El forense
Nacido en Lobería llegó a la ciudad en 1959. Le gusta hablar de su padre del que dice “tenía un carácter fuerte, era digno y cuando consiguió trabajo en Tandil se trajo a la familia”.
“Tenía sus convicciones –agrega- la honestidad, no enriquecerse con la función pública, no nombrar ningún familiar -que por otra parte es discutible pero consideraba que no correspondía- como tampoco hacer negocios con empresarios o tenerlos muy cerca para que después pudieran condicionarlo. Era un hombre de principios. Se podrá discutir el momento en que estuvo como Intendente, pero opino que más allá de la época mantuvo sus convicciones y su hombría de bien. Fue en un auto a la Intendencia y cuando dejó la función pública salió en el mismo. Jamás hizo abuso de su condición de Intendente.
-¿Estamos hablando de la última dictadura militar?
-Sí, es verdad. Se inició en la Juventud Radical en una época donde se era peronista o antiperonista, donde la participación de los civiles era diferente y había una resistencia importante, cosa que ahora no se reconoce y livianamente se habla de “gorilas”.
Para mi padre las palabras orden y disciplina –pero no violentas- eran importantes y fue lo que nos inculcó. Nació en el seno de una familia de campo, el abuelo tenía unas pequeñas hectáreas que trabajaba con la papa, se fundió y terminó siendo lo que ahora es un chatarrero. Papá se crió en una casa de barro, hizo la primaria pero no pudo seguir la secundaria y a mí me dio estudios y no para que hiciera política, aunque yo pienso la política de otra manera. Y reitero, mi padre fue Intendente en una época muy difícil pero nunca estuvo de acuerdo con actitudes violentas.
-Cuéntenos sobre sus estudios.
-La primaria y secundaria las cursé en la escuela 1 y Nacional de Comercio y me fui a estudiar medicina a La Plata, no con mucha vocación al principio, porque lo que les pasa a los chicos ahora de no saber lo que quieren también nos pasaba. Pero era estudiar o trabajar.
Terminé la secundaria junto a dos amigos Filippelli y Cufré y nos fuimos a La Plata. De hecho estuvimos viviendo juntos (con Cufré) casi toda la carrera, primero en una pensión y después en un departamento. Y con Filippelli nos veíamos siempre.
-Se fue a estudiar en la época del proceso, ¿cómo lo vivió?
-Hay quien la cuenta de una manera o de otra y también uno tiene su forma de contarla, no eran épocas fáciles pero nosotros queríamos estudiar y recibirnos.
-¿Cómo siguió la carrera?
-Hice una residencia en Ciudadela de cirugía y al terminarla, como siempre uno queda sin trabajo, haciendo guardias y entré como médico de policía, porque mi suegro –ya me había casado-estaba viviendo en La Plata.
-¿Era policía?
-¡No sastre! Le hacía la ropa a un médico muy conocido allá, el doctor Lara, jefe de medicina de Policía, ambos me alentaron a participar. Creo que fue el último concurso que hizo la provincia de médico de policía para ingresar a planta permanente. Di un examen y entré.
-¿Sabía con lo que se iba a encontrar?
-No, la cuestión sí o sí era encontrar trabajo. Si bien en la Facultad teníamos la materia de medicina legal –ahora se da más y está mucho más en boga- se estudiaba en cuatro o cinco días y la rendíamos, era una materia más.
-¿Con qué se encontró?
-Salieron vacantes en distintos cuerpos médicos, el más cercano era en Mar del Plata y como me quería venir para esta zona fui a esa ciudad. Si bien entré en cuerpo médico me destinaron a Miramar y me encontré con algo de lo que no tenía ni idea.
-¿Y cómo lo fue llevando?
-Hubo etapas, de aprendizaje, de curiosidad; de hecho, la primera autopsia que hice en Miramar creo que fue la más larga de mi historia. Tenía 25 años, en el Hospital aparece un hombre fallecido en un baldío, la morgue en Miramar estaba atrás del Hospital, en el último galpón… como en todos lados. Había una mesa, el cuerpo y los elementos que utilicé no los voy a mencionar porque al lector podría resultaría tremendamente desagradable.
-¿Tan así fue?
-Creo que ni se lo imagina siquiera. Es el día de hoy que me acuerdo cómo hice esa autopsia y digo “Espero que Dios me haya ayudado”. Hice lo mejor que pude pero con el tiempo me di cuenta que me faltaba un montón de experiencia.
-¿Recuerda quién era?
-Un indigente al que nadie reclamó y tuvo luego una sepultura municipal. Se constató que tuvo una muerte no traumática, desde el punto de vista médico legal no fue una autopsia de trascendencia. Para mi sí porque era la primera.
-¿Cómo se sintió después?
-Vivía en Mar del Plata, de modo que viajaba todos los días a Miramar y para volver me tomaba El Rápido del Sur y ¿cómo volví?, en el último asiento solo porque en el hospital tenía un lugar físico para trabajar, pero no duchas… fue tremendo. Cuando llegué a casa mi señora me pidió que me sacara la ropa en el patio. Parece que no, pero en cinco horas uno se va impregnando de distintos olores… ese cuerpo al que le hice la autopsia prácticamente estaba en estado de descomposición.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Las morgues han cambiado desde esa época, se han modernizado?
-Soy Jefe de cuerpo médico de Policía de Azul y allí tenemos una morgue específica, pero acá está en el Hospital, al lado de infectología donde tenemos una mesa y practicamos las autopsias. En las ciudades del interior de la provincia esto funciona así, en un lugar medio escondido. En Capital, Gran Buenos Aires, Mar del Plata hay morgues.
-¿Lo que se ve en el cine, toda esa aparatología de última generación, existe?
-Deben ser muy semejantes a su realidad, lugares con una mayor tecnología, pero no es nuestra realidad.
-¿Qué le ha brindado ser médico de policía?
-Experiencias que no tenía. Hoy me refería a que cuando comencé con esto la primera etapa fue de curiosidad. Después viene una segunda en la que uno no se debe estancar, la de “me interesa esto porque con mi trabajo voy a esclarecer el caso… calzaba Nº 42 el que lo mató y lo hizo de tal manera”. Y después viene la última etapa, la de la prudencia y reflexión. La de decir: “Sabemos, tenemos experiencia, la autopsia es un hecho muy importante, hace más que falta para una investigación criminalística pero no es la investigación que determina el caso, están los peritos en rastros, los fotógrafos. Es una parte, no la investigación.
-Algunos muy poco; otros nos hablan pero sabemos que pueden mentir y también se puede llegar a “guitarrear” con el cuerpo.
-¿Cómo es eso?
-Algunos de los que están en esta profesión son los que luego aparecen en televisión como criminalistas, expertos y que además hablan sobre casos particulares en los que ni siquiera han intervenido. Además en medicina legal como en toda medicina, biología, puede haber cambios, por ejemplo con el tiempo de muerte, no es algo sencillo y crea muchas discordancias.
-¿Por qué?
-No todos los cuerpos son iguales en su estructura. Recrear una misma situación de un mismo hecho es particular para ese hecho. Si hay una muerte traumática en determinado lugar va a ser en ese ambiente, con ese clima, a esa hora, con esa temperatura ambiente. Los cambios que se van produciendo en el cuerpo son variables de acuerdo a la talla, el peso, la cantidad de tejido celular, si está infectado, si tiene una patología o no. De hecho hay una manera para estimar una data de muerte con un montón de factores a tener en cuenta, pero dentro de eso que uno puede determinar hay muchas variaciones.
A veces también la justicia exige datos rápidos, por eso digo que la experiencia nos enseña a ser prudentes y lo más certeros posibles.
-Hoy le preguntaba que había aprendido al ser médico de policía y habló de experiencia, que vuelve a reiterar. ¿Qué mas?
-Y que la muerte nos iguala. Si nos pudiéramos dar vuelta como un guante veríamos que el hígado tiene el mismo color, los riñones las mismas formas…. de modo que tenemos un estuche que nos diferencia para conocernos, pero si nos dieran vuelta como un guante –insisto- no sabríamos quien es quien. Somos iguales con características morfológicas por afuera, pero en un segundo todo cambia. Una persona puede ser de lo más linda y en el momento que muere esas facciones cambian, como su color, la cornea se pone opaca, se hincha, se pudre y la comen los gusanos y eso es de inmediato.
me pongo una coraza”
-Nosotros participamos en calidad de testigos, ya que todo perito es uno.
-¿Practicó la autopsia del matrimonio italiano, de Antonio y Francesca Bravatta?
-Sí, y si va a juicio oral, seré citado.
-¿Hay alguna autopsia que lo haya marcado mucho?
-A la hora de morir somos todos iguales, como le decía. Claro, hay quienes tienen más lesiones que otros… pero me pongo como un protector, algo interno, lo hago de forma inconsciente. Hay cuerpos que han sufrido muchas lesiones, desarticulaciones, amputaciones, generalmente en accidente de ruta, pero como le comento trato de hacer mi trabajo como si tuviera puesta una coraza.
-¿Lo llaman a cualquier hora, como a los médicos obstetras y tiene que ir?
-Sí, a veces sirve ir al lugar del hecho y otras no tanto, en esos casos se levanta el cuerpo y se traslada a la morgue. En lo culposo no es tan importante estar en el lugar; sí, cuando hay un suicidio u homicidio entonces tenemos que ir porque va a ayudar al informe de la autopsia. Pero en lo que es accidental es más relevante la tarea de un perito accidentológico.
-¿Le ha quitado el sueño algún caso? Se lo pregunto porque por lo general se trata de dejar los problemas laborales afuera del hogar para estar con la familia, hablar de otras cosas, ¿puede hacerlo?
-Cualquier trabajo que he hecho poco lo he transmitido en mi casa, no soy de relatar los casos, incluso soy bastante introvertido y poco hablo… pero uno se involucra en esto y al estar en la institución le interesan los casos, lo que encontró el perito en rastros, si fue positivo, si hubo indicios y todo eso se puede desarrollar en el juicio. Me interesa saber lo que dicen los testigos, cómo puede interpretar el fiscal o el defensor ya que con el tiempo hemos aprendido a entender sus términos, su jerga y escuchándolos podemos ir viendo qué se pedirá como condena, entre otras circunstancias.
-Le interesa todo lo que existe alrededor de cada caso.
-Es muy interesante escuchar lo que aporta, por ejemplo el perito balístico, la reconstrucción… las autopsias también las tengo que hacer y de hecho las continúo pero me interesa más aportar mi experiencia en base a los tantos casos que he visto.
“Los muertos no tienen ideología”
-Sucede que para el que sufre las estadísticas no le sirven. Zaffaroni dice que 3 homicidios cada 100 mil habitantes es un dato muy bajo. Tandil está dentro de la estadística, pero como señalaba recién, si a uno le matan un familiar qué le vamos a hablar de estadísticas, no le importa.
-Hoy señalaba muy gráficamente que “a la hora de morir somos todos iguales”.
-Es verdad y algo que no tienen los muertos es ideología. He hecho autopsias a personas que eran de izquierda, de derecha, eran muertos.
-Iguales, como dice…
-Claro. Es una equivocación decir “a este lo matamos bien o lo matamos mal. Porque más allá de todas las reivindicaciones y todo lo que sucedió que no se olvidará, nos tiene que quedar de enseñanza que nadie se puede hacer dueño de la vida del otro.
-Como su padre, no está de acuerdo con los medios violentos.
-Claro que no. Por ejemplo cuando mataron a Rucci (José, gremialista) no fue una mala o buena muerte, fue un asesinato y no se lo puede calificar de otra manera. No se puede sacar a un gobierno con violencia, fusilando a la gente. Lo prefiero toda la vida a Gandhi que hizo una revolución no violenta.
No justifico la violencia, el genocidio, el revolucionario que mata, porque no existe justificación para matar o hacer justicia por mano propia y cuando se levanta la bandera de los derechos humanos se debe recordar que el primer derecho es a la vida, es primordial, por eso digo que no hay “buenos o malos muertos”, según se piense de una manera u otra.
-¿Hay que tener un arma en casa por protección?
-No, porque los chicos son grandes buscadores y siempre las encuentran y se producen los accidentes que son evitables.
-¿Ha revisado como médico de policía a personas a las que terminó haciéndoles luego la autopsia?
-Sí. Me dicen: “Hola doctor, ya ve otra vez por acá”. Me pasó con Javier Perotti, y la verdad es que uno lo que quiere es que no salieran a robar, a hurtar… cuando terminó muerto, cuando le hice la autopsia no era el cuerpo de un delincuente, era un cuerpo humano que lamentablemente había muerto en forma traumática y eso es lo mismo para cualquiera.
-Lleva 1500 autopsias, después de todo lo que me ha contado ¿cómo se maneja en su vida?
-Lo tomo en serio que significa hacer un trabajo responsable.
Convivo con lo que elegí aunque a veces con los 25 años que llevo en esto siento que tengo casi “lleno el disco duro”.
-¿Durante la autopsia sucede lo mismo que en otras cirugías donde los médicos hacen comentarios, cuentan anécdotas, escuchan música?
-De hecho hacemos comentarios banales con los compañeros, pueden hacerse bromas porque son válvulas de escape, pero hay que ser respetuoso con el cuerpo. Sabemos que detrás de esa persona hay una familia destruida, por eso hay que tener mucho cuidado.
-¿Hace terapia, se analiza?
-No… creo que no me ha causado ningún trastorno emocional la medicina legal, al menos eso es lo que pienso.
-¿Cree que la gente está preparada para enfrentar la muerte?
-No. Nacer, vivir y morir son etapas, pero cuando ésta llega, a veces se produce una histeria y eso es porque tendrían que prepararnos desde chicos. Me estoy refiriendo a situaciones donde se sabe de tiempo que el enfermo es terminal o personas muy ancianas… en el caso de los niños, personas jóvenes es diferente. Pero insisto, no nos preparan para la última etapa.
-¿Cómo cerraría la nota?
-Hoy le decía que continúo haciendo autopsias, pero actualmente me interesa más aportar mi experiencia en base a los tantos casos que he visto.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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