El mayor héroe de la defensa indígena
Alvaro Yunque, el gran escritor argentino que este año está siendo homenajeado en Tandil por la Universidad Nacional del Centro, escribió en el prólogo de uno de sus trabajos:
?En rigor, este libro debió llamarse ?La conquista de las pampas?. Preferí titularlo ?Calfucurá?, nombre del mayor héroe de la defensa indígena. Él, como Oberá, Juan Calchaquí, Yamandú, Caupolicán, Lautaro, Túpac Katari y Túpac Amaru, representó el espíritu de un pueblo que defiende sus derechos frente al conquistador de su tierra.
Él, como aquéllos, estaba condenado por el mandato histórico. Inútil fue su heroísmo. Tuvo que caer. Fue, a la vez, un combatiente y un estadista, fue valeroso e inteligente. No ganó combates sólo a punta de lanza. Fue también estratego, un baquiano y un guerrillero. Fue todo en uno, el Napoleón y el Tayllerand de las pampas.
Calfucurá, eximio diplomático, no confió como el aventurero corso, demasiado en la fuerza. Esto es lo que le hace ser un indio diferente y superior a sus predecesores, rebeldes, encendidos de pasión exasperada. Calfucurá, consciente de sus fuerzas y de las del enemigo superiormente armado, supo contener sus impulsos bélicos, aprovechar las fluctuaciones de su política, ver los puntos débiles del adversario, y atacar o pactar, exigir o ceder con sutilidad de gobernante.
Había en Calfucurá un misterio, que no le venía de los dioses aborígenes, sino de su inteligencia que lo levantaba del nebuloso caos pasional en que sus súbditos se debatían?.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email1835, EPOCA DE JUAN MANUEL DE ROSAS
“…nos quitarán la última tierra, nuestras familias y haciendas; con un poco de yerba y vino, vinieron a engañarnos. Aquí los pelearé yo; invito a formar una fuerte e invencible Confederación”.
En 1835 aparece en las pampas Juan Calfucurá, joven cacique araucano. Llega en tren de guerra. Ha cruzado los Andes como conquistador. Sorprende y deshace a los vorogas de Salinas Grandes, envía emisarios a las demás naciones y a Rosas; demuestra desde el primer día que es tan osado guerrero como astuto diplomático. Se instala definitivamente en el centro de las pampas. Se fortalece. Es temido y admirado por los suyos y por sus enemigos. ?Será el símbolo del valor, la audacia, la fuerza y la astucia de su raza?, sostiene Yunque.
1852, DESPUES DE CASEROS
Hasta 1852, hasta Caseros, Rosas era el señor de Buenos Aires y Calfucurá, el señor de las pampas. Después de 1852, por veinte años, Calfucurá mantendría en jaque a los ejércitos de la provincia primero y después a los de la Nación. Calfucurá adquiere talla.
El cacique Calfucurá, tras sus reiteradas y contundentes victorias logradas entre 1855 y 1859, siguió ganando batallas, pero sin pelear y acumulando riquezas; fue práctico, ya que supo sacar provecho de las graves situaciones internas (guerras entre provincias) y externas (guerra de la Triple Alianza con el Paraguay). Además, su sola presencia atemorizaba a los gobernantes, situación que también fue usufructuada por el cacique para firmar reiteradamente la paz a cambio de ropas, dinero, alimentos, vicios, ganado en pie.
En 1856, a poco de asumir la gobernación bonaerense el doctor Pastor Obligado, viajó hasta Azul para firmar la paz con el cacique Juan Catriel, padre de Cipriano.
CALFUCURA Y ESA ?JUSTA REPRESALIA?
Durante la última parte de la presidencia de Sarmiento (1868-1874) se intensificaron las acciones contra los indios, por lo que Calfucurá, ya anciano, volvió a combatir.
Sarmiento pretendía ocupar las islas de Choele Choel, un punto estratégico porque es la llave para las comunicaciones entre Chile y las pampas del sur. Al enterarse Calfucurá, rompe él también con los pactos y presenta pelea. Para colmo, entre el coronel Francisco de Elía y su cacique aliado Catriel atacaron a dos caciques mansos: Manuel Grande y Chiquitruz, cuyos indios fueron confinados en Martín García y los más jóvenes, reclutados para las filas del ejército. Esta injusticia llevó a Estanislao Zeballos, citado por Yunque, a escribir:
“Si por amor a mi patria no suprimiera algunas páginas enteras de la administración pública en las fronteras y de la conducta de muchos comerciantes, se vería que algunos de los feroces alzamientos de los indios fueron la justa represalia de grandes felonías de los cristianos, que los trataban como a bestias y los robaban como si fueran idiotas cargados de joyas y abandonados en media calle a altas horas de la noche”.
En 1872 el propio Calfucurá se encargó de remitir una breve nota al representante del gobierno provincial, con fecha 5 de marzo, fechada en La Verde, en la que le señala:
“Señor Coronel: Hoy le participo que el día 5 me vine a sorprender al cacique mayor Andrés Raninqueo, con toda su indiada, así es que me vine con seis mil indios, a vengarme de la gran picardía que hicieron con Manuel Grande y Chiquitruz y demás capitanes, en fin, muchas picardías que han hecho “.
PRINCIPIO DEL FIN
El desastre final de Calfucurá tuvo lugar poco después, también en 1872, aquí nomás en Bolívar. Ya las armas de fuego no eran las mismas de la década de 1850. Se trataba, en consecuencia, del principio del fin para los aborígenes de nuestra región.
Calfucurá lo presentía. Muy anciano ya -pero también muy triste- murió en sus toldos de Salinas Grandes, el 3 de junio de 1873.
El general Ignacio Garmendia, en una especie de responso, escribió sobre él:
“La memoria de este indio extraordinario que en otro teatro más vasto y culminante, y con otra educación profesional en sus instintos guerreros, pudo irradiar los fulgores del genio, no ha de morir. Inmortal será como Viriato, Hernán o Lautaro”.
INSTINTOS GENEROSOS
Sobre Calfucurá ha dicho Augusto Guinnard, que le hizo de secretario antes de la batalla de Cepeda (1859):
?Este hombre, tengo la convicción de ello, no ha sido enemigo de la civilización, pues estaba dotado de instintos generosos. Tenía el sentimiento de la justicia, pero, desgraciadamente para los argentinos, a quienes su sumisión habría sido fuente de grandes riquezas, la falta de habilidad de que dieron pruebas para tratarle y la inconstancia de su política, desviaron las buenas disposiciones del cacique?.
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