El mosquito sigue zumbando
El sábado en el estadio del club Once Unidos, Luis Lasarte campeón del mundo minimosca, defendió por primera vez el título que en el mismo recinto le arrebató al colombiano Carlos Tamara.
La pelea en sí fue enredada, plagada de infracciones por ambos lados con más escaramuzas desordenadas que acciones técnicamente claras. El árbitro Sammy Viruet, con el traje de mister Magoo, ?no vio nada de nada- dejó pasar todos los golpes bajos que aplicó el argentino, inclusive alguno dio en el muslo y los cabezazos intencionales -en lo que es experto- del nicaragüense Nerys Espinosa.
El retador, con trece centímetros más que el campeón, no pudo resolver el problema que le presentó ?El Mosquito?, que está acostumbrado a pelear con boxeadores más altos, y en cambio el nicaragüense nunca enfrentó a un rival de tan poca talla.
Lasarte fue un vendaval asociado al desorden, con un empuje que no decayó en ninguno de los rounds gracias a una preparación excepcional y de la que deberían tomar nota aquellos que cobran varias veces la bolsa del ?Mosquito? y se presentan con un alarmante estado físico. De hecho, que es una gran ayuda el obligado ?footing? mañanero al que está atado como recolector de basura, pero no importa el por qué, sino cómo sube al ring y siempre lo ha hecho con energías de sobra.
El ?nica? es complicado ?me lo dijo días antes su compatriota, el periodista Ismael Rubio- porque es buen boxeador, y sabe de mañas, como que al finalizar el primer round ya lo había cortado con un sutil cabezazo a Lasarte. Pero su buen boxeo y sus ?destrezas? se encontraron con esa maquinita de ir al choque, que nunca le dio la distancia, que pegaba y arreaba, golpeaba después del break y por debajo de la línea del cinturón. En los limpios pasajes fue donde el campeón sacó las ventajas, con el jab de izquierda y una pesadilla para su rival como fue la derecha boleada. A partir del noveno round las ventajas de Lasarte fueron en aumento, pues mientras su rival daba muestras de cansancio el marplatense seguía combatiendo como si recién empezara.
Los jurados, en un ataque de amarretismo, le dieron el triunfo por cuatro puntos, en realidad tres, pues el árbitro le descontó uno al visitante cuando expiraba el último round y cuando ya todo estaba dicho.
En una pelea complementaria, Ezequiel Martínez le ganó por nocaut en el cuarto round a Uilian Santana Barauna. En el segundo round se produjo un corte en el cuero cabelludo de Martínez a raíz de un cabezazo accidental bañándole el rostro de sangre. El médico que subió a revisarlo ni siquiera tenía una gasa en la mano. No pudo determinar ni la longitud ni la profundidad del corte igualmente dijo: ?Que lo limpien y que siga?. Y el árbitro Armani llevó al boxeador a su rincón para que lo limpiaran. Aclaremos, cuando hay un accidente está prohibido que los segundos metan mano -Páez le ganó a Bonavena por una maniobra de Dipilato-. En el cuarto round, el brasileño recibió una tremenda mano de Martínez que se fue al suelo con un signo alarmante, su pierna derecha, tenía -para ponerlo en criollo- un tembleque que indicaba una conmoción cerebral seria. Luego de un momento en el suelo lo levantaron casi de prepo. Y así suceden los accidentes, lo menos que debió hacer el médico fue revisar el reflejo pupilar y alguna simple maniobra semiológica antes de ponerlo de pie. Pero que le vamos a pedir una linterna a quién ni siquiera lleva un paquete de gasas. Así como se instruye a árbitros, jueces, fiscales y demás, sería conveniente que los médicos de turno en los combates de box fueran convenientemente adiestrados para evitar que los boxeadores sufran consecuencias irreversibles no por causa del boxeo sino por una deficiente atención médica.
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