El pediatra y los niños
En la edición del lunes El Eco de Tandil, con su entrevista central y exclusiva, anticipó los menesteres entre los que se debatiría la política tandilense por estas horas y, potencialmente, hasta las elecciones de 2011: un enfrentamiento ya frontal entre el kirchnerista Diego Bossio (con todo el peronismo atrás) y el intendente Miguel Lunghi (con todo el radicalismo a cuestas).
El joven K, paradójicamente paciente de Lunghi durante su infancia, irrumpió con una metáfora curiosa: ?Me parece que un pediatra para un Tandil niño está bien; pero para un Tandil adulto y que quiere crecer, es necesario otra medicina?, dijo en su desembarco a la ciudad.
Para darnos cuenta de lo que fue denostado como entuerto por el lunghismo, habría que adentrarse en varios datos que el radicalismo conoce, al dedillo, porque hacen incluso a la llegada de Lunghi a su candidatura y, sobre todo, al posterior posicionamiento de su gestión.
En el fichero del consultorio del Intendente hay miles de tandilenses que pasaron durante varias décadas como pacientes, y en similar proporción figuran anónimas madres que le confiaron la salud de sus hijos a quien desde 2003 ocupa la intendencia de manera ininterrumpida. ¿Qué madre que le confía algo tan preciado como la salud de su hijo a una persona no le encomendaría regir los destinos de la ciudad?
Y cierto es que hay una parte importante de la sociedad tandilense que, aunque se coincida o no con ello, siempre se ha entregado gentilmente a mandatos paternales, desde los primeros e históricos emprendedores privados hasta los más contemporáneos caudillos democráticos.
Tandil lo hace de manera consciente e inconsciente, aunque nadie lo reconozca frontalmente, como niño, adolescente y adulto.
Pero además, si se desmenuza sólo un poco el asunto, Lunghi ha logrado que esa relación pediatra-niño-sociedad se proyecte a su gestión en varias de las iniciativas que más ha valorado su base de sustento electoral, e incluso aquellos que no lo han acompañado en las urnas.
Al Hospital de Niños lo ha convertido en su nave insignia de una política de salud pública que se esgrime como superadora, sobre todo en cuanto a la prevención y atención desde la infancia, como así también se le ha celebrado que a cada espacio público ganado desde lo público se le instalen juegos para los más chicos.
Evidentemente, la ?otra medicina? que el jueves le acercaron a Lunghi a su despacho-consultorio tenía contraindicaciones: el costo político de adjudicar directamente a los ocupas del barrio Movediza mientras centenares de interesados, quizás con similares urgencias, esperan un sorteo público desde el Plan Federal de Viviendas para que la injusticia -al menos- sea amenizada por el azar del bolillero.
El Intendente-pediatra, en todo caso, notó el sarpullido social que generó la primera cesión ante los ocupantes del Smata y ahora les machacó, sólo puertas adentro del consultorio, que esa urticaria colectiva ahora deberá correr por cuenta de otros, pero no de su Gobierno.*
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