El karma K
(Escribe Fermín Daguzán). Tras el asesinato de Julio César, los ?Idus de marzo?, fecha que originalmente era de buenos augurios en el calendario romano, pasaron a simbolizar épocas de grandes calamidades políticas.
En la Argentina 2008, los ?Idus de marzo? pasaron con el capricho kirchnerista de imponer retenciones móviles e inconsultas a la exportación de granos, auténtica génesis de un conflicto económico que mutó en político e institucional, y al que ochenta días después, ya nadie se atreve a firmarle el certificado de defunción.
Durante ese extenso, innecesario y obcecado proceso, los principales actores construyeron un relato de la realidad a su medida. Desde esta columna, se ha subrayado reiteradamente el formidable error del Gobierno en esa concepción.
Algunos analistas, como el periodista Jorge Fontevecchia, por caso, lo atribuyó a un desconocimiento K de la toxonomía, entendida como ciencia que clasifica a los seres vivos. En su interpretación, el director del diario Perfil sostiene que la gestión pingüina, acostumbrada a abrochar con el establishment, metió a los productores agropecuarios en la misma bolsa que a los empresarios.
El argumento refiere a que éstos mantienen una relación abstracta con su fuente de producción, por lo que al menor síntoma de pérdida de rentabilidad, son permeables a poner proa hacia aguas más calmas. ?La cobardía del capital? redondea el axioma.
En las antípodas, los chacareros tienen una relación con su medio de producción, la tierra, que no es abstracta, sino más bien visceral. Que alberga lazos emocionales y adquiere ribetes religiosos en algunas familias.
Ante un grosero error de percepción, entonces, el Gobierno decidió persistir en él hasta generar una espiral temeraria. Esta semana, sumó más incertidumbre con un abrupto corte de diálogo ante el exitoso acto del campo en Rosario, y más confusión con anuncios que en esencia no mejoran la actualidad del sector. En su afán confrontativo y divisorio, como estrategias de desgaste que buen resultado le han dado en otros frentes, los K judicializaron el conflicto y denunciaron la informalidad laboral como uno de los principales resortes de la rentabilidad chacarera.
Así las cosas, la sociedad padece en carne propia la supervivencia exagerada de una crisis que nació con la inflación y la mentira del Indec, convive con las carencias en materia energética y se desayuna a diario con el enfriamiento, del cuerpo y de la economía. Y con la foto del interior profundo afectado por un parate increíble.
Aunque encapsulado, el Gobierno sigue teniendo las respuestas.
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