El fiscal pidió condena para Pedraglio, quien clamó su inocencia por el caso de abuso contra una menor
Sin más testigos por escuchar, fue el tiempo de los alegatos en los que las partes se mantuvieron en sus hipótesis primigenias, sin modificación alguna tras el desandar del juicio y las pruebas presentadas frente al juez Guillermo Arecha.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl fiscal Gustavo Morey sostendría que el acusado merecía un reproche penal y pidió condena. Más precisamente seis años y seis meses de prisión por el delito de abuso simple reiterado y abuso gravemente ultrajante con acceso carnal en grado de tentativa. El defensor Carlos Kolbl, en tanto, exigiría la absolución de su pupilo. De lo contrario y muy a pesar de su convencimiento, si el magistrado consideraba una eventual condena, ensayó como pena subsidiaria que se considere el suceso como abuso simple, con una pena sensiblemente inferior, que no supere el año de prisión de ejecución condicional.
Como lo hizo durante las audiencias anteriores, el imputado ingresó sólo a la sede judicial, con la expectativa de que llegó su oportunidad para defenderse, siendo que ya tenía previsto prestar declaración frente al juez y gritar su verdad (ver aparte). Hasta aquí, según sus propios dichos, por estrategia de su antecesor defensor particular nunca pudo declarar y aportar sus testigos, lo que a su criterio permitió que se llegase a esta instancia.
La expectativa del acusado también estaba envuelta en cierta incertidumbre y tensión frente a la hostilidad que dijo haber sido objeto junto a su familia de parte de los allegados a la menor que lo denunció. Sin embargo, y más allá de los nervios por lo vivido incluso el martes con un escrache, nada ayer ocurriría bajo el mismo tenor. Apenas algunas hermanas de la víctima acompañaron como a lo largo del juicio los vaivenes de la última jornada de debate.
La acusación
Como se citó en párrafos anteriores, el fiscal Morey no iba a cambiar un ápice sobre lo planteado en la requisitoria a juicio arribado a su alegato. Todo lo contrario, a partir de lo ventilado a lo largo del debate se ganó en mayor cantidad de elementos probatorios para robustecer su acusación, claramente marcada por la prueba fundante y clave del caso: los dichos de la menor.
“La columna vertebral de la causa -el relato de la niña- se mantuvo inalterable”, asestó el fiscal a la hora de detallar sobre los testimonios que dieron mayor credibilidad al ya verosímil relato de la víctima, desacreditando con severidad aquellos aportes que buscaron poner en crisis aquella verdad develada, sobre todo lo expuesto por los psicólogos de parte escuchados en el recinto.
Con un tono monocorde pero sin fisuras a la hora de calificar los dichos de los profesionales, Morey fue contundente a la hora de quitarle seriedad a los respectivos informes, a los que señaló como incompletos y considerando que “flaquearon” a la hora de responder preguntas básicas que hacían a la personalidad del imputado, en contraposición a lo expuesto por la perito oficial.
Insistió sobre una pregunta tan lógica como contundente: ¿Qué motivación tendría la menor para denunciarlo de semejante delito cuando lo consideraba como un padre?, a lo que se autorrespondió negando enfáticamente cualquier especulación.
La menor nunca negó su noviazgo con el joven y la situación en la que estuvo cerca de consumar con él un encuentro sexual. Asimismo, aclararía que la niña tenía sus particularidades sobre el resto de sus pares. Según constaba incluso en los informes médicos, desde los ocho años se le había diagnosticado una pubertad precoz y por eso su necesidad de relacionarse con chicos de mayor edad.
Tampoco dudó el fiscal en dejar al descubierto las contradicciones y falta de certezas de parte de aquellos testigos que buscaron mejorar la situación del imputado, quienes buscaron colocar a la menor como una mujer provocadora con el sexo opuesto y capaz de mantener una mentira por años.
Para con los dichos de la víctima, Morey subrayó sobre la consistencia, coherencia, credibilidad, espontaneidad y sinceridad, que se sostuvieron a lo largo del tiempo, sin modificar ni agregar nada sobre lo que denunció desde el comienzo a cada uno de los interlocutores que tuvo enfrente, desde su amigo, la madre, la hermana, la directora de la escuela hasta llegar a la instancia judicial.
La defensa
Al tiempo del alegato defensista, el doctor Carlos Kolbl reconoció la “prolija” exposición del fiscal, lo que lo llevó a reestructurar sus lineamientos que, en síntesis, no hacían más que desacreditar los dichos de la menor y pedir la absolución de su pupilo.
Primeramente, el abogado solicitó incorporar como nueva prueba al juicio un ejemplar de El Eco, habida cuenta de la publicación de la edición pasada que se informó sobre los incidentes registrados en la antesala al recinto de debate como del escrache en el negocio del imputado.
El documento en cuestión, al entender del defensor, serviría para demostrar el grado de virulencia de la familia de la presentada como víctima y el acoso sufrido por el imputado y los suyos.
Buena parte de los fundamentos del defensor se fundaron en las apreciaciones de los psicólogos de parte, principalmente con el peritaje del licenciado Adrián Córsico que, como se informó en su oportunidad, habló sobre Pedraglio de una personalidad incapaz de abusar y que si bien el relato de la menor resultaba verosímil debía investigarse la posibilidad de que el autor de los abusos fuera otro, no el que ahora estaba sentado en el banquillo de los acusados.
Citando al profesional, Kolbl reseñó la sentencia de que “desde que se tiene la capacidad del habla se puede mentir”. Y así arremetería sobre las mentiras de la menor y los motivos que la llevaron a inventar dicha historia.
Al respecto, insistiría en la versión de su pupilo y su esposa, con aquello que la niña se sentía asustada porque sus padres se iban a enterar de boca de ellos del episodio intimo que había tenido con su novio.
Arremetería sobre aquel miedo de la menor que la llevó a mentir, refiriendo al padre violento y todo un entramado de violencia en el seno familiar.
Acotó como elemento de prueba a favor de su defendido, que la niña no iba a la casa por obligación, ni se registraba una situación de sometimiento. Todo lo contrario, la joven se sentía cómoda en la casa de Pedraglio y acudía a diario con entusiasmo, por lo que no se podía entender que una niña abusada vaya por su voluntad a la casa del abusador.
Aclaró sobre el relato de la menor que la definición de un discurso verosímil no implica que sea verdad, para luego arremeter contra la personalidad de la misma. Señaló que no se trataba de una “cándida” niña, sino alguien capaz de seducir a hombres de mayor edad. Y allí se refirió a informes de autoridades escolares que aludieron a una alumna con “propensión” en andar dentro del establecimiento educativo con novios mayores que ella.
Cerrando, adujo que los dichos de la menor no encontraron respaldo probatorio y así exigió al juez un veredicto absolutorio. Subsidiariamente, de considerar una sentencia condenatoria, que se contemplara el delito de abuso simple.
Sin más, el juez Arecha dio por culminado el debate, citando a las partes para el jueves al mediodía, donde ventilará su veredicto y eventual sentencia.
“Todo esto me ha superado”
Antes de los alegatos, Luigi Pedraglio quiso contar su verdad frente al magistrado, clamando su inocencia sobre lo que se lo acusa.
El ex sindicalista habló sobre las vicisitudes padecidas a partir de la denuncia, del hostigamiento y estado de amenaza permanente que sufrió él como su familia, para luego también arremeter contra el anterior abogado particular que, a su entender, no lo supo asesorar de la mejor forma para evitar llegar a estas circunstancias.
Relató sobre aquellos días de la denuncia, cómo se enteró y por qué cree que la niña lo terminó colocando en una delicada situación penal. Para luego aclarar que desde un primer momento se puso a disposición de la justicia para aclarar y mostrar su inocencia sobre lo que lo estaban acusando.
Se dijo consternado por la situación que viene afrontando desde aquel día, y habló de culpa. No por sentirse culpable de lo que lo acusan, sino por el mal momento que le toca a vivir a los suyos.
Dijo no entender el porqué de semejante acusación de la niña que quería y contenía como una hija, incluso tomándola como aquella hija de una pareja anterior que nunca había visto y que recién en el último tiempo, vía redes sociales, pudo establecer un contacto.
Al respecto aclaró sobre la relación con sus hijos y su reconocimiento de no haber sido el mejor de los padres porque se dedicó a su profesión por encima de los afectos, aunque insistió en que con el tiempo logró restablecer los lazos.
“Todo esto es muy degradante, la situación me superó y por eso acudí a una psicóloga”, dijo Pedraglio, quien añadió que desde aquel entonces su casa es un caos, hay mucho dolor y sufrimiento en su familia.
Sobre la relación con la menor, respondió que “era como mi hija. Juro que no la toqué”, agregando que nunca había estado sólo con ella, siempre había gente en el hogar.
“Yo necesitaba llegar a esta instancia para que se sepa la verdad. Necesito saber si puedo vivir, porque el tipo –por el padre de la menor- es muy agresivo y tenemos miedo”, imploró un hombre que se mostró conmovido frente al juez que sin dudas, más allá de lo dicho hay un discurso gestual que no se puede soslayar y que en este tipo de casos se tiene muy en cuenta. No sólo para el que se dice inocente de semejante hecho, sino sobre todo de aquella menor que habló en la cámara gesell.
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