El obispo Manuel Salaberry nombró a Marcos Picaroni párroco del Santísimo
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La feligresía se volcó en la nochecita del domingo a la Iglesia Matriz, Parroquia Santísimo Sacramento, para ser parte de la misa en la que el obispo de la Diócesis de Azul pondría en funciones al nuevo párroco, Marcos Picaroni. En silencio y expectantes, todas las naves del templo fueron colmadas al aguardo del comienzo de la celebración de la que participaron diáconos, religiosos de otras parroquias, el obispo, Raúl Troncoso -muy emocionado- y Marcos Picaroni doblemente feliz, ya que ayer fue su cumpleaños número cincuenta.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAntes de la misa se dio lectura al nuevo nombramiento enunciando los deberes, obligaciones del nuevo responsable. Todo en un clima de regocijo y un poco de nostalgia por quienes trataron por más de veinte años al “cura del pueblo” -que no se aleja- pero que de ahora en adelante se dedicará más a tareas pastorales fuera del templo. Este, al hablar sobre Marcos, lo hizo con inmenso cariño sabedor de que continuará con todo lo que se ha venido haciendo social y pastoralmente, cuestión que fue confirmada por Picaroni a la hora de hablarle a los feligreses, para concluir repitiendo las palabras de Francisco: “Por favor, perdón y gracias”.
Miembros de la comunidad religiosa de la parroquia tuvieron elocuentes palabras para los dos religiosos: “Hacedor” se dijo de Troncoso, algo de lo que nadie duda. Y “paciencia, compromiso de fe, sencillez, amor por la música y un espíritu joven”, al referirse a Marcos.
La misa continuó como hasta llegar el momento donde Claudio Andiarena se acercó al púlpito para leer una carta que Francisco le enviara a su amigo Raúl con el motivo de su alejamiento: “Quiero por medio de estas líneas estar cercano a vos y junto a vos por tanto que hiciste allí. Solo Dios lo sabe, yo he visto tan solo una parte y es mucho. Ese día (refiriéndose a ayer domingo) celebraré la misa por vos y la comunidad parroquial. Por favor no te olvides de rezar y hacer rezar por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen te cuide. Fraternalmente, Francisco”.
Se señalaba que había sido el momento más emotivo de la misa y fue exactamente así porque un cerrado aplauso coronó las palabras del santo padre.
Luego el cura Fernando invitó a la feligresía a ser parte del agasajo para Marcos y a la celebración por su cumpleaños, y espontáneamente surgió dentro del auditorio la entonación de la tradicional canción del feliz cumpleaños, también cerrado con un enorme aplauso.
Y así, de a poco, entre encuentros y saludos los feligreses fueron dejando la Iglesia Matriz en una típica noche otoñal, pero con el corazón tibio, en alto, lleno de gozo.
A corazón abierto
El padre Marcos fue entrevistado en El Eco Multimedios en el marco del magazine “La Ciudad”. Habló de todo.
Sobre su infancia rememoró: “Mi papá estaba en el negocio automotor y era piloto e instructor de aviones y daba clases de vuelo a vela, que es un deporte con planeadores. Los fines de semana era pasar las tardes en el aeródromo. He ido a algunos vuelos con el avión de remolque, pero nada más. Mi mamá trabaja en Azul en el tema de la cultura, colaborando en varias ocasiones con la promoción cultural en la dirección de la municipalidad. Tengo una hermana menor que se dedica a la música y que ha venido en varias oportunidades a Tandil a actuar con el grupo Fulanas Trío”.
“La primaria la hice en la Escuela 2 “Domingo Faustino Sarmiento”, a tres cuadras de casa. Dicen que era buen alumno (risas) y la secundaria en la Escuela Técnica “Vicente Pereda”, de Azul. Terminé la primaria en pleno mundial de fútbol y la secundaria en 1984 en pleno proceso de regreso a la democracia. De la escuela tengo lindos recuerdos y amigos con los que nos seguimos reuniendo, ya hicimos la cena de los 30 años de egresados. Felizmente quedó un vínculo muy lindo”, señaló hablando de su época estudiantil.
“Cuando terminó de estudiar en el seminario de Azul (hizo cuatro años allí y cuatro en Mercedes) antes de la ceremonia de ordenación mis compañeros se reunieron con las familias en el mismo salón de la escuela con vistas a la futura ordenación del diaconado”, prosiguió.
Claro, era necesario saber cómo había descubierto su vocación religiosa: “Participaba en grupos juveniles, en Azul funcionaba la Acción Católica, mi abuelo había sido un militante activo en comisiones parroquiales fundando la Asociación Católica de Amigos del enfermo que ahora llamamos Pastoral de la Salud. Tenía un programa de radio dirigido al enfermo, asistencia espiritual y humanitaria. Mi abuela era catequista como mi mamá. Papá cuando la Acción Católica estaba fuerte integraba las comisiones diocesanas”.
Pero pudo haber sido un ingeniero: “Al final del secundario cuando estaba muy urgido por lo que debía estudiar llegué a preinscribirme en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. La música me gustaba pero no tenía estudios, estos vinieron después”.
“El sacerdocio no es para extraterrestres”
Y finalmente llegó la decisión: “Siempre es un proceso interior, una peregrinación interior como cualquier cosa importante que uno elige. No es de un día para otro, sino un camino que se va haciendo a tientas. En mi caso me hizo bien ver la vida plena, el apostolado fecundo, el haber conocido otros jóvenes un poquito más grandes que ya habían dado ese paso. Me ayudó para darme cuenta que el sacerdocio no es para extraterrestres. Si es un llamado de Dios, cualquiera lo puede recibir”.
“En 1992 fui ordenado diácono y en marzo me fui a Olavarría a la parroquia San Cayetano, un templo hermoso que se estaba terminando, allí compartí con un sacerdote chileno tres años. Era un barrio con casitas juntas y una población muy grande para ese solo barrio”.
Habló sobre los cambios en la Iglesia a partir de Francisco: “Como toda institución humana y también animada por la gracia de Dios, tiene que haber una tarea permanente de renovación. De hecho, el evento más importante del siglo XX, el Concilio Vaticano II, fue el impulsor de la renovación, un aggiornamiento, adaptando el mismo mensaje de siempre a los tiempos que corren y todo eso lleva a renovarse. Hoy uno va a cualquier casa de familia donde hay chicos en catequesis y tenés la palabra de Dios. Hace cincuenta años no había una Biblia en todas las casas. Antes la misa era en un idioma no vigente, en una lengua muerta y el Concilio trajo su renovación y que cada comunidad pudiera expresar su fe en su lengua materna”, acotó.
“Francisco insiste en transmitir el núcleo principal de la fe, un Dios que nos quiere, que nos hace familia, que quiere que tengan vida, una vida en abundancia”.
Acerca del celibato dio su postura: “Es un carisma que se lo vive desde antes del tiempo de Jesús. Había grupos religiosos que lo vivían así e incluso el mismo Jesús, todo su ministerio, lo vivió en el celibato. Lo que ocurrió es que en determinado momento el celibato se toma como carisma para la consagración sacerdotal en Occidente. En Oriente no, puede haber sacerdotes casados”.
“A mí el celibato no me quita el sueño. Es una forma de vivir la consagración a pleno. Tenemos una experiencia muy linda con el diaconado permanente. En la diócesis comenzamos en el ´99 con los dos primeros y tenemos siete en la ciudad. Es el orden sagrado a un padre de familia, el primer escalón. El diácono puede administrar sacramentos como el bautismo, casamiento, entre otros. Y a partir del Concilio se reinstala nuevamente y está resultando una experiencia muy positiva de colaboración e integración”.
“Fue todo un aprendizaje”
En marzo de 1996 ingresó en la Parroquia Santísimo Sacramento, hace veinte años: “Fue todo un aprendizaje porque uno sale del seminario con muchas ganas, con conocimientos religiosos, bíblicos, pero ya en el terreno ¿cómo aprendés a confesar? Confesando. ¿A dar la bendición? Bendiciendo.
Cuando uno es más chico es más inconsciente, pero yo estaba en Olavarría con un vecindario trabajando codo a codo, casas cercanas, la tarea catequística muy personalizada, la iglesia en la placita del medio y acá me encontré con un territorio enorme, centros de catequesis rural, muchas capillas que estaban comenzando a tener vida propia, todo lo que es el centro de una ciudad más grande con mucha movilidad, con ese mundo gigante que es la Universidad y fue también un aprendizaje de cómo vivir el ministerio de cura en otro ambiente, otra geografía, es muy atrayente, un lugar enorme. Un detalle muy lindo se ve en el tiempo de las comuniones, tenemos 25 fechas distintas y te conocés con gente de todos lados, los centros de campo como Fulton, Iraola, Gardey, El Solcito, Desvío Aguirre, con un equipo de catequistas muy fuerte y nosotros acompañamos la parte sacramental”.
Religiosidad fuerte
“Cuando llegué con el proyecto de esta parroquia se ponía el acento en la formación del laicado. Cuando tenés una religiosidad fuerte hacés cursos de bibliología, de misión, de liturgia para que la gente se capacite. Me encontré con un culto que se iba descentralizando, que en cada capilla se formaban comunidades barriales y eso da identidad a la zona donde vive. Eso te obliga a trabajar más porque hay que hacer una tarea de coordinación y el fin de semana uno algo atrasado para llegar a todos lados, sin contar bautismos, casamientos, tenemos un piso de diez celebraciones de la misa en cada capilla y en el centro”.
Sobre los casamientos que han ido mermado expresó: “Después de la crisis de 2002-2003 donde nadie se casó, se dejaron de casar en invierno porque no había plata. Son modas. En Buenos Aires a la gente no le gusta casarse en verano porque hace mucho calor. Acá de septiembre a marzo le llamo temporada alta”.
Y sobre las parejas que ya vienen con hijos a recibir el sacramento del matrimonio: “Tal vez después de haber criado a sus chicos o solucionado el tema de vivienda mucha gente llega, se acerca. Es lindo ver cuando el deseo de casarse por la Iglesia surge de un deseo auténtico. Porque a veces venir a casarte por la formalidad, el vestido, la foto…. Uno charlando con las parejas se da cuenta cuando el sacramento se vive como un encuentro de tres, de ellos dos y con la puerta abierta a Dios para que vaya fortaleciendo ese amor inicial que los ha unido. Y es lindo acompañar. Hemos comenzado con distintas iniciativas de acompañamiento, una vez al año para novios, sin fecha de casamiento, donde les podemos dar herramientas para el propio camino. Lo coordinan parejas más grandes. Tenemos retiro para matrimonios. Están los cursillos y también retiros para universitarios, de la pastoral juvenil, distintas maneras de que el joven descubra la presencia de Jesús en su vida y a cada uno le llega en su momento. De modo que tiene que haber distintas ofertas. Por ejemplo, para grupos de scouts con educación no formal muy eficiente, pero para los que no gustan del aire libre tenemos el movimiento de la palabra acción católica, infancia misionera. Siempre hay lugar para todos y la parroquia tiene que ser como una casa de familia con las puertas abiertas. Cuando alguien me pregunta qué puede hacer, le cuento lo que hay para que elija en libertad dónde insertarse”.
“El dolor los hace vulnerables”
“Hay situaciones en la vida en que todos somos más frágiles, una enfermedad, falta de trabajo, la pérdida de un ser querido y como decía Juan XXIII: ´La parroquia tiene que ser como la fuente de la aldea donde cada uno se acerca en el momento que lo necesita´. Hay personas que vienen por una ocasión puntual y después no la ves todas las semanas, pero las ayudaste y eso es lo importante”.
Sobre el padre Raúl: “Cuando llegué me llevó a recorrer los distintos emprendimientos que se hacían en la parroquia. Recuerdo que en ese año se inauguró el SUM de las Casas de La Esperanza y llegaron las hermanitas azules, asegurando la animación religiosa como vecinas. Y fue Raúl quien me habló de los sectores más frágiles: los extremos, los niños y ancianos. Como decía Francisco en Brasil: ´Hay que cuidar mucho los extremos´. Y comenzaron a surgir encuentros para cuestiones de fragilidad y crecimiento, se potenció la autoconstrucción de viviendas que ya varias han sido inauguradas. No por mérito de una sola persona sino que es mucha gente que se involucra y compromete su tiempo, su capacidad profesional, su compromiso con Dios y la Iglesia, y lo viven en el servicio a los demás”.
¿Cuáles son los sueños del padre Marcos?: “Van por muchos lados, en un momento dado hacíamos los cursos de capacitación para animadores de la música en Benito Juárez, no se pudo seguir, lo retomamos acá, ya van trece años que con el grupo Pueblo de Dios podemos dar un servicio, un curso a todo el país. Todos los años vienen a Tandil, los recibimos y prestamos el servicio. Pequeños anhelos, algunos se concretan, acá desde el ‘91 con la crisis grande de aquella época se comenzó a prestar servios a los universitarios, se comenzó como un pensionado y en la actualidad hay 30 estudiantes que hacen su carrera gracias a la Iglesia a un costo muy bajo”.
Sobre su nombramiento
“No es un cambio brusco porque conozco la comunidad. Cumplí 50 años, vino el obispo, estuvo con otros sacerdotes y los diáconos. No es la tarea de uno solo. Acá tratamos de cuidar que no haya cambios bruscos para que la gente no quede desorientada, sino que viva con alegría con Fernando y Raúl esta nueva etapa”.
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