a nosotros, los ciudadanos; para cambiar, mejorar y para dejar definitivamente atrás esa mala costumbre de desafiar y enfrentar a la naturaleza, tanto la del hombre como la de este pobre mundo, tan baqueteado como nuestro espíritu y convencernos de que no debemos darnos por vencidos, aunque todo parezca que esto no da para más, siempre habrá un espacio para aprender de los errores cometidos y resurgir en busca de un mundo mejor para que no sólo debamos disfrutar de los recreos sino, también, cada uno de los días…
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