El muchacho de acá a la vuelta
Se oyó en un kiosco metálico de la avenida Bolívar: ? Acá está su diario, señora. Fíjese, una noticia dice que Lanusse, el muchacho de la esquina, recibió de gente de Buenos Aires un premio bárbaro, pero no de basquet eh?sino científico?– No?no puede ser algo tan importante, será por otra cosa? ese tipo es Carlitos ?
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Los 50 años de Carlos Lanusse, hijo de Orense y tandilense por carrera y gusto, vibraron como nunca el lunes de la premiación. El elegido Miembro de Número por la Academia Nacional cambió la chaqueta laboral por saco blanco y corbata, viajó a Buenos Aires, entró a la Academia, regaló sonrisas a raudales, besó a familiares, abrazó colegas, agradeció a académicos y se sentó en la primera fila ante el estrado, igual que cuando ocupaba el primer banco en la Escuela de su pueblo natal.
Allí, mil imágenes recorrieron los barrios de su privilegiado cerebro. De cuando egresó en su pueblo, llegó a Tandil, se recibió de médico veterinario en el ´82; se doctoró por primera vez en La Plata 4 años después; se fue a la canadiense Montreal para merecer el PHD, su segundo doctorado, y regresar a Tandil en el ´92 para quedarse, no sin seguir haciendo viaje tras viaje de perfeccionamiento y recibir otras distinciones.
Al galope, las imágenes añadieron las alegrías del casamiento con la tandilense Diana Lan, el nacimiento de los hijos Nazareno hace 19 años en el lejano Canadá, Lautaro (16) y Simón Pedro (13) ambos tandilenses, de cuando les enseñaba a tirar al aro y hasta recordó qué harían, en ese momento, sus compañeros de subcomisión del club Independiente. Un desfile íntimo tan completo como silencioso.
No sin gran esfuerzo, su modestia pudo tolerar los elogios quizá sin precedentes en la historia de la Unicen que dirigiera su padrinazgo académico ante la eximia jerarquía en la materia.
Al finalizar, apretando la emoción, el dueño de esa jornada inolvidable dejó la primera fila para pasar al estrado. Premio en mano, agradeció y agradeció mediante reflexiones personales impregnadas de pluralismo. Casi nunca un ?yo?, casi siempre un ?nosotros?.
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Se siguió oyendo en el mismo kiosco: — Sí señora, es como le digo, convénzase, hace rato que es un investigador de primera? mire? acá está en la foto. ? Ajá?tiene razón, es Carlitos, el que vive a la vuelta de casa. Parece mentira, nunca lo imaginé? es un muchacho tan simple?
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