El mundo nos mira
Aventura, competición, espíritu, pasión, son algunas de las diferentes sensaciones que sirven para medir y definir lo que implica el Dakar. Cuando los organizadores eligieron Argentina y Chile reemplazando al territorio sudafricano, el objetivo tenía premisas insoslayables, dificultades, trampas y sorpresas para está 30ma. edición en un nuevo escenario. Al llegar a Sudamérica encontraron otras alternativas, la gente y su pasión, y ello no era un detalle menor. El público es protagonista decisivo en estas latitudes, jugando además de un papel vistoso, un rol decisivo y preponderante en este tipo de batallas o aventuras, sino pregunten a Marc Coma, o al francés Etienne Vuillet. El desafío del Dakar es único. No tiene límites. El magnetismo es insuperable. Atrapa, cautiva y seduce a cualquier público, sin edades o géneros. Las vivencias y sensaciones se multiplican a cada paso e instante. Cada piloto entrega lo máximo. Es el espectáculo más apasionante que ha vivido el país. Por eso la conmoción. Por eso, medio millón de personas vieron la movida inaugural, 250 mil el capítulo inicial, y un número incalculable en las etapas posteriores. En los primeros kilómetros de esta emblemática carrera, apostamos a vivir un ?show? diferente en el pueblito de Del Valle, localidad pequeña del partido de Veinticinco de Mayo, a 17 kilómetros de la Ruta 205. La tranquilidad de los pobladores se veía alterada por las seis mil personas, que llegaron el día anterior a ese lugar, para encontrar una platea preferencial en los campos de la zona, o en los bolsones populares. A las 9.35 del sábado, apareció la primera moto, la KTM del francés Cyril Després, con aviones y helicópteros sobrevolando, y durante más de seis horas el tránsito de las dos ruedas, los ?cuatri?, los autos, camionetas o prototipos fueron incesantes. El paso de Peterhansel, con la ?Mitsu? Racing Lancer, el ?príncipe? qatarí Nasser Al Attiyah, el madrileño Carlos Sainz y el Hummer de Roby Gordon, fue de alto nivel superando en plena polvareda a motos y cuatriciclos. El valor agregado, o el plus, fueron los camiones, un espectáculo de magnitud y excepción. Las ?moles? rodantes desandaban a gran velocidad los 12 km entre estancia Huetel y Del Valle, llegando a la variante de 90 grados, a 150/160 km, tirando el ancla para doblar y girando con el último resto. Lujos para los ojos y una notable belleza conductiva. Delirio, aplausos, y emoción hasta las lágrimas. La admiración del público con los talentosos actores, y el saludo y reconocimiento de estos intrépidos gladiadores a la gente, en un ida y vuelta emotivo. Una sensación mágica del mundo de los motores y la aventura, en un lugar soñado, porque la ruta trae reminiscencias de épocas ilustres, implica rituales, y misterios, difíciles de explicar. Es el templo de la velocidad y los grandes desafíos. Así es el Dakar, por eso, el mundo nos está mirando. Cuarenta y nueve nacionales diferentes están representadas en este nuevo ?clásico?, y casi ciento noventa países disfrutan a través de la ?tele?, la topografía y bellezas de la Argentina. Estamos en la boca del mundo, mostrando la mejor cara y poniendo el pecho al evento más relevante, que ha transitado nuestro suelo. El Dakar tiene un veinte por ciento de competición, pero el ochenta restante implica aventura, esfuerzo y la gloria de llegar. La majestuosidad de la cordillera, los caminos quebrados, las dunas y el desierto de Atacama, son aún obstáculos complejos de superar, pero estos valientes guerreros conocen a fondo lo que pueden entregar. Las estrategias y convicciones tienen un destino, llegar a la meta. El mundo deportivo está pendiente del Dakar. La gloria de este evento mágico no es sólo el triunfo o el podio, sino transitar, compartir y vivir con intensidad los casi 9.600 kilómetros de su recorrido.
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