El invierno y la cobija
La gripe A, el delito omnipresente, los subsidios al transporte urbano de pasajeros, la posibilidad de que el tren vuelva a circular entre Tandil y Constitución, la expectativa por una radicación productiva y las quejas por el estado del Langueyú tuvieron un amplio tratamiento en los medios locales en los últimos siete días.
Sin embargo, desde el bajofondo, muchas veces tapado por cuestiones estratégicas, llegó a la superficie un tema que ya hizo implosión en el despacho de Lunghi: los números comunales.
Sabido es lo de la economía, hoy congelada cual agua de las fuentes lunghianas, lo de la menor recaudación y coparticipación. Lo de lo imposible que se le hará al pediatra que trabaja de Intendente mantener el ritmo que le imprimió a su gestión en los últimos cinco años y pico, cuando el viento de cola le permitía darse ciertos gustos.
Los tiempos han cambiado, y mucho. Los funcionarios aparecen subrepticiamente en su nuevo rol de malabaristas para explicar las carencias, lejos de los dulces anuncios de otrora.
En esa sintonía, la comuna trató de no perder la iniciativa política cuando advirtió que no estaba en condiciones de cumplir con recomposiciones salariales. Así, pretendió frenar en seco demandas que se caían de maduras. No lo logró. Los municipales, los trabajadores de la salud, los de Obras Sanitarias, por caso, arremetieron con sus justos reclamos.
La política del recorte, la más antipática, por cierto, empezó entonces a tallar en reuniones de gabinete en las que hasta no hace mucho se discutía cuánto y en qué gastar.
Ahora no hay recursos suficientes para sostener la cada vez más pesada mochila social, paliar el déficit habitacional, apuntalar la salud y la educación. Mucho menos la cultura y el deporte. La manta parece hacerse cada vez más corta.
Vuelven a tomar renovado impulso entonces las críticas por el gasto político y por las prioridades fijadas. Ya lo hicieron saber gremialistas y opositores. Circulan con insistencia los sueldos de funcionarios y concejales.
Desde la vereda oficial se les responde que los números a los que aluden no tienen incidencia en la masa global. Ergo, nada es susceptible de modificación.
En el medio, queda la sospecha, sino la certeza, de que un gesto desprendido bien podría contribuir, al menos, a cambiar los ánimos. Por aquello de Arturo Jauretche: ?Es pa? todos el invierno, o es pa? todos la cobija?.
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