El hombre de pocas palabras
Tirso, así le llaman a Vicente Fernando Roberto Pavolini, es licenciado en escenografía egresado de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Fue uno de los profesores más jóvenes de su Facultad y contó que él mismo financió su carrera universitaria: ?la solventé dibujando historietas para el diario El Día, los domingos. Haciendo caricaturas, retratos y trabajando de la mano de mi maestro Saulo Benavente. Cuando me recibí ya tenía una vasta experiencia?.
-No es tandilense?
-Nací en Monte, hice la primaria en Las Flores y después del secundario me fui a estudiar a La Plata una carrera no tradicional, no convencional, pero que era lo que a mí me gustaba.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCuando se recibió, su primer trabajo fue en la Dirección de Museos y Monumentos Históricos de la provincia de Buenos Aires, como asesor. También estuvo en el Museo de Luján y paralelamente comenzó su carrera en el Ministerio de Seguridad Social, donde fue asesor del secretario del área, durante la época de la dictadura y con el ex presidente Raúl Alfonsín, en la vuelta a la democracia. ?Durante el gobierno de Alfonsín terminé mi carrera, me retiré?, dice sin que se perciba un sentimiento particular en sus palabras.
?En ese entonces ganaba muchísima plata y la hice pedazos, porque me gustaba viajar, tenía un departamento en Palermo Hollywood, mi estudio, trabajaba en cine y televisión??
Y en este momento de recordar épocas doradas, el hombre que disfrutó de la opulencia, cuenta cómo de un día para otro y por propia decisión dejó todo en Capital Federal decidiendo no volver jamás a la ciudad porteña, cansado de vivir apresuradamente, siguiéndole el ritmo a una vida agitada que va ?en contra de la vida misma?.
Allá quedaron su ex mujer y sus hijos con estos últimos hoy intenta restablecer el vínculo después de más de una década sin verlos.
Y la pregunta del por qué se dio esa situación intenta ser verbalizada, pero a veces es mejor la prudencia, sobre todo con la gente de pocas palabras.
Tirso creó cientos de stands, lo contrataban y él se ponía a crear según para lo que se necesitara. Y un buen día recaló en Tandil y conoció a la familia Cagnoli que lo contrató: ?hasta hace poco decían que era su creativo ?cuenta con orgullo- fui el creador de esos muñecos gordos bigotudos que se distribuyeron por todo el país con la marca Cagnoli. Un acierto, dijeron los dueños, porque aumentaron las ventas muchísimo?. Tirso ha encarado tantos trabajos como propuestas ha tenido, nunca le tuvo miedo al desafío creativo ?Pero lo que más me interesa es hacer stands y el más importante fue el de Costa Salguero con un grupo de italianos en una exposición de dos días, se veía Tandil a través de una ventana, una cosa maravillosa?, rememora.
La piedra de
la discordia
?Durante siete meses estuve realizando estudio, pedazo por pedazo, fotos aéreas para realizar la maqueta y a partir de ella, la grande que era la tercera parte del tamaño real y me llevó quince días. Estuvo expuesta en Norte y ahora está en la sala de embarque del aeropuerto local. La hice lo más parecido a la real y me di el lujo de poner la foto antigua y la de la similar y tenía un 80% de parecido?.
Aprovechando que salió el tema de la piedra, le preguntamos si había hecho alguna propuesta: ?ofrecí mis servicios gratuitos para colaborar dado que tenía buena documentación, ya se había contratado la empresa de servicios, de modo que no participé. Dos días antes me llamaron para dibujar los líquenes y cuando fui a verla dije ´no´.
-¿Por qué?
-Prefiero reservar mi opinión.
Arte decorativo
en la cafetería
Tirso recicló toda la cafetería del Hospital Ramón Santamarina, añadiéndole un atractivo especial con el fondo de barra, vigas simuladas y pintó las paredes de cálidos colores colocando cuadros decorativos.
?Esto era muy triste ?contó- y si bien todavía le faltan algunas cosas está bastante bien resuelto. No es una cosa del otro mundo ni mi mejor trabajo, pero estoy contento?.
-¿Qué otros lugares ha reciclado?
-Hice algunas refacciones en Casa de Piedra, El Angel. Una serie de boliches, muchos muñecos que han dado excelentes resultados de venta como por ejemplo el que está en La Casita del Paraíso o como le contaba hoy el de Cagnoli, cabarés, boliches bailables.
?Tengo algunas materias más que los arquitectos, sólo que trabajamos de mentira. El arquitecto pone una viga de verdad, pero si no sostiene nada la hago de cartón y después queda como si realmente se hubiera puesto una viga?.
?Siempre escuché hablar bien de la atención del Hospital, alguna vez me tocó acompañar a un amigo y cuando empiezo a hacer esta cafetería me encariñé con el Hospital ?ojalá no tenga que visitarlo como paciente dice sonriendo- y la gente que viene acá es de bajos recursos y está muy agradecida y, si bien no tengo plata, soy dueño de mis conocimientos artísticos y un día entrando me quedé mirando el grupo escultórico y decidí que sería un buen regalo para los cien años del Hospital, pintarlo. Se lo comenté a Arnaldo Ghironi, dueño de la Maderera San Pedro, y me regaló el marco.
Se lo entregué al doctor Lunghi, en el marco de los cien años del Hospital para que lo coloque donde él piense que debe ir, lo hice por reconocimiento a esta ciudad a la que quiero tanto?.
Tirso está contento. Cuando terminamos la nota nos señala, como si no lo hubiéramos advertido, que él es ?de perfil bajo?. Prefiere trabajar desde el anonimato y cuando algo toma estado público, como en este caso la pintura regalada, agradece la nota invitándonos con un café. Que saboreamos en la mañana fría, mientras él rememora épocas pasadas y queremos escuchar más, pero al instante calla y se concentra en el café caliente. Ya sabemos, es un hombre de pocas palabras.
Le regaló pinturas a Dante Caputo, Ricardo Alfonsín, de Fernando de la Rúa entre otros: Dante Caputo fue el que más la apreció. Es la imagen esfumada por el viento de Leandro N. Alem. La puso en su despacho.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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