El fiscal pidió 18 años de prisión para el imputado por el homicidio de Luis Cano
Ayer cerró el debate y se llevaron adelante los alegatos en el juicio oral y público que se le sigue a Guillermo Nicolás Sánchez por el asesinato del comerciante Luis Cano, ocurrido el 12 de diciembre de 2008 durante un asalto, en el local de Ezeiza 1060.
Sobre el final de la extensa jornada, en la que comparecieron cuatro testigos ante el Tribunal Oral Criminal de Tandil, el fiscal Gustavo Andrés Morey consideró acreditado el “Homicidio en ocasión de robo agravado por la utilización de un arma de fuego” y pidió una pena de 18 años de prisión. En contraposición, la abogada defensora Marcela Marderwald solicitó la absolución por una “orfandad probatoria”.
Los jueces Guillermo Arecha, Agustín Echeverría y Pablo Galli leerán su sentencia el próximo martes 19 de abril a las 13, en la Sala de Acuerdos del palacio de justicia.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailLuego fue el turno de Gimena Zapata, amiga de los dos involucrados, quien confirmó que alojaba a Emilio Irungaray “casi siempre” y que cuando ella no estaba, “entraba por la ventana”.
Se trata de la propietaria de la vivienda de Las Tunitas, donde la policía secuestró una mochila y la campera de Irungaray, además de anteojos y un cuello, elementos utilizados durante el asalto.
“Me puse a revisar la pieza y encontré una mochila abajo de la cama y una campera en la cama de los nenes. Las guardé en el ropero que él tenía en mi casa”, contó Zapata y agregó que el sábado 13 de diciembre de 2008 le entregó las pertenencias del por entonces menor a la policía. Dijo que “en ningún momento saqué nada” de la mochila.
Por otro lado, confirmó que horas después del crimen se enteró que “Emilio se había mandado una cag…” y que intercambió mensajes de texto con Gimena Zapata, ya que ambos buscaban informarse.
En pleno relato, el testigo expresó: “Yo no me iba a presentar” y relató que había sufrido una serie de amenazas desde noviembre de 2010, que atribuyó al hermano de Guillermo Sánchez y “a uno que sale del penal y le pasa mensajes”. Describió que le dejaron papeles anónimos, el convicto le propinaba miradas sugestivas a sus pequeñas hijas y le enviaron mensajes de texto con los que le pedían “que lo acusara a (Mauricio) Núñez”, el dueño de la moto usada para el atraco que resultó absuelto.
Sostuvo que el sábado pasado se había reunido con el hermano de Sánchez, quien le ordenó que “yo tenía que decir lo que la abogada dijera”. Incluso, sostuvo que le sugirió que ya se había quemado otro auto (por el de Núñez) y le preguntó si tenía seguro su Peugeot 206.
La mujer contó que la noche del crimen se comunicó con Sánchez por teléfono. “Mientras estábamos hablando, entró una persona y dijo que por equis plata, que era poca, se había mandado una macana”.
En ese momento, el imputado cortó y luego tuvieron un segundo contacto. Allí fue cuando Sánchez “me dijo que era Emilio”, pero indicó que ella no puede afirmar que sea la verdad de la historia. *
El joven condenado implicó a Sánchez
Primero en forma pausada y a cuentagotas, el joven relató que conoció a Sánchez unos 6 meses antes del asalto y que a veces se quedaba a dormir en la casa de él. Aseguró que tienen “buena relación” y que no han hablado desde que ambos quedaron detenidos.
El doctor Morey debió leerle varias partes de su declaración, ya que el joven reiteraba las frases “no recuerdo” y “me parece”, alternando con algunos datos sobre los momentos previos y el asalto.
Lentamente, fue ratificando que ese 12 de diciembre fue con Guillermo Sánchez al taller mecánico de Ricardo Barcala, donde se encontró con Mauricio Núñez, el propietario de la moto utilizada para cometer el atraco.
También afirmó que Sánchez lo invitó a llevar adelante el robo a un mercado en donde “había dos viejitos, que ya los había estado carpeteando” y dijo que le encomendó buscar la mochila utilizada en el hecho.
Sobre el arma, manifestó que la aportó Sánchez, pero aseguró que no sabía de dónde la sacó. “Me parece que miré el arma. Estaba nueva, no tenía balas”, refirió sobre el revólver “gris”.
Luego indicó que Sánchez manejó la moto hasta la vuelta del mercado y que él llevaba el arma en la mochila. Estacionaron el rodado oculto detrás de un camión o de un contenedor, por lo que “quedó escondida”.
Más adelante, relató que “entramos a robar. Yo entré primero, me parece que ahí no estaba con el arma” y agregó que “ocultábamos el rostro con una visera. Los dos teníamos una gorra con visera” y negó que llevara anteojos, como declararon algunos testigos del crimen.
Describió que al llegar al local “había un hombre arreglando la mercadería y una señora en el mostrador; y que Luis Cano “nos vio cuando entramos. El hombre se quedó como tildado”. Dijo que el arma “la mostró Sánchez cuando entramos” y que la víctima “se queda quieto porque nos vio con las caras cubiertas y ya se imaginó”.
En ese momento, Emilio Irungaray aseveró que “yo me asusté porque nunca había robado con un arma. Caminé hasta el mostrador y volví para la puerta. Cuando el hombre (por Cano, que estaba acomodando la verdura) se paró, yo me fui, me puse nervioso”.
Si bien tanto para la fiscal del Fuero Penal Juvenil, María de los Angeles Marsiglio, como para Morey quedó acreditado que el entonces menor entró solo para cometer el asalto, Emilio Irungaray mantuvo su versión y aseguró que él entró con Sánchez, retirándose antes de crimen. Dijo que “la señora (Isabel Clemente, esposa de Cano) no me vio a mí porque no sé qué estaba acomodando” y que no hubo diálogo “entre las partes” que pudiese indicar que eran dos los ladrones.
En cuanto a la fuga, señaló que salió caminando y se fue corriendo, “cuando llego a la esquina, escucho un disparo y cuando llego a la moto, otro”. Entonces, “tratando de prender la moto, veo a Sánchez que venía atrás mío”.
Luego confirmó que fueron a una vivienda en Las Tunitas, donde a veces pernoctaba, que se cambiaron, dejaron cosas pero “no quedó el arma ahí. El arma cuando salimos de la casa de Gimena Zapata no quedó ahí”. Sánchez se fue en la moto y él tomó el colectivo, donde se cruzó con una hermana del imputado.
y la motocicleta
Frete a las insistentes preguntas del fiscal y de la defensora, sostuvo que no le preocupaba la moto y que no tenía mucho trato con el propietario, a quien desligó del hecho: “Pienso yo que él no tenía nada que ver”. En otro tramo de su testimonio agregó que “yo no tenía una relación como para pedirle la moto prestada”.
Sobre los motivos que podrían haber llevado a Sánchez a incriminarlo, estimó que “entre nosotros no pasó nada, pero él ya había estado preso y no quería volver, y lo entiendo”.
Además, acusó a Sánchez de haber hablado con personas de su entorno para incriminarlo: “Por lo que declararon hay cosas que son mentiras, por eso pienso que me quieren inculpar”.*
mintió para beneficiar a Sánchez
Ya en su alegato, el fiscal Gustavo Andrés Morey sostuvo que está “plenamente acreditado” que el 12 de diciembre de 2008, cerca de las 21.15, Guillermo Sánchez y Emilio Irungaray, previo acuerdo y distribución de roles, se trasladaron al local de Ezeiza 1060 en una moto Cerro 150 dominio 751DSA, que le habían pedido a préstamo a Mauricio Núñez.
Entendió que la calificación legal corresponde a “Homicidio en ocasión de robo agravado por la utilización de un arma de fuego”, lo colocó como partícipe primario y solicitó una pena de 18 años de prisión, considerando como agravantes el despliegue de acciones para entorpecer la investigación, la pluralidad de intervinientes, y la planificación y distribución de roles.
Agregó que el imputado permaneció de “campana” en Necochea entre Ezeiza e Ituzaingó, con el fin de que Irungaray lograra “impunidad y de facilitarle la fuga”, y probado que el por entonces menor entró al comercio con un arma provista por Sánchez, “cargada y con aptitud para el disparo”.
Morey señaló que primero intimidó a Luis Cano y luego a la mujer, que puso el efectivo sobre el mostrador, y él le apuntó, “lo que provocó la reacción de Cano”. Explicó que el primer proyectil impactó en el techo, al tiempo que la víctima se desestabilizó y cayó al piso. Esta circunstancia “fue aprovechada por Irungaray, que le aplicó un disparo en el mentón” que le provocó la muerte. Dijo que antes de huir, el joven se apropió ilegítimamente de un monedero de cuero negro con 40 pesos y unas fotos de perros.
Morey encontró el hecho “plenamente acreditado” por las pruebas incorporadas por lectura al debate y los testimonios, aunque marcó que hubo “una serie de mentiras dirigidas con el claro designio de beneficiar a Sánchez”.
En este sentido, le achacó al dueño del taller Ricardo Barcala haber negado que vio el arma en la casa de Sánchez y asegurar ante el Tribunal que le habían “impuesto” esa parte de la declaración.
Agregó que “lo de (José Gustavo ‘Fito’) Góngora fue patético”, aseguró que su “mentira se construye después de la segunda declaración de Sánchez” y concluyó que hubo “mentiras puestas en escena por Sánchez con ayuda de sus amigos”.
“Estoy convencido de que el autor del homicidio es Irungaray”, sostuvo, y lo sindicó como el único que entró al comercio para robar. En este sentido, citó las declaraciones de Isabel Clemente, esposa de Luis Cano; y las cámaras Gesell a un menor que ingresó a comprar pan antes del crimen y al nieto de la víctima, que estaba escondido en la cocina, ya que ambos hablaron en singular sobre el autor. Además, el pequeño vecino, último cliente antes de la muerte de Cano, reconoció las zapatillas que vestía Irungaray.
De todos modos, alegó que “la planificación y provisión de medios le corresponde a Sánchez”, quien sabía que “el arma estaba apta” para ser usada, circunstancia que determina el dolo.
Es más, aseguró que Sánchez conocía a Luis Cano, un hombre “robusto, activo y con decisión”, por lo que “el arma era central porque sabía que Irungaray iba a usarla ante un forcejeo”.
A su término, el doctor Flavio Manzalini, que representa a la familia Cano bajo la figura de particular damnificado, adhirió al alegato de Morey, al que calificó de “contundente”.*
Ubicó en el segundo grupo a Emilio Irungaray, quien “es capaz de mentir y ha mentido”, lo que “no da un marco de credibilidad” al debate.
Agregó que “no se ha podido acreditar que Sánchez haya facilitado” el asalto y crimen, porque “no hay una mínima prueba de la Fiscalía que diga que Guillermo fue”.
Por ese motivo, pidió la absolución basándose en el principio de “orfandad probatoria” y en segundo término, que el Tribunal lo considere partícipe secundario, ya que su rol sólo fue llevar a Emilio Irungaray hasta Ezeiza 1060 para cometer un robo.*
********************
Cabe recordar que las partes habían acordado incorporar toda la prueba por lectura durante la primera jornada de debate, que se desarrolló el martes 5 de abril pasado.
Morey encontró acreditado el “Hurto” ocurrido en Ameghino 365, donde se apoderaron de una cartera de cuero color negro con un celular y 30 pesos del interior de un Fiat Spazio. El fiscal rechazó por “extemporáneo” el pedido de nulidad de la defensa, que había planteado irregularidades en el reconocimiento de cosas por parte de la víctima.
A su turno, Kolbl mantuvo el planteo de nulidad de la exhibición de cosas y argumentó que el requerimiento podía realizarse en cualquier instancia del proceso. Por este motivo, pidió la absolución y, subsidiariamente, considerar el papel de Sánchez como encubrimiento.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios