El líder supremo iraní aseguró que no hubo fraude y advirtió que reprimirán las protestas
El líder supremo iraní, Ali Jamenei, dijo ayer que no hubo fraude en las elecciones presidenciales y advirtió que se castigará a quienes continúen las protestas callejeras en reclamo de que se repitan los comicios, de los que fue declarado ganador el presidente Mahmud Ahmadinejad.
En sus primeras declaraciones públicas desde el inicio de manifestaciones masivas para protestar por los resultados de las elecciones de hace una semana, el ayatollah Jamenei, máxima autoridad religiosa y política de Irán, dijo que las marchas deben cesar y los reclamos deben canalizarse por las vías oficiales.
Ni el ex candidato presidencial Mir Hossein Mussavi, que denuncia fraude, ni los sitios de internet de sus seguidores reaccionaron a las palabras de Jamenei, pero tampoco anunciaron cambios a una marcha convocada para hoy hacia el mismo lugar donde el lunes murieron ocho personas en enfrentamientos.
Esa marcha se siguió de tres días de masivas manifestaciones por Teherán, en el mayor desafío al sistema teocrático iraní desde su nacimiento de la Revolución Islámica de 1979.
Hasta ahora, el gobierno no utilizó la fuerza en las marchas posteriores a la del lunes, pese a haber prohibido el martes toda manifestación, pero los dichos de Jamenei dejaron la puerta abierta a medidas más severas.
Obligado por la crisis a una inusual exposición pública, el ayatollah advirtió que los manifestantes “serán hechos responsables del caos”, si no ponen fin a las marchas iniciadas el fin de semana pasado.
El líder supremo, que tiene poderes casi ilimitados según la Constitución iraní, dijo que el pueblo “eligió a quien quería”, y que la amplia victoria del presidente Mahmud Ahmadinejad en los comicios del viernes pasado está por encima de toda duda.
“No hubo ninguna manipulación. Hubo 11 millones de votos de diferencia. ¿Cómo se pueden manipular 11 millones de votos?”, dijo el ayatollah al presidir las plegarias del día sagrado musulmán, ante decenas de miles de personas en la Universidad de Teherán.
Jamenei acusó Estados Unidos, al Reino Unido, a otros enemigos externos y a la prensa extranjera de fomentar el descontento para desestabilizar el país, pero dijo que en Irán no habrá una segunda revolución como la que transformó a los países de la ex Unión Soviética.
Funcionarios iraníes acusan a menudo a “enemigos” del exterior de complots, pero los dichos de Jamenei insinuaron una probable falta de disposición del país a profundizar el diálogo con Occidente y a aceptar la oferta de conversaciones con Estados Unidos hecha por el presidente Barack Obama, dijeron analistas.
“Algunos de nuestros enemigos en diferentes partes del mundo intentaron describir esta victoria absoluta, esta victoria definitiva, como una victoria dudosa. Es vuestra victoria. Ellos no pueden manipularla”, dijo el ayatollah.
El primer ministro británico, Gordon Brown, dijo en Bruselas que la Unión Europea (UE) condenaba unánimemente la represión de las protestas en Irán, que ya dejó al menos ocho muertos, y la Cancillería británica convocó al embajador iraní en Londres para que explique los comentarios acusatorios de Jamenei.
Las autoridades electorales de Irán dijeron que Ahmadinejad ganó los comicios con un 63 por ciento de los votos, pero Mussavi dice que las elecciones fueron fraudulentas y que él fue el ganador.
El ayatollah defendió a Ahmadinejad, y dijo que sus opiniones en política interna e internacional son más parecidas a las suyas que las de Hashemi Rafsanjani, un poderoso clérigo iraní considerado cercano a Mussavi.
Jamenei reiteró que ordenó a las autoridades electorales de Irán estudiar las irregularidades denunciadas por Mussavi.
En comentarios de tono conciliador, el líder supremo dijo que los cuatro candidatos presidenciales “forman parte del sistema islámico”, mientras “la prensa exterior intentó hacer creer que está en curso una guerra al sistema islámico”.
Ocho personas murieron en las protestas tras las elecciones, todas ellas el lunes, cuando cientos de miles de seguidores de Mussavi salieron a las calles en Teherán, en una manifestación que recordó las grandes marchas de la Revolución Islámica, y se enfrentaron con una temida milicia pro-gubernamental, los basij.
Una treintena de personalidades de conocida afiliación al movimiento reformista iraní, entre ellas políticos, periodistas e intelectuales, fue detenida desde el lunes, según denunciaron sus familiares y organizaciones internacionales.
La alta comisionada de la ONU para derechos humanos, Navi Pillay, manifestó ayer su preocupación por la ola de arrestos de disidentes en Irán e instó “contundentemente” a las autoridades a ajustar a la ley la actuación de las fuerzas represivas oficiales y semioficiales.
La organización de derechos humanos Amnistía Internacional (AI) advirtió que los dichos de Jamenei legitiman la “brutalidad policial” contra los manifestantes opositores, lo que puede generar más pérdidas de vidas. (Télam)
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