El Intendente se siente inseguro
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Y la semana se fue plagada de noticias policiales con sus reacciones a cuestas. A pesar de algunos comentarios obvios, no llama la atención que las notas de dicho tenor ganen la tapa, porque de hecho está en el abc de la redacción de una ciudad intermedia que las crónicas policiales tienen más adeptos que cualquier otra información. Consecuentemente, los medios le dedican el espacio y la prioridad pertinente. Así de sencillo, por más lecturas con que algunos interesados pretendan contrarrestar.
Tampoco resulta novedoso, precisamente, que las autoridades policiales se escuden en los titulares de un diario para no asumir la problemática y referir que se instala una ‘sensación’, como si la ‘sensación’ naciera por generación espontánea, de un invento, y no tuviera que ver con hechos concretos. Si hay ‘sensación’ de inseguridad será porque se han padecido hechos que provocan que los vecinos no se sientan seguros.
Bajo ese razonamiento, un diario sería responsable de que haya más muertes porque le dedica un espacio importante a las necrológicas. O más abusos sexuales porque se ventilan las denuncias.
Más bien ocurre lo contrario, desde que en los espacios de los medios se informa con responsabilidad de los hechos denunciados y sus respectivos desenlaces, las circunstanciales víctimas que ayer callaban hoy lo denuncian y buscan justicia, porque, en definitiva, de eso se trata.
Instalación
En todo caso, debiera atenderse a aquellos ciudadanos que padecen esa ‘sensación’ y no responsabilizar al mensajero. Debiera repararse en que quien instaló la ‘sensación de inseguridad’ fue la máxima autoridad local, el mismísimo Intendente, cuando frente a un micrófono pidió a sus convecinos que se cuiden cuando sacan los residuos a la noche, que procuren no dejar sus propiedades solas, entre otros consejos para combatir entre todos aquella ‘sensación’.
Más allá de los lógicos planteos vecinales que se dicen desprotegidos, fue el propio Lunghi quien instaló una problemática tan compleja como dinámica, que no está al alcance de una comuna para resolver por sí sola. Si apenas se pudo instalar algunas cámaras de video y cuesta horrores contar con horas hombre para poder realizar el monitoreo.
Y al meterse solito en el lodo, después devino una caterva de presuntas acciones tendientes a demostrar que no sólo está preocupado, sino ocupado. Así, se instaló como prioridad en la agenda de viaje a La Plata para ver al Gobernador la demanda de mayor cantidad de recursos humanos y móviles, cuando apenas un par de días lo había tenido a su lado en el acto por la vuelta del servicio ferroviario y nada se aludió a la delicada situación. Si hasta se aplaudió la entrega de cinco móviles.
Se fomentó un encuentro del foro de seguridad, cuyo fin sería loable si hubiera un convencimiento y una política a largo plazo. No como aquí, que se convocó para salir del chubasco. Encima, buena parte de los que terminan participando del cónclave no es otra que vecinos que añoran sus tiempos de integrantes de las viejas, como viciadas, cooperadoras policiales y echan a rodar sus fantasías de uniformados frustrados.
Como corolario de la semana parapolicial, una fotografía en la que las autoridades entregaron chalecos fluor a los efectivos arribados para realizar prevención en las calles durante el receso invernal.
La ‘sensación’ se fomenta cuando ocurren casos de alto impacto y encima no se esclarecen. Si a ello se le suman las imágenes que llegan desde la pantalla chica con conmovedores episodios de violencia, no hay receta infalible para salir de semejante escenario.
Si bien es cierto que la fría como objetiva estadística alude a que no ha crecido el delito más allá de las cifras promedio, que los delincuentes ingresen a cara descubierta en viviendas ocupadas, y con cierto ‘oficio’ a la hora de cometer el ilícito, debe poner las barbas en remojo a los responsables de cuidar a la población.
Por lo expuesto en esta semana quedó más que claro que además de los vecinos de a pie hay alguien que se siente inseguro, y no es otro que el propio jefe comunal, tal vez atemorizado porque ocurra lo de Cañuelas, cuya intendenta se la veía tan feliz como a él en el acto de la Estación, sin imaginar que luego iba a sufrir una pueblada.*
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