“El nuevo mundo”, un grotesco para reír y pensar
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Un grotesco lleno de humor para reírse sin parar, un análisis crudo de la realidad para pensar. “El nuevo mundo”, la obra del dramaturgo Carlos Somigliana que dirige José Spagnuolo, vuelve mañana a los escenarios en El Club del Teatro, a las 21, en lo que será su última presentación del año.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEscrita en 1981, “El nuevo mundo” fue una de las piezas representativas del movimiento Teatro Abierto, un fenómeno cultural de resistencia a la dictadura militar. Con una mirada singularmente aguda, cruzada todo el tiempo por el humor y la sátira, la obra pone al descubierto muchas de las singularidades del poder y de una parte importante de la sociedad a partir de la hipotética llegada del Marqués de Sade a un país de Sudamérica.
Con las actuaciones de Horacio Rimoldi, Kiko Sbarsky, Diana Luchini, Alejandro Dussio, Eugenia Giannaccini y Eduardo Valor, la obra es una metáfora de la sociedad. Spagnuolo, director de la puesta, charló con El Eco de Tandil sobre la obra, su trasfondo y el trabajo detrás de escena para esta nueva función.
-¿Cómo fue el estreno de la obra?
-El estreno de la obra fue muy lindo porque el público respondió muy bien. Estuvimos con sala llena. El público se enganchó y festejó lo que sucedía sobre el escenario. ¿Viste cuando uno dice que el público está enganchado, disfrutando de la obra? ¿Qué responde? Eso es lo vivimos y fue muy lindo, maravilloso.
-¿Como lo vivió como director?
-Yo lo vi desde la platea. Uno siempre está mirando a las personas. Me puse detrás de la platea y fui viendo las reacciones de las personas. Los actores por supuesto lo vivieron también muy contentos, al principio con los nervios de un estreno pero luego se pudieron soltar. Lo pasaron muy lindo, y pudieron disfrutar de todo: de la obra, del abrazo final, del público. La verdad es que el día del estreno fue un día muy lindo.
-Y ahora se preparan para presentarse de nuevo.
-Sí, mañana, viernes 9. El estreno fue en el Teatro de la Confraternidad, y esta fecha es en El Club del Teatro. Es la última fecha del año.
-¿Modifica cambiar de teatro?
-Modifica algunas cosas de la puesta, porque no todos los teatros tienen la misma entrada. Hay varias cosas que son distintas, pero el espíritu de la obra siempre esta. Solo te puede cambiar alguna entrada, alguna salida, pero nada más.
-¿El hecho de tener una segunda función, ayuda a aceitar la obra?
-Claro. Después de un estreno, uno empieza a hilar un poco más fino y busca mejorar algunas cosas que quizá el público no se da cuenta pero uno sí. Siempre hay que corregir cosas, ninguna función es igual a la otra. Eso mismo también permite que los actores no se automaticen ¿no? Que cada función sea diferente siempre respetando el texto. Y que sea diferente en cuanto a que uno le va encontrando cosas y va enriqueciendo la obra. Después del estreno, hice una devolución con cada uno de los actores con marcaciones para mejorar el espectáculo. Así es como yo trabajo.
-¿Cómo definiría “El nuevo mundo”?
-En principio es una comedia con la que se van a divertir mucho pero, a su vez, tiene un trasfondo social, tiene un contenido. La persona que quiera analizar tiene material para hacerlo, para quedarse pensando. Y la persona que quiera ir y divertirse nada más también lo va a hacer.
-Se trata de una obra que formó parte de Teatro Abierto en 1981.
-Sí. Esta obra fue estrenada en el Teatro Abierto del año 81. Fue una movida importante donde participaron casi todos los actores, escritores y directores de la Argentina. Fue una acción en protesta al régimen de ese momento, a la dictadura militar. O sea que todas las obras que se estrenaron en ese ciclo tenían un contenido crítico social. En este caso, si bien está la figura del Marqués de Sade, cada uno de los personajes representa un sector de la sociedad.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, la mucama representaría lo que es el pueblo; la madame Roberta es la alta sociedad; su amante es el ministro de gobierno… ¡cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia! A su vez, aparece el marqués de Sade, que es esto lo que le da un toque del absurdo, porque es un marqués de la Francia de 1814 que aparece en su decadencia, con 80 años, en América. El marqués se encuentra con esta madame, que ha sido amante de él, y ahí empieza todo el juego. Esta madame tiene un amante que es el ministro de gobierno, o sea, la máxima autoridad. Ellos dos quedan encantadísimos con el marqués de Sade, es decir, con el sadismo. Es decir, son unos sádicos. También aparece el maltrato a la mucama, que es el pueblo. En la historia también entra un policía corrupto, pergeñador, embustero y mentiroso. Y como si fuera poco, aparece luego un cura ambicioso, trucho, que después resulta que no es cura pero usa los hábitos.
-Y en esas interacciones y esos personajes aparecen las metáforas.
Sí, porque en definitiva son los que forman una sociedad, y es lo que hace que la obra sea muy actual. Esto todo contado con mucha comicidad: el que quiere puede hacer una lectura del contenido y el que no va y se divierte igual.
-Buscar metáforas, velar la realidad con el absurdo y el humor fue una característica muy propia de aquella época para poder realizar una crítica social sobre lo que estaba sucediendo.
-Exactamente. Es así.
-¿Cómo se preparan para mañana?
-Muy bien, con mucha intensidad, todos poniendo en práctica las pautas que les he dado. Invitamos a todos mañana a las 21 en El Club del Teatro. Y queremos agradecer también a toda la gente que apoya el teatro. Hemos tenido siempre buena cantidad de público, y espero que esta no sea la excepción.
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